Leopoldo Lugones, biografía de luces y sombras

Edith Sánchez · 10 septiembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 10 septiembre, 2019
Leopoldo Lugones es una figura rodeada de luces y sombras. De la vida elitista a la muerte más trágica, rodeado de arte y obras inolvidables, pero también de controversia, de polémica y de convicciones políticas que hoy pondríamos en duda.

Leopoldo Lugones fue un maestro de las letras, pero también un hombre errático y visiblemente contradictorio. Como escritor, se le recuerda en la galería de los más grandes de la historia argentina; como político, aún hay muchos que lo deploran; y como hombre, fue uno de esos subversivos románticos que se suicidan por amor.

Quizás, era simplemente un poeta que estaba hecho de pasión. Por ello, lo que primaba en él era el impulso, un corazón indómito para el que la razón construía soportes que, finalmente, se derrumbaban. Los más allegados a él siempre lo describieron como un hombre bondadoso y obsesionado con la honestidad. De esta manera, resulta difícil ver en él, de manera simultánea, al poeta talentoso y al fascista radical.

“No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido”.

-Leopoldo Lugones-

En realidad, la contradicción era la forma natural de ser de Leopoldo Lugones. Era poeta y al mismo tiempo burócrata. Era un católico convencido e, igualmente, un apasionado del ocultismo. Creyente y ateo, vanguardista como poeta y arraigado a la tradición como ensayista. Un hombre apegado a las costumbres que escandalizó por su comportamiento sentimental.

Libro con poesías

Primeros años

Leopoldo Lugones nació el 13 de junio de 1874 en una pequeña población llamada Villa de María del Río Seco (Córdoba, Argentina). Provenía de una familia de élite y recibió una estricta educación católica.  Tuvo cuatro hermanos y una infancia muy apegada a las costumbres de la época. Era un niño obediente y responsable, del que nadie tuvo queja.

A finales de siglo, ya mostraba sus dotes literarias; de esa época, datan sus primeros escritos, tanto en literatura como en periodismo. Su talento era innegable. Se casó muy joven, a los 22 años, con Juana Agudelo; tras contraer matrimonio, se trasladaron a Buenos Aires. Un año más tarde, nació su único hijo, Leopoldo “Polo” Lugones. Para entonces, el autor ya era considerado un socialista convencido.

Viajó a Francia y se impregnó del simbolismo, corriente muy en boga en la época. Sus poemas se tornaron modernistas y fue visto como un escritor de vanguardia. También comenzó a estudiar temas ocultistas y se involucró en la “teosofía”.

Políticamente experimentó una metamorfosis que lo llevó del socialismo al nacionalismo, más tarde, al radicalismo y finalmente al fascismo.

Una pasión que explotó

Los cambios ideológicos fueron una constante en su vida, un vaivén que le llevó a adquirir enemigos en cada rincón. Estas enemistades influyeron de forma peyorativa en la valoración de su obra; y es que, en ocasiones, es difícil separar a la persona del artista y los juicios terminan por nublar la obra.

Todo ello llegó al punto más álgido cuando, en 1930, apoyó decididamente el golpe militar de José Félix Uriburu en Argentina. De cualquier modo, hasta sus críticos más acérrimos reconocen que lo hizo por convicción y sin ningún interés.

Desde 1915, ostentaba el cargo de director de la Biblioteca de los maestros y lo mantuvo hasta el día de su muerte. Precisamente, fue a ese despacho a donde un día llegó una jovencita de no más de 25 años, llamada Emilia Santiago Cadelago. Leopoldo Lugones tenía 52 años en ese momento. La joven llegó buscando una de sus obras, que estaba agotada, y lo que encontró fue un amor que partió la vida del poeta en dos.

Lugones se jactaba de ser el marido más fiel de Argentina, y quizás lo fue hasta que Emilia llegó a su vida. A partir de ese momento, una serie de encuentros clandestinos, apasionados y extremadamente intensos se adueñaron de la vida amorosa del autor. También una correspondencia obsesiva, en la que algunas cartas del poeta iban embadurnadas en sangre y semen… La suerte estaba echada.

Rosa sobre un libro

Leopoldo Lugones, un final trágico e irónico

El único hijo de Leopoldo Lugones, “Polo”, había sido comisario durante la dictadura de Uriburu. A él se le debe la introducción de “la picana” como método de tortura.

Fue precisamente Polo quien descubrió el romance furtivo de su padre y fue a hablar primero con la familia de la chica. Tras ello, habló claro con su padre: si no dejaba a Emilia, él iba a declararlo loco y a encerrarlo en un manicomio.

El padre sabía que su hijo hablaba en serio. La familia de Emilia se trasladó a Uruguay con el fin de comenzar de cero. Entonces, Leopoldo Lugones sucumbió en una fuerte depresión que lo acompañaría durante seis largos año.

Tal fue su dolor que un día llegó a una posada llamada “El tropezón”, allí, se encerró y tomó whisky con cianuro. Lo encontraron cuando apenas le quedaba el último aliento y, junto a su cuerpo, dejó una nota pidiendo que no le hicieran ningún homenaje.

El amor frustrado y el hijo sádico seguramente fueron los principales detonantes de su suicidio. “Polo” también se suicidó en 1971, había dejado dos hijas: Piri y Babu. Piri se unió al grupo subversivo de Los Montoneros en los años 70. Paradójicamente, fue torturada gracias al invento de su padre y, posteriormente, desapareció dejando a tres hijos. Uno de ellos, Alejandro, también se suicidó años más tarde, cerca de donde lo había hecho su bisabuelo.

El poeta atormentado, la vida trágica y su inigualable controversia han convertido a Leopoldo Lugones en un autor inmortal. Un autor del que nos quedan sus textos, su legado y, sin duda, todo un halo de arte y misterio en torno a su figura.

Pérsico, A. R. (2006). El lugar (del) secreto: Leopoldo Lugones y las figuras de escritor. Cuadernos LIRICO. Revista de la red interuniversitaria de estudios sobre las literaturas rioplatenses contemporáneas en Francia, (1), 39-58.