¡Lo tengo en la punta de la lengua!

Paula Aroca · 2 febrero, 2014

¡Qué frustrante es! Sabemos que lo sabemos, que está allí, archivado en algún lugar de nuestra memoria, pero… ¿por qué no podemos acceder al nombre de ese actor, o de ese lugar que conocemos bien, pero que se nos escapa caprichosamente cuando queremos evocarlo?

El nombre de este común y curioso fenómeno expresa perfectamente esa sensación de estar tan cerca de pronunciar cierta palabra, que pareciera divertirse a nuestra costa escapándose de nuestro alcance. ¿Quieres saber cómo y por qué ocurre? Veamos…

Fenómeno peculiar


El fenómeno de tener una palabra en la punta de la lengua (o PDL, como se conoce en el medio científico) ha revelado interesantes hallazgos en el laboratorio. Así, durante ese estado de intensa sensación de conocer la palabra, a la cual no se accede, recordamos cierta información sobre el término buscado.

En muchas ocasiones incluso se recuerdan detalles como el número de sílabas, la letra inicial y final, y la ubicación del acento principal. Además, intentamos buscar sinónimos o palabras alternativas como una estrategia para inferir y pronunciar la palabra. Todo esto demuestra que el proceso de la recuperación de las palabras no es de todo o nada, sino que las representaciones fonológicas y semánticas de las palabras son independientes y se apoyan mutuamente.

Otra peculiaridad del fenómeno PDL es que ocurre en mayor medida con nombres propios, seguidos por nombres comunes, y en último lugar están los verbos y los adjetivos. Los estudiosos del cerebro y la conducta también han determinado que este fenómeno es común y frecuente, aumentando su incidencia con la edad. Sin embargo, cuando las exigencias ambientales son elevadas, como durante los períodos de exámenes para los estudiantes, la frecuencia del PDL también es alta.

No está en la punta de la lengua, sino en las redes


El cerebro, ese poderoso centro donde se procesa y almacena toda la información y los datos de los que disponemos, está formado por millones de neuronas. Ahora bien, lo que determina cuán eficientemente funciona nuestro “disco duro” son las conexiones entre las neuronas o redes neuronales. Así, mientras más fuertes sean dichas redes o conexiones, mejor será nuestra capacidad de recordar, recuperar información, hacer inferencias y sacar conclusiones basadas en los datos almacenados y en los estímulos ambientales.

Dichas redes se fortalecen mediante el uso, por lo cual las palabras usadas con mayor frecuencia están conectadas más estrechamente con mayor cantidad de ramas en las redes. Entonces, cuando se activa una rama o se produce una conexión, ésta se propagará en todas direcciones, incrementándose todas las representaciones que se parecen fonológica, visual y semánticamente a la palabra buscada. La conclusión práctica es que mientras más usemos las palabras, mayor será la probabilidad de recuperarlas y de evitar el fenómeno de tenerlas en la punta de la lengua.

La clave para evitar esa frustrante sensación de tener una palabra en la punta de la lengua está en las redes neuronales. Hay que fortalecerlas manteniendo la mente activa, aprendiendo continuamente, interactuando socialmente y poniéndonos retos intelectuales. Si hacemos así, las redes fungirán de manera análoga a una malla elástica en la cual las palabras se proyectarán hacia afuera de nuestros labios con fluidez. Pero si no ejercitamos nuestro cerebro, dichas redes serán más bien como las redes de pesca, donde las palabras quedarán atrapadas en la punta de la lengua…

Imagen cortesía de Ryan Jorgensen – Jorgo