El efecto mágico de la lectura en nuestro cerebro

Sonia Budner · 6 agosto, 2018

La lectura de novelas, textos de ficción y ensayos sirven de soporte para imaginar situaciones, escenarios y personajes. Al recorrer sus páginas, vamos creando imágenes mentales de caras, vestidos, paisajes, espacios y distancias. Y es ahí donde empieza el efecto mágico de la lectura en nuestro cerebro.

La lectura, como actividad, es una oportunidad perfecta para desconectar y relajar nuestro diálogo interno, frena los reproches, las acusaciones o los ciclos de pensamiento sobre esos problemas que no acertamos a resolver. Todo esto es capaz de activar muchas de las regiones cerebrales que activan nuestros sentidos.

Lenguaje en el hemisferio derecho

El neurólogo Guillermo García Ribas sostiene que hay dos aspectos que la lectura facilita: la decodificación del lenguaje y el pensamiento simbólico.

Alex Huth forma parte del equipo que ha cartografiado el sistema semántico del cerebro. De manera sorprendente, descubrió que el lenguaje no se limita al hemisferio izquierdo, como se creía hasta ahora. Parece ser que es la producción del lenguaje la propia de esta área. Sin embargo, gran parte de la comprensión del lenguaje parece producirse en el hemisferio derecho.

“Hay una conexión entre las áreas de interpretación de símbolos (palabras) con otras zonas, como la del movimiento, que hasta ahora desconocíamos”.

-G. Ribas-

Cerebro volando con un libro para representar el efecto de la lectura en el cerebro

La lectura en nuestro cerebro: Activando el GPS mental

El neurocientífico Aidan J. Horner sostiene que la representación de imágenes mentales incide en el sistema neuronal cortical y subcortical. Activa también una red de células grid, o neuronas rejilla, en la corteza entorrinal. Estas células grid son las encargadas de la localización espacial. Es decir, hacen entender al cerebro su posición en el espacio.

Se activan ante imágenes mentales creadas a partir de la lectura de la descripción de personajes en un entorno. También cuando nos imaginamos a nosotros mismos en un lugar, y lo hacen de la misma manera que lo harían ante estímulos visuales o auditivos.

Estas neuronas rejilla muestran una fuerte regulación de ondas theta. Son impulsos eléctricos de larga amplitud, característica relacionada con la reorganización de la estructura cerebral. Son también ondas de baja frecuencia y algunos piensan que facilitan el acceso a contenidos inconscientes.

Las ondas theta son propias de las fases 1 y 2 del sueño en los adultos. En cambio, los niños pasan su tiempo de vigilia en estado de ondas theta durante sus primeros años de vida. Cuando esto se da durante la vigilia en adultos, se produce algo similar al estado de consciencia conseguido tras el entrenamiento en meditación o en la hipnosis.

Es decir, uno de los efectos de la lectura en nuestro cerebro sería el de facilitar el estado de consciencia que da acceso al contenido del inconsciente. Al mismo tiempo, se produciría una reorganización de las estructuras cerebrales y las redes neuronales.

Espejos donde mirarse

Robert Harris en la Universidad de Emory, realizó pruebas de resonancia magnética a un grupo de personas durante los días que les llevó leer una novela. El estudio lanzó resultados asombrosos.

Los movimientos que los personajes de la novela realizaban activaban diferentes áreas cerebrales en los lectores. Las áreas activadas eran las mismas que se hubiesen activado si ellos estuvieran realizando los movimientos. Además se comprobó un refuerzo importante en las conexiones neuronales del surco central. Este órgano está vinculado a las sensaciones del cuerpo y a la empatía.

Mujer leyendo un libro

Dejando huella en el cerebro

Los experimentos de Robert Harris dieron resultados colaterales. Descubrieron una huella neuronal que dejaba la lectura de una novela días después de haberla terminado. Se realizaron resonancias también a los mismos participantes días después de finalizada la lectura. Se comprobó que la conectividad aumentada durante el periodo de lectura se mantenía varios días después, aunque ya no se estuviera leyendo.

A esto lo llamaron “sombra de actividad”. Su huella se mantiene durante al menos cinco días después de terminar novela. Incluso parece que esta huella podría mantenerse más tiempo si el libro nos gustó mucho.

Esta “sombra de actividad” que produce la lectura en nuestro cerebro podría explicar la magia de los libros. La misma magia que permite que personajes e historias sigan con nosotros incluso después de haber alcanzado el final de la historia.