Las diferencias son nuestras mejores oportunidades

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 21 julio, 2016
Rafa Aragón · 21 julio, 2016

Cuando hablamos de personas y de educación es necesario entender las diferencias, saber que cada uno de nosotros somos seres únicos, tenemos diferentes ritmos de aprendizaje y distintas formas de adquirir conocimientos. Al igual, existe una gran diversidad en cuanto a cómo vemos la realidad.

Entender que somos diferentes y tenerlo en cuenta en el ámbito de la educación nos sirve para ser más humanos. Inmersos en la comprensión podemos observar la belleza de las diferencias, considerando que no existe una verdad, sino un amplio rango de perspectivas que nos hacen crecer como personas a cada uno de nosotros.

Si eres padre o madre, y si además tienes varios hijos, habrás podido comprobar de forma clara como cada niño tiene unas necesidades, tienen un temperamento que les hace reaccionar de forma diferente ante una misma situación o circunstancia. Es importante ofrecer las mismas posibilidades y oportunidades, aunque la educación debe adaptarse al niño en sí, como un ser individual y único.

“Una escuela centrada en el individuo tendría que ser rica en la evaluación de las capacidades y de las tendencias individuales. Intentaría asociar individuos, no sólo con áreas curriculares, sino también con formas particulares de impartir esas materias”

-Howard Gardner-

 

Educación centrada en la persona

La educación para que sea efectiva ha de ser centrada en la persona, como un individuo con sus características propias, con sus ritmos y motivaciones personales. ¿Todos tenemos distintas motivaciones verdad?, pues a la hora de aprender estas motivaciones son un factor a tener en cuenta, que es mejor no descuidar.

niña concentrada escribiendo

La educación que se basa en que todos aprendemos de igual forma, se queda obsoleta, ya que no atiende a las necesidades reales de las personas. Es una educación deshumanizada aquella que pretende establecer unos procesos rígidos que no se salgan de su estructura.

”El niño debe ser tratado como una persona única, digna de respeto, con el derecho a evaluar su experiencia a su manera, con amplios poderes de elección autónoma.”

-Carl Rogers-

 

La educación centrada en la persona, nos ayuda a entender las diferencias como algo valioso, y que facilita un proceso hacia el desarrollo personal. En este desarrollo está implicada la libertad para cuestionar las ideas que están arraigadas socialmente.

Las diferencias nos hacen ser únicos

Lejos de entender las diferencias de cada persona como algo que nos aleja de los demás, las diferencias individuales nos hacen únicos. Nuestra identidad se basa en estas diferencias que vamos desarrollando en el transcurso de nuestra vida y es en la adolescencia cuando comenzamos a darle estructura, haciendo la diferenciación con nuestros padres.

Desde las diferencias podemos aprender a entendernos y respetarnos. Además, las relaciones con personas diferentes a nosotros nos ayudan a conocernos mejor y nos aportan una gran riqueza condensada en experiencias distintas a las que estamos habituados.

Querernos y valorarnos tiene que ver con el hecho de aceptarnos, con nuestra identidad y nuestras diferencias. Cuando nos perdemos en la complacencia y confluimos hacia lo que quieren los demás, o nos adaptamos a cómo “debemos ser”; entonces amoldamos nuestra identidad perdiéndonos a nosotros mismos. Perdemos así la libertad de ser.

 Cuando perdemos el derecho a ser diferentes, perdemos el privilegio de ser libres.

 

Nuestra riqueza son nuestras diferencias

La educación es la base para entender este proceso de diferenciación. En el transcurso de nuestra infancia hasta la etapa adulta nos desarrollamos adquiriendo unas ideas, las cuales son necesarias de cuestionar de la misma forma que tenemos que pasar bajo la lupa los mensajes que recibimos continuamente de nuestro entorno. El cuestionamiento forma parte de nuestra capacidad de reflexión y elección.

mujer con mariposas

Buscamos las cosas que tenemos en común con los demás, sobre todo, para no sentirnos raros. Ya que esta idea nos hace tener la sensación de aislamiento y de que no logramos adaptarnos. Sin embargo, cuando te valoras, aceptas lo que te diferencia del resto y en vez de verlo como algo negativo aprendes a observar su belleza y verte como un ser único.

Las escuelas y los padres teniendo conciencia de esto, del valor de las diferencias, pueden ser capaces de entender la profundidad de cada persona y del desarrollo de su identidad. Como mejor pueden promover la riqueza de las diferencias es sobre todo comprendiéndolas, aprendiendo a verlas, aceptándolas y respetándolas.

“Podemos ignorar estas diferencias y suponer que todas nuestras mentes son iguales. O podemos tomar las diferencias entre ellas”

-Howard Gardner-