La violencia perversa - La Mente es Maravillosa

La violencia perversa

Gema Sánchez Cuevas 29, Julio 2013 en Psicología 10303 compartidos
Mujer con miedo sentada al lado del río

La violencia perversa, maltrato psicológico o acoso moral puede llegar a hacer pedazos a una persona, produciendo un asesinato psicológico en toda regla.

Las personas a lo largo de nuestras vidas vamos creando y manteniendo relaciones que nos resultan estimulantes ya que nos incitan a dar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, a veces podemos llegar a mantener otro tipo de relaciones que nos desgastan y nos hacen estar en una situación de tensión constante, pudiendo llegar a destrozarnos…

¿Cómo ocurre la violencia perversa?

El proceso de violencia perversa se caracteriza por ser complejo, ya que es enmascarado, íntimo y cerrado. Es una violencia “limpia” porque nadie ve nada, solo las víctimas identifican las huellas de las insinuaciones que lleva a cabo el agresor, quien prefiere esperar a que se destruyan indirectamente por el paso del tiempo.

La hostilidad esta presente de forma constante, tras la apariencia de pequeños toques diarios, o semanales. Durante meses. Durante años. A través de un tono frío que la víctima, reconoce sin equivocarse.

Siniestra imagen de una mano sosteniendo una jaula

Cuando la persona afectada responde a la provocación con una subida de tono, de haber gente alrededor, parecerá ella la agresiva. Es aquí cuando, oportunistamente, el agresor adoptará su posición de víctima. En la rebelión contra la imposición, la violencia perversa se desvela con actitud avasalladora, aun bajo el riesgo de ser odiada.

La relación entra en una fase de odio del agresor hacia su víctima porque esta reacciona intentando establecer unos límites, y, en mayor medida, su libertad. Cuando la víctima es capaz de expresar aquello que siente, el agresor lo que quiere es hacerla callar. Para conseguirlo, se mete en el papel de un caballero con armadura de sarcasmos y lanzas de golpes bajos y ofensas, todo para evitar lo que más teme: la comunicación.

En las relaciones donde se manifiesta la violencia perversa, cuanto más se expone la víctima, más la atacará y más sufrirá. Y si muestra sus debilidades, el perverso las explotará inmediatamente.

En la relación perversa no se trata de que el amor se convierta con el paso del tiempo en odio, sino de una envidia que se transforma en odio, o incluso como muchos autores expresan, un odio al amor.
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Se produce, en primer lugar, una falta de amor que se oculta tras el deseo, pero no de un deseo de la persona en sí misma sino de lo que tiene de más y el agresor quiere hacer suyo. En segundo lugar, emerge un odio oculto acompañado de la frustración cuando no obtiene de la víctima tanto como desea.

Para el perverso todo lo que no funciona es culpa de los demás, que se han unido contra él. Es capaz de recurrir al fenómeno de la proyección, a través del cual su odio es proporcional al odio que imagina en su víctima, añadiéndole una intencionalidad malvada y anticipándose a ella agrediendo él en primer lugar.

¿Cómo se ejerce la violencia perversa?

Los perversos o agresores intentan atraer a los demás hacia su propio nivel o registro para conducirlos luego a pervertir las reglas, siendo el mayor fracaso el no conseguir atraer a los demás a su registro de violencia. Por lo tanto, será la única manera de atajar la propagación de este proceso.

La violencia perversa es fría y verbal, construida a través de las denigraciones, insinuaciones hostiles, señales de condescendencia y ofensas. Las amenazas son siempre indirectas. Se trata de una agresión continua y perpetua, donde cada ofensa es un eco de las anteriores.
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Como dijimos al comienzo, es una violencia “limpia”, donde no se ve nada o casi nada, constituyendo algo así como un crimen perfecto. El agresor, en su fase de dominio, trata de inhibir el pensamiento de su víctima, provocando posteriormente sentimientos, actos y reacciones mediante mecanismos de exhortación.

Niña sufriendo por la violencia perversa

En este punto, la víctima se encuentra frente a alguien que lo paraliza todo, sintiéndose acorralada y en la obligación de actuar, y lo hará mediante violento arranque en busca de su libertad. La víctima, si reacciona, parecerá la creadora del conflicto, pero si no lo hace, contribuirá a su constante y propia destrucción.

Desligarse es un proceso complejo que la mayoría de las veces necesitará ayuda tanto de su entorno más cercano como profesional, pues la víctima, tras haberse instaurado y mantenido bajo la dictadura del miedo y la humillación, tendrá que reestructurar sus pensamientos y sus emociones.

Imagen cortesía de Olga Berna

Gema Sánchez Cuevas

Psicóloga, docente, editora y redactora.Mi pasión es la psicología, mi motor la curiosidad y mi arma la escritura. Todos tenemos recursos para el cambio, ¿comenzamos a buscarlos?

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