Las dos caras del conformismo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 22 agosto, 2017
Dolores Rizo · 18 diciembre, 2013

El conformismo aparece en muchos ámbitos de de la vida: en las relaciones personales, en el trabajo, en la pareja… Vamos a verlo en historias particulares.

Juan tenía un trabajo que no le gustaba nada, una esposa que evitaba ver y muy poca esperanza en su futuro. Juan pensaba que la vida en la que estaba asentado, aunque desagradable e infeliz, le protegía de los riesgos a los que podía aventurarse cambiándola.

Pedro había sufrido un accidente de coche hace dos meses, su columna había sufrido daños y los médicos le habían dado muy pocas esperanzas de volver a caminar. Al principio había puesto todo su empeño, pero viendo que la mejora no era constante se había desanimado. Había pasado dos meses muy malos, poco a poco se había ido refugiando en casa y perdiendo el contacto social.

Un día haciendo la compra entabló conversación con otro hombre en silla de ruedas. Rápidamente se hicieron amigos y empezaron a salir juntos, e incluso se apuntaron a una asociación que organizaba eventos especialmente diseñados para las personas que no podían caminar.

José estaba furioso porque le habían dado a otro el ascenso que llevaba esperando durante varios años. El cabreo le duró varios días y solo se le empezó a pasar cuando su mujer le cogió de las manos y le dijo: “Ese momento no va a volver, ni la decisión se va a cambiar y sin embargo si puedes cambiar lo que va a suceder hoy y mañana y pasado…”

De alguna manera todas estas historias hablan de conformismo, de lo que podemos cambiar y de lo que debemos asumir porque ya ha pasado.

Mujer mirando una puerta con conformismo

Las dos facetas del conformismo

El conformismo es una actitud ante la vida que, escogida desde la reflexión, puede generarnos mucha satisfacción. Nos permite aceptar y disfrutar de lo que ocurre en nuestro día a día e impide que vivamos en el costante lamento de aquello que no podemos cambiar.

Por otro lado, el conformismo también tiene el riesgo de ser una limitación en nuestras vidas, ya que podemos acomodarnos y resignarnos a aquello que podemos cambiar y con lo que no estamos a gusto.

“El conformismo es la forma moderna del pesimismo.”

-Antonio Escohotado-

¿Eres conformista? Con frecuencia solemos confundir el “cómo soy” de “cómo me comporto”. Es decir, que me conforme con frecuencia no quiere decir que lo sea, simplemente es una actitud que escojo con frecuencia, pero que no significa que sea conformista. Si bien, si es mi actitud más frecuente, es conveniente que observe cómo me siento cuando así actúo.

En ocasiones nos  sentiremos bien, ya que elegimos “conformarnos”, aceptando y disfrutando de la realidad. Es el momento de adaptarse y acomodarse al momento presente.

Pero en otras ocasiones esta actitud nos hace sufrir, al renunciar a nuestros propios intereses, al bloquearnos, limitarnos y paralizarnos en el camino que queríamos recorrer.

Yo decido

mujer que mira una esfera sin conformismo

Sería conveniente descubrir qué nos lleva al conformismo y descubrir si es miedo o comodidad; si es cobardía, evitación de conflictos o resignación. Solo descubriéndolo podremos superarlo. Son los sentimientos que encierra y las circunstancias que lo rodean lo que definen su naturaleza: una ayuda o un veneno. Una ayuda para José y un veneno para Juan.

Cuando superamos los miedos o la resignación, cuando admitimos la posibilidad de tener algo mejor de lo que tenemos, ya no habrá motivo para el conformismo dañino. Entonces, será el momento de reflexionar, y decidir si seguir adelante, “sin conformarse”, buscando más caminos, más opciones, más oportunidades, ya que nada nos limita.

Y solo cuando yo lo decida y me sienta bien por ello, “me conformaré”, porque me permitirá disfrutar y aceptar la realidad, adaptándome mejor a la vida en todas sus etapas.

Foto cortesía de Anton Zabielskyi