La motivación en la educación

Alejandro Sanfeliciano · 8 mayo, 2018

La motivación en la educación es uno de los aspectos esenciales que se deben tener en cuenta. Un sistema educativo que ayude a los alumnos a afrontar las tareas y a cumplir sus retos es necesario para lograr un aprendizaje de calidad. Para ello, hay que hacer un análisis exhaustivo sobre estos aspectos motivacionales.

La existencia de una alta variabilidad interpersonal es la primera cuestión que hay que tener presente cuando hablamos de la motivación en la educación. Esto quiere decir que cada alumno tiene tanto unos motivos como un proceso motivacional distinto. Por esta razón, no existe una estrategia mágica que motive a todos los alumnos por igual, pero un estudio de los factores de variabilidad nos puede ayudar a la hora de atajar este problema.

En el presente artículo explicamos tres aspectos a tener en cuenta a la hora de estudiar a motivación en la educación. Estos son: el interés, la autoeficacia y la orientación de las metas. Profundicemos. 

Motivación en la educación basada en el interés

El interés del alumno por el contenido del tema de estudio es un aspecto esencial. En muchas ocasiones esta variable ha sido subestimada, dando por hecho que lo realmente importante es el esfuerzo que hacen los alumnos por aprender junto a su nivel de resiliencia. Pero es un grave error, ya que si un contenido es aburrido y pesado, el esfuerzo que realice el estudiante va a ser en gran medida improductivo. Además, cuando la materia es interesante, el esfuerzo se categoriza como algo positivo y satisfactorio para el individuo.

Alumno motivado

Por otro lado, para entender en profundidad la variable “interés” desde la motivación en la educación, es importante considerarla desde dos puntos de vista. Así, el interés puede ser tratado a nivel individual, focalizándose en los intereses particulares de cada individuo o bien, de manera situacional, centrándose en lo interesante que es el modo de instruir el contenido.

Al hablar del interés individual, las conclusiones son obvias en gran medida. Cuando una asignatura o un tema de una asignatura atrae a un estudiante, el rendimiento aumenta en gran medida. Esto se debe a que el interés promueve conductas de exploración y razonamientos constructivos alrededor de ese tema de interés.

Ahora bien, si hablamos sobre el interés situacional todo es más confuso. ¿Cómo logramos hacer una materia más interesante? John Dewey afirmaba que las materias no se hacían interesantes decorándolas o aderezándolas con detalles irrelevantes. Para que una materia sea interesante, hay que realizar una instrucción que permita a los alumnos entender su complejidad, ya que el simple hecho de comprender algo es atractivo para cualquier ser humano. El problema nace cuando la instrucción no es adecuada y el alumno no comprende la materia. De esta forma, los datos que aprende carecen de significado y de interés alguno.

Motivación basada en la autoeficacia

La autoeficacia es otro de los aspectos centrales a la hora de estudiar la motivación en la educación. Esta se entiende como una expectativa o juicio personal sobre la propia capacidad para realizar una tarea. Es decir, la creencia acerca de si se es competente o no. Así, es importante no confundir los conceptos autoeficacia y autoconcepto; el primero es un juicio específico acerca de una tarea concreta y el segundo es una idea genérica sobre las características y capacidades propias.

Una alta autoeficacia ayuda al estudiante a aumentar su motivación hacia el estudio y hacia el aprendizaje. Esto ocurre porque ser buenos en algo provoca una sensación altamente gratificante. En cambio, una baja autoeficacia puede ser muy negativa a nivel motivacional, ya que el cerebro actúa como mecanismo de defensa para mantener nuestra autoestima. De esta forma, aquellas tareas en las que no se es demasiado bueno o no se tiene destreza pierden interés para el individuo.

Uno de los mayores errores de nuestro sistema educativo es la gran importancia que se le da al error, junto al hábito de premiar el éxito a través de los demás. En cuanto al primer aspecto, hay que tener en cuenta que al centrarnos en penalizar los suspensos y los errores, se da importancia al castigo y esto puede desencadenar a la larga un descenso grave de su autoeficacia. Por otro lado, cuando se recompensa el éxito en referencia a los demás (“José ha sacado las mejores notas de la clase, podríais aprender de él”), lo que ocurre es que se está colocando a muchos alumnos por debajo, cuya autoeficacia puede verse dañada.

Así, la mejor manera de gestionar la autoeficacia es realizar una instrucción basada en potenciar los puntos fuertes de los alumnos y reforzar los débiles. Además, se debe promover una evaluación del éxito basada en la superación personal.

Motivación basada en la orientación de metas

La orientación de las metas es la dirección que toma la motivación del alumno. Es decir, las razones o los motivos por los que el estudiante desarrolla la conducta de aprendizaje. Sobre este aspecto hay que tener en cuenta que, dependiendo de esas razones, el proceso motivacional va a cambiar. En el contexto educativo nos podemos encontrar con 3 metas distintas:

  • Rendimiento-aproximación: en esta categoría destacan los alumnos que buscar sacar las mejores notas de la clase.
  • Rendimiento-evitación: se corresponde con los alumnos que buscan no ser los peores o evitar el suspenso.
  • Competencia: se refiere a los alumnos que buscan comprender la materia en profundidad, para lograr una competencia en la misma.

Profesora con alumnos

En este ámbito, ocurre otro de los grandes problemas del sistema educativo. Los alumnos con metas de rendimiento-aproximación suelen sacar mejores notas que los demás; debido a que su motivación les impulsa a cumplir su objetivo. En cambio, tener metas de competencia, no correlaciona con unas mejores notas, pero sí con una comprensión profunda del tema.

¿Cómo es posible que aquellos que se preocupan por entender la materia no siempre saquen mejores notas? la respuesta radica en que para sacar mejores notas, según este sistema de evaluación, es más fácil acudir a un aprendizaje memorístico que a una comprensión profunda. Y este principio lo aprenden rápido aquellos estudiantes que tienen metas de aproximación. En cambio, los que buscan la competencia necesitan realizar un esfuerzo añadido.

Como vemos, la motivación es un aspecto fundamental a tener en cuenta si queremos proporcionar una educación de calidad. Ahora bien, no solo basta con conocer el tema, sino sobre todo, con una adecuada aplicación de las estrategias y los conocimientos adecuados. Porque motivar no solo es despertar la inspiración y el interés en los alumnos, sino transmitirles que son válidos y capaces para la consecución de sus metas y para comprender en profundidad el contenido de las diferentes materias.