Las enfermedades mentales más desconocidas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 13 febrero, 2018
Yamila Papa · 26 abril, 2015

Por más de que pensemos que las enfermedades mentales son algo “nuevo”, que surgieron tras las investigaciones recientes o que antes no existían, se ha demostrado que ya desde épocas antiguas ciertas personas sufrían desequilibrios psicológicos. Entérate de cuales son algunos de ellos.

Por ejemplo, gracias a la literatura se ha podido saber cuáles eran las enfermedades mentales más recurrentes durante la Edad Media. Desde ese momento se hablaba ya del término “locura”, de la “depresión” y del “estrés posttraumático” (aunque se usaran otras palabras).

Si bien es cierto que la presencia de enfermedades mentales ha ido en aumento en los últimos años, tampoco debemos pensar que antes no había ningún trastorno psicológico en las personas. Solo que, a veces, no existía un nombre para llamarlo o un estudio detrás para tratarlo.

¿Cuáles son las enfermedades mentales desconocidas?

Careta que simboliza enfermedades mentales

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 10% de la población en el siglo XXI sufre algún tipo de trastorno mental. Muchas de estas enfermedades mentales están relacionadas con un contexto sociocultural, como por ejemplo los desequilibrios alimentarios o los de trastornos de la ansiedad.

El síndrome de Wendy

Hemos hablado en otras ocasiones ya de este Síndrome de Wendy y, como en el cuento, también está relacionado con Peter Pan. En este caso, la persona acarrea con toda la responsabilidad de estar al lado de alguien inmaduro.

Pero además, se manifiesta como una necesidad de complacer y agradar al otro, por causa del miedo al abandono o al rechazo. Se da mayormente en las mujeres con sus parejas o con los hijos.

Catoptrofobia

Es un síndrome que está definido como “miedo desmesurado a mirarse en el espejo”. Este temor es injustificado y anormal. Lo que no se sabe bien es si la fobia es solo al reflejo de una superficie o la imagen que se desprende de esta.

Evitan, por ejemplo, subir a un ascensor que tenga espejos o estar mucho tiempo en el baño. Factores de riesgo para este trastorno son una baja inteligencia emocional y una pobre autoestima.

Mujer mirándose en un espejo

Mal de Capgras

Quien padece este síndrome deja de reconocer a un ser querido cercano y cree que este ha sido reemplazado por un doble o un impostor. El problema radica en que la persona sufre una desconexión entre la memoria afectiva y el sistema de reconocimiento visual. Para entenderlo mejor, puedes ver la película inglesa The Broken (2008).

Síndrome del acento extranjero

Cuando alguien viaja por cualquier motivo a un país que no es el propio y al regresar se le ha “pegado” el acento de ese país o bien cuando entra en contacto con un extranjero puede considerarse normal. Sin embargo, este síndrome ocurre con aquellos que no han tenido contacto con ese dialecto. Se relaciona con una lesión cerebral importante, como por ejemplo un derrame.

Eufobia

Mujer tapándose la cara por miedo

¿Sabías que existe una fobia a recibir buenas noticias? Algo que te puede sonar algo extraño, ocurre. Las personas con eufobia viven con júbilo las malas noticias y tienen problemas para “digerir” las buenas nuevas.

La respuesta es irracional, claro está. No quiere decir que el paciente sea malo, sino que tiene miedo a sufrir cuando algo bueno le ocurre.

Permarexia

Los trastornos alimentarios son muy frecuentes en la actualidad y se habla bastante de ellos en los medios de comunicación, sobre todo de la bulimia y la anorexia. Pero hay otros desequilibrios relacionados a la comida, como es el caso de la permarexia. El individuo vive siguiendo una dieta tras otra.

Como una no le da resultado inmediato, pasa a la siguiente. Cuando se aburre de una opción, busca una nueva dieta y la intenta adoptar, rápidamente, de manera estricta. Además, suelen ponerse objetivos de bajada de peso muy difíciles e incompatibles con sentirse bien.

Al no conseguir sus objetivos, suelen hacer una atribución interna de la responsabilidad, atacándose por no mantener su fuerza de voluntad o no ser lo suficientemente inteligentes para seguir la dieta adecuada. Provoca frustración, depresión, descenso de la estima y, sobre todo, desequilibrios físicos por dejar de consumir ciertos nutrientes o pasar mucho tiempo solo bebiendo infusiones.