Las fases del estrés, de la alarma al agotamiento

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 9 mayo, 2018
Edith Sánchez · 9 mayo, 2018

Las fases del estrés son diferentes etapas o niveles en la evolución de este problema. Hay que decir que esta afectación es dinámica: muta, cambia. Muchas veces, de manera imperceptible comienza a progresar hacia estadios más graves, que pueden poner en peligro la vida, incluso.

No cabe duda de que el estrés es uno de los grandes males de nuestro tiempo. Lo difícil ahora es encontrar a alguien que no tenga cierto nivel de angustia o de ansiedad sostenido. El asunto es serio, ya que este problema puede llevar a graves consecuencias individuales y colectivas.

Vivimos en un mundo de gente estresada, principalmente en las grandes ciudades. Y el estrés se contagia. Así que no cuentan solo las preocupaciones individuales, sino que a ellas debemos sumar el malestar de quienes nos rodean. No es nada fácil manejar estas situaciones. Pero, para lograrlo, lo primero es saber identificar las fases del estrés y determinar si estamos en alguna de ellas.

Las amenazas a nuestra autoestima o la idea que nos hacemos de nosotros mismos, causan con frecuencia mucha más ansiedad que las amenazas a nuestra integridad física”.

-Sigmund Freud-

Alarma, la primera de las fases del estrés

En términos generales, el estrés tiene lugar cuando nos encontramos con una situación que implica alguna amenaza o riesgo. Frente a ello, la reacción normal de un ser humano es prepararse para el ataque o la huída.

mujer corriendo ante reloj sufriendo las fases del estrés

Esto va acompañado de una serie de manifestaciones fisiológicas, dentro de las que se destaca la liberación súbita de adrenalina y cortisol. Esta última es propiamente la hormona del estrés. A largo plazo, la producción frecuente de estas hormonas da lugar a serios problemas.

La resistencia

La segunda de las fases del estrés es la resistencia. Una vez se ha recibido un estímulo estresante, se activa un mecanismo biológico llamado “homeostasis”. Se trata de un mecanismo de autoprotección y autopreservación, por el cual el organismo busca recuperar el equilibrio.

Sin embargo, a veces el estímulo estresante permanece, bien sea de forma real o imaginaria. Por lo tanto, el organismo no puede volver a su estado de equilibrio y comienzan a aparecer los primeros síntomas del estrés propiamente dicho. Estos incluyen fatiga, dificultad para dormir, irritabilidad y malestar en general.

Fase de agotamiento

Si el problema continúa durante mucho tiempo, se entra en la tercera de las fases del estrés. En esta etapa ya estamos hablando de un problema más serio. Permanecen todos los síntomas anteriores, pero son más permanentes e intensos.

Lo más frecuente es que en esta fase aparezcan las enfermedades físicas propiamente dichas. Lo más habitual es que el sistema inmunológico se debilite notoriamente y esto lleve a que se contraiga una infección viral o bacteriana. También es usual que haya migrañas, dolores musculares en diferentes partes del cuerpo y un estancamiento emocional muy fuerte.

Mujer cansada

Combatiendo el estrés en cada una de las fases

Cada una de las fases del estrés demanda un manejo diferente. En la primera etapa lo importante es delimitar y controlar el efecto del estímulo percibido como amenazante. Una vez que la persona experimente ese temor súbito e intenso, debe hacer una pausa para tomar conciencia de la situación.

Es importante anotar que hay peligros reales y también peligros imaginarios. Los más difíciles de abordar son estos últimos. También son los que tienen mayor permanencia y causan efectos más nocivos. Por eso es importante hacer un alto y definir los límites de ese riesgo o peligro. Establecer cómo y hasta qué punto puede afectarnos. También respirar, tomar un vaso de agua y esperar un momento a que el organismo se estabilice.

chico solitario mirando la playa al amanecer pensando en las fases del estrés

En la segunda de las fases del estrés ya se ha instalado ese riesgo como estímulo más o menos fijo. Nuevamente lo importante es tomar conciencia. Si no es posible determinar a qué se teme exactamente, no importa. El propio estrés puede estar bloqueando esa capacidad de autoevaluación. Lo importante es tomar medidas. Las más esenciales son: hacer ejercicio y dedicarle más tiempo al descanso. Ambos factores ayudarán a superar el problema.

Si alguien está en la última de las fases del estrés, el asunto se torna más complejo. En esos casos, lo más aconsejable es acudir a una psicoterapia. Es probable que resulte imposible clarificar la mente y las emociones por uno mismo. Se requiere ayuda. No debemos esperar mucho tiempo para solicitar ese apoyo psicológico, ya que el estrés puede tener consecuencias tan importantes como negativas.