Palabras poderosas

25 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Bernardo Peña Herrera
Las palabras son como balas, reza el dicho. Por eso es importante tomar consciencia de nuestras palabras más poderosas y cómo emplearlas en la comunicación.

El poder de la palabra, las palabras poderosas, se conocen desde tiempo inmemoriales, cuando se empleaban, ya sea para motivar a un ejército, para convencer al Senado o para persuadir a las multitudes. Hoy día, aún se reconoce que las palabras que usamos tienen importantes consecuencias, porque se conoce bien la estrecha relación que existe entre el pensamiento, la palabra y la acción.

Palabras poderosas vs abuso verbal

Hombre diciendo palabras fuertes a su pareja

Aunque las palabras no dejan marcas físicas, si las empleamos de cierta forma, son capaces de producir serios daños emocionales. Son tan potentes, que la psicología considera al abuso verbal tan perjudicial como cualquier otra forma de maltrato, tales como el físico o el sexual.

Por eso, antes de emplear las palabras, cuando todavía se encuentran en forma de pensamiento, estamos a tiempo de evitar que salgan de nosotros transformados en dardos venenosos. En este sentido, un proverbio árabe dice que si tus palabras no van a mejorar el silencio, mejor será no pronunciarlas.

En ese momento crítico es recomendable respirar profundo y pensar conveniente lo que se va a decir. ¿Cuántos errores se evitarían simplemente contando hasta 10? 

Hablar de forma razonable

No se trata solamente de saber hablar, sino de saber cómo hacerlo con inteligencia emocional. Hay personas que, en cada frase que dicen, incluyen una o más ‘malas palabras’ o también hay quienes maldicen, insultan o se descalifican a sí mismos o a los demás a diestra y siniestra. Técnicamente, no hay duda de que saben hablar, pero ¿están usando el recurso de la palabra sabiamente?

Por otra parte, es innegable que el lenguaje cumple una vital función comunicativa, por lo cual no es sano reprimir lo que pensamos y sentimos que, como seres imperfectos que somos, no siempre es bonito ni positivo. En estos momentos de negatividad, de rabia o de dolor también tenemos derecho a expresarnos, pero los demás tienen derecho a ser tratados con respeto.

Mujeres hablando con palabras poderosas

Las palabras poderosas provienen de la asertividad

Para lograr esto, la clave es la asertividad, ese hermoso equilibrio que se logra al comunicar de manera auténtica lo que pensamos y lo que sentimos de una manera constructiva. Hay algunos recursos que podemos utilizar para ser asertivos:

Los mensajes “yo”

El objetivo del mensaje es expresar cómo uno se siente respecto a la conducta de otra persona, sin juzgarla, acusarla o etiquetarla. Se hace en primera persona y trata de hacer ver al otro cómo te has sentido con lo que ha dicho o hecho.

Por ejemplo, si los niños no ordenan su cuarto, en vez de decirles: “¡Cómo es posible que el cuarto esté así! ¡Qué desordenados son!”, usando un mensaje “yo” se podría decir: “Me siento frustrada cuando no ordenan el cuarto porque tengo muchas otras cosas que hacer y me encantaría que colaboraran conmigo”.

En ambos casos se está expresando lo que se siente, pero en el primero la negatividad se descarga en el otro y en el segundo el centro está en cómo se siente uno y se separa la conducta de la persona.

El  “tiempo fuera”

A veces la retirada a tiempo de una situación potencialmente conflictiva puede evitar que pronunciemos palabras de las cuales más tarde nos arrepintamos.

Como el objetivo es ser asertivos, la idea es aprovechar el “tiempo fuera” para retomar la conversación una vez que las aguas se hayan nivelado, a fin de que las palabras salgan de forma controlada, en vez de hacerlo en forma de un peligroso torrente.

En conclusión, está en nuestras manos la posibilidad de crear un clima de armonía a nuestro alrededor por medio de nuestras “poderosas palabras” que, como hemos visto, tienen su base en la asertividad y empatía.