Lo que se esconde detrás de un niño desanimado

Detrás de un niño desanimado que se niega a realizar sus tareas no siempre hay una mala conducta. En ocasiones, se esconde una realidad emocional descuidada, esa cuyo origen puede estar en la ansiedad, en el bullying o en necesidades educativas no detectadas.
Lo que se esconde detrás de un niño desanimado
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 03 mayo, 2019

El niño desanimado que no hace sus tareas, que responde con apatía o desinterés ante nuestras demandas, no siempre es bien entendido. A pesar de que sea más fácil recurrir al reproche ante su conducta, debemos tener en cuenta un aspecto sencillo. Detrás del desánimo pueden existir realidades descuidadas, emociones adversas y problemas subyacentes que es necesario detectar.

Admitámoslo, de un modo u otro, muchos niños y adolescentes desanimados terminan convirtiéndose también en adultos desanimados. Si nos acostumbramos de manera temprana a vivir con esa frustración constante y nuestro entorno se limita además a respondernos con críticas y amenazas, terminamos por cronificar esa sensación de fracaso. La autoestima queda minada de manera temprana y casi irremediable.

El desánimo es solo una máscara, una actitud ante el mundo que esconde algo más. Es el relieve de una anatomía interna que es necesario vislumbrar cuanto antes. Porque no hay nada más peligroso y desolador que el desaliento, que esa falta de motivación capaz de relegar al niño al rincón del desinterés, del enfado constante y de ese comportamiento que casi siempre es objeto de sanción y no de comprensión.

“Si mal no recuerdo, la infancia consistía en tener ganas de aquello que no se podía conseguir”.

-Audur Ava Ólafsdóttir-

niño desanimado al piano

El niño desanimado ¿qué explica esta actitud?

Si hay algo que a todos nos agrada es ver a un niño curioso, que se relaciona con su entorno, que pregunta, que juega, que no para de moverse, de tocar y experimentar. La infancia es movimiento y energía, es ganas de comprender y de posicionarse en una realidad donde sentir en cada momento aceptación y afecto. 

Quizá, por ello, nos llame tanto la atención ver a un niño desanimado que, tumbado sobre su pupitre o sobre la cama en su habitación, opta no solo por la quietud, sino por esa negativa desafiante a realizar cualquier tarea. Ante estas situaciones tan recurrentes, debemos entender un primer aspecto. Tal y como nos explican en un artículo publicado en el Journal of Educational Psychology, por Adele Gottfried, la motivación viene impulsada por la emoción.

Si un niño, un adolescente o cualquier adulto evidencia desánimo, lo más probable es que exista toda una compleja realidad emocional subyacente debajo de esa situación. Por tanto, si nos limitamos a sancionar a ese niño por su actitud, lo que estaremos haciendo con ello es retroalimentar aún más el malestar.

niña rubia desanimada

¿Qué puede haber detrás del desánimo infantil?

Detrás del desánimo infantil pueden existir infinidad de realidades. Asimismo, debemos tomar conciencia de algo importante. Los niños no siempre tienen recursos para explicar con exactitud aquello que les sucede; debemos por tanto ser cercanos y facilitar una adecuada apertura. Veamos no obstante qué puede haber detrás de un niño desanimado.

  • Problemas de aprendizaje y frustración. No podemos olvidar que en las aulas tenemos en ocasiones un gran número de niños con necesidades educativas especiales no detectadas. Así, problemas como la falta de atención, la superdotación intelectual o la dislexia suelen generar a menudo desánimo en los niños.
  • Tampoco podemos descartar el bullying. Hay familias que no son conscientes de ese día a día traumático de muchos niños en las escuelas. No descartemos por tanto esta posibilidad.
  • La frustración constante es otro hecho común. Hay niños y adolescentes que pasan del ‘no puedo hacerlo al no quiero hacerlo’ en cuestión de poco tiempo. Enseñarles de manera temprana a tolerar y manejar la frustración, la ansiedad y la sensación de fracaso, les permitirá ir madurando en este aspecto.
  • Tampoco podemos olvidar un detalle importante. Muchos niños se sienten estresados. Y no solo eso, reclaman la atención de los padres. Ofrecerles tiempo para jugar, para compartir instantes en familia donde sentirse atendidos, escuchados y validados, les inyectará una dosis adecuada de emociones positivas ideales para recuperar la motivación.

¿Cómo tratar el desánimo infantil y juvenil?

El niño desanimado no necesita reproches ni sanciones más por su conducta. Necesita nuestra atención. Intentemos, por un momento, ponernos en su lugar y recordar qué se siente cuando el desánimo y la apatía nos abraza. No es una sensación agradable y, si bien es cierto que como adultos, la experiencia nos recuerda qué podemos hacer ante esas situaciones, los niños no tienen ni recursos ni nuestra experiencia para saber cómo reaccionar.

Por tanto, es necesario que tengamos en cuenta las siguientes estrategias:

  • Ser empáticos. La cercanía que acoge sin juzgar es el mejor mecanismo para que el niño pueda hablarnos de sus emociones, de lo que siente y le ocurre.
  • Diálogo positivo. Hacer uso de una comunicación emocionalmente positiva facilitará también una conexión con el pequeño. Debemos intentar centrarnos también en favorecer su motivación, en recordarle las cosas buenas de su persona, en su potencial y posibilidades. Hay que crear un refugio emocionalmente seguro para que el niño se sienta cómodo para comunicar y ver nuevas perspectivas a sus problemas.
  • Reiniciar. A veces, para recuperar la motivación perdida es necesario empezar de cero. Algo tan simple como cambiar rutinas y ofrecerle nuevos estímulos, retos y propuestas, puede hacer que el niño deje a un lado la frustración o la negatividad al encontrar nuevos intereses. Dar con algo que les guste (un deporte, música, cualquier afición…) puede actuar de revulsivo y también, como una nueva estrategia para conectar con los niños a través de alguna actividad.
niño desanimado con guitarra

Para concluir, el niño desanimado no necesita reproches, demanda atención. No dejemos para mañana esa mirada apagada, esa conducta inadecuada, esa palabra fuera de lugar o ese ‘no puedo’. La motivación da impulso a la vida, así no nos podemos permitir que los niños pierdan un ápice de la fuerza que genera este motor en sus vidas.


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