La vida es un juego que gana el que más disfruta

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 7 febrero, 2018
Raquel Aldana · 20 marzo, 2015

¿Quién dijo que la vida es un sueño? La vida es un juego, un juego de azar. De todas, formas no es necesario participar, la verdad es que puedes sentarte a observar cómo los demás se divierten o puedes hacerlo tú mismo. Tuya es la decisión.

“La vida es un juego fuerte y alucinante, la vida es lanzarse en paracaídas, es arriesgarse, caer y volver a levantarse, es alpinismo, es querer subir a lo alto de uno mismo y sentirse insatisfecho y angustiado cuando no se consigue”

-Paulo Coelho, “Once Minutos”-

En cualquier momento sonará la campana que finaliza el recreo y nos empezaremos a plantear que nos quedamos con ganas de hacer algo, de entregarnos a besos que nunca prometimos, de estar solos y no decir nada… Nos quedaremos con “ganas de hacer tanto” que al final solo podremos “recordar las ganas”. Y eso es un pecado.

La vida es un juego que hay que saber jugar

Ajedrez simbolizando que la vida es un juego

La vida es un juego, y lo cierto es que tú y yo tenemos nuestras cartas, consiste en querer jugarlas. Vamos a tener cartas buenas y cartas malas pero no importa la cantidad sino lo bien que consigamos jugarlas.

A medida que avanza el juego recibiremos más; podrán mejorar o empeorar nuestra jugada pero nunca dejarán de llegarnos más en cada baza. Esta metáfora de las cartas, propuesta por Voltaire, resulta un manjar para la esencia.

En este sentido no hay opción de rendirse, puede ser que te ahogue un poco vivir entre cartas, sobre todo cuando no acabas de pillar la dinámica del juego, pero las opciones están ante ti.

En verdad, no se trata de ganar o perder, se trata de jugar.

Hay personas con las cartas marcadas, personas tóxicas, personas que defraudan y engañan y que se aprovecharán de la buena voluntad del resto de jugadores de su mesa. También hay que decir que, en cierto modo, en la misma partida, no es lo mismo ser jorobado y tuerto que ser Sharon Stone.

Entiéndase de aquí que los guiños de la vida no nos favorecen a todos por igual en cada jugada; lo que sí es seguro es que tendremos nuestro momento de gloria, siempre y cuando mantengamos la atención en nuestra estrategia.

Aprendiendo a jugar bien nuestras cartas

Es imposible que nuestras cartas sean iguales así que no puedo decirte cómo debes jugarlas; no sé qué estrategia debes seguir pero es tarea tuya descubrirlo. Lo que te estoy queriendo decir es que lo único que tengo claro es que tenemos que poner todo nuestro corazón en vivir para poder pasarlo bien y no quedarnos con nuestras cartas en la mano.

De todas maneras hay infinitas formas de jugar y nunca podremos eludir el hecho de que tenemos que mantener el equilibrio de cinco bolas en el aire mientras jugamos la partida. Estas pelotas son el trabajo, la familia, la salud, los amigos y el espíritu.

Es fácil que pronto nos demos cuenta de que el trabajo es una bola de goma, si se cae, rebotará. Pero, sin embargo, los otros cuatro balones (familia, salud, amigos y espíritu) son de vidrio. Si en nuestro malabarismo no cogemos uno a tiempo, si lo dejamos caer, va a quedar dañado o roto para siempre. Nunca, nunca volverán a ser los mismos.

La vida es un juego para el que se necesitan estrategias

Niños demostrando que la vida es un juego

El expresidente de Coca Cola, Bryan Dyson nos propuso los pasos para desarrollar la técnica estrella que nos permite jugar nuestras cartas y, a la vez, mantener el equilibrio de nuestras bolas en el aire.  Sus palabras son maravillosas:

  • No disminuyan su propio valor comparándose con otros.
    Es porque somos todos diferentes que cada uno de nosotros es especial.
  • No fijen sus objetivos en razón de lo que otros consideran importante.
    Solo ustedes están en condiciones de elegir lo que es mejor para ustedes.
  • No den por supuestas las cosas más queridas por su corazón.
    Apéguense a ellas como a la vida misma; porque sin ellas la vida carece de sentido.
  • No dejen que la vida se les escurra entre los dedos por vivir en el pasado o para el futuro.
    Si viven un día a la vez, vivirán TODOS los días de su vida.
  • No abandonen cuando todavía son capaces de un esfuerzo más.
    Nada termina hasta el momento en que uno deja de intentar.
  • No teman admitir que no son perfectos. Ese es el frágil hilo que nos mantiene unidos.
  • No teman enfrentar riesgos. Es corriendo riesgos que aprendemos a ser valientes.
  • No excluyan de sus vidas al amor diciendo que no se lo puede encontrar.
    La mejor forma de recibir amor es darlo; la forma más rápida de quedarse sin amor es aferrarlo demasiado; y la mejor forma de mantener el amor el darle alas.
  • No corran tanto por la vida que lleguen a olvidar no solo donde han estado sino también a dónde van.
  • No olviden que la mayor necesidad emocional de una persona es la de sentirse apreciado.
  • No teman aprender. El conocimiento es liviano, es un tesoro que se lleva fácilmente.
  • No usen imprudentemente el tiempo o las palabras. No se pueden recuperar.
  • La vida no es una carrera, sino un viaje que debe ser disfrutado a cada paso.

El Ayer es historia, el Mañana es Misterio y el Hoy es un regalo: por eso se le llama… el Presente.

La vida es un juego colmado de poderosas enseñanzas, grandes palabras y principios por los que actuar día a día. Hay millones de cosas por disfrutar y sentir, millones de sonrisas que destapar y miles de millones de carcajadas que soltar. Agotemos nuestras ganas porque nunca es tarde, no dejemos que suene la campanada que finaliza nuestra partida sin antes haber jugado.