Las tres grandes contradicciones de la educación

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 5 marzo, 2018
Alejandro Sanfeliciano · 5 marzo, 2018

En palabras de Niels Bohr, “Lo opuesto de una pequeña verdad siempre es falso; en cambio los opuestos de grandes verdades se pueden ver también como verdaderos”. Esta frase nos ilustra como en multitud de ocasiones la sociedad mantiene una serie de “grandes verdades” que se contradicen entre ellas mismas. A este fenómeno se le denomina “antinomias”, las cuales son pares de verdades que, si bien parecen ambas ciertas, se contradicen. En este artículo vamos a hablar de 3 antinomias o contradicciones de la educación.

El análisis de estas contradicciones de la educación nos ayuda a entender en gran medida los principios que rigen el sistema y sus incoherencias. Nos permite ver el conflicto existente entre lo que creemos que es, lo que nos gustaría que fuese y lo que es; la disonancia entre estos tres estados se traduce en una serie de afirmaciones contradictorias para conciliar esas discrepancias.

Contradicciones de la educación

Las tres grandes contradicciones en la educación son: (a) La educación para el desarrollo Vs la educación para la cultura (b) El aprendizaje intrapsíquico Vs el aprendizaje situacional y (c) conocimiento local Vs conocimiento social. A continuación vamos a desarrollar cada una de estas antinomias detalladamente.

Niño aburrido en clase

La educación para el desarrollo y la educación para la cultura

La primera de las contradicciones de la educación gira en torno a los objetivos de la misma. Si preguntamos por los objetivos de la misma, nos encontraremos muchas respuestas que señalarán que es el desarrollo personal del individuo; es decir, alcanzar el máximo potencial del mismo, y con ello lograr un desarrollo global de la sociedad. Ahora bien, otro objetivo que cumple el sistema educativo es empapar/incorporar al individuo con la cultura vernácula; ya que la escuela no solo se basa en la instrucción, también enseña una forma de ser y comportarse.

Ahora bien, aunque en principio pueda parecer que el desarrollo personal y la transmisión de la cultura no son objetivos contradictorios, en realidad tienen aspectos irreconciliables. Y el problema radica en que cuando se reproduce una cultura no solo se transmite la misma, sino que también se trasmiten diferentes fines asociados, como los políticos o los económicos.

Por ejemplo, una sociedad capitalista e industrializada se basa en una fuerza de trabajo muy poderosa y en una poblada clase media. Así, lo normal es que el sistema educativo se enfoque en cualificar a trabajadores no especializados y semi-especializados. Transmitiendo la cultura se logra que la sociedad se mantenga estable, y una educación basada en el desarrollo personal volvería inestable a la cultura, ya que podría provocar el cambio social.

Esta contradicción existe debido a que en gran medida la población quiere desarrollarse y aumentar su potencial intelectual; en cambio, la cultura establecida no deja de ser una especie de golosina, ya que nos aporta seguridad y sensación de control. Tanto la cultura como el desarrollo nos aportan placer y satisfacción, la antinomia es un intento de tener las dos cosas. En cambio, perseguir ambas metas vuelve al sistema educativo ineficaz y con multitud de errores. Esto nos lleva a plantearnos cuál es el objetivo que realmente queremos para la educación.

El aprendizaje dirigido por el niño frente al aprendizaje situacional

Otra de las grandes contradicciones de la educación tiene que ver con cómo aprenden y se evalúa a los niños. Existe una fuerte tendencia dentro del sistema educativo a clasificar a los niños según su rendimiento (notas, menciones en clase, comparaciones…). Esto proyecta la idea de que es el niño con sus capacidades el que saca provecho a los recursos de la escuela. En cambio, en contraposición a esto también creemos que el aprendizaje es situacional; así, pensamos que será más fácil que el niño utilice los recursos escolares si el ambiente lo facilita.

Aquí la contradicción es más compleja. Es un error señalar como responsable del aprendizaje tanto al niño como al contexto. Obviamente ambos factores van a influir en la educación del mismo, pero responsabilizar a uno u otro de manera radical va a cambiar totalmente la política educativa.

Niños en clase

Si nos basamos en el aprendizaje de los niños, lo lógico es proporcionar los recursos atendiendo a las demandas que hagan. Estas demandas dependerán de su capacidad, pero también de su motivación. De alguna manera serán ellos los directores de su propio aprendizaje. En cambio, si atendemos al aprendizaje situacional, la perspectiva cambiará y será el contexto educativo el que dirigirá el aprendizaje.

Nuestro sistema educativo toma medidas desde los dos puntos de vista, lo que deriva como en la antinomia anterior en ineficiencia e incongruencias. Decantarse por una postura o por otra puede ser en gran medida peligroso, en parte por el contexto político y económico que rodea a la educación; de ahí nace esta contradicción. La investigación y el estudio científico deben ser lo que nos guíen a la hora de intentar encontrar un punto de equilibrio.

Conocimiento local vs conocimiento social

La última de las contradicciones de la educación es quizás también la menos explícita en el debate educativo. Esta antinomia gira en torno a cómo deben juzgarse las formas de pensar, las formas de dar/asumir significado y las formas de experimentar el mundo. Si tomamos un punto de vista constructivista, nos encontraríamos con el relativismo, ya que la realidad es construida por un intérprete.

Niño con gafas pensando

Por una parte, tenemos la “gran verdad” de que el conocimiento local es legítimo en su propio derecho. Y por otra parte, abogamos por una confluencia global acerca de la interpretación de la realidad. Estas dos afirmaciones claramente se tornan opuestas, si buscamos un conocimiento global, mantener el conocimiento local de pequeñas sociedades y grupos lo entorpecería.

Aquí aparece un debate complicado, ya que cada población o sociedad ha desarrollado su conocimiento local debido al contexto y tiempo en el que existe, y este le aporta seguridad y control. En cambio, un conocimiento global nos aporta un marco de acción universal que nos puede ser muy útil para progresar en cooperación; aunque también entraña serios peligros. Es esencial, igual que para el resto de antinomias, un análisis y estudio profundo que nos diga cuál es la mejor solución para esta contradicción.