Lóbulo parietal: funciones, anatomía y curiosidades

Valeria Sabater · 8 octubre, 2018
Las lesiones en el lóbulo parietal nos impedirían por ejemplo, poder vestirnos e incluso orientarnos para ir a casa. Esta área de nuestro cerebro es clave para interaccionar con todo aquello que nos envuelve.

Sentir una caricia o la intensidad de un abrazo. Bailar. Orientarnos en una ciudad nueva durante un viaje. Coger un objeto y recordar de pronto un momento feliz de nuestro pasado… Estos y muchos otros tipos de procesos relacionados con las sensaciones, los recuerdos y la orientación espacial están regidos por esa área tan importante de nuestro cerebro: el lóbulo parietal.

Cada poco tiempo los neurocientíficos nos sorprenden con nuevos descubrimientos sobre alguno de los cinco lóbulos cerebrales. Hablando de regiones, podríamos decir que una de las más fascinantes es esa región localizada justo detrás del lóbulo frontal. Su importancia reside sobre todo en ser el hogar de la mayoría de nuestros procesos perceptivos.

David Eagleman, uno de los neurólogos más relevantes de la actualidad, nos recuerda en Incógnito, uno de sus libros que cada uno de nosotros no percibimos las cosas tal y como son. Vemos la realidad tal y como nuestro cerebro quiere. El lóbulo parietal es esa área de integración por donde pasa gran parte de la información del resto de regiones cerebrales, ella es quien organiza, ella es quien al fin y al cabo nos permite sentir y entender la realidad que nos envuelve.

Veamos más datos a continuación.

“¿Qué pasaría si te dijera que el mundo que te rodea, con sus ricos colores, texturas, sonidos y aromas es una ilusión, un espectáculo que tu cerebro crea para ti? Si pudieras percibir la realidad tal como es, te sorprendería su silencio incoloro, inodoro e insípido. Fuera de tu cerebro, solo hay energía y materia”.

– David Eagleman, El cerebro

Lóbulo parietal

Lóbulo parietal, ¿dónde se sitúa?

El cerebro está dividido en distintas regiones: lóbulo frontal, parietal, occipital temporal, parietal y la ínsula. El lóbulo parietal es uno de los más grandes y descansa cerca de la parte superior, justo en el centro de la corteza cerebral. Delante de él se halla el lóbulo frontal y un poco más por debajo están los lóbulos occipital y temporal.

A su vez, queda separado del resto de regiones a través por el surco parieto-occipital (que lo separa del lóbulo frontal) y por la fisura silvana, que establece un límite con el lóbulo temporal. Por otro lado, también es interesante recordar que cada área de nuestro cerebro está lateralizada, es decir, se conforman a través de un hemisferio derecho y un hemisferio izquierdo.

Estructuras del lóbulo parietal

El nombre del lóbulo “parietal” deriva del latín, que significa ‘pared’ o ‘muro’. Simboliza esa estructura intermedia situada en el centro de nuestro cerebro donde se establece un límite simbólico, una frontera por donde se cruzan infinitas informaciones, procesos y conexiones.

Para entender mejor la complejidad a la vez que relevancia de esta área veamos a continuación cómo se estructura.

  • Giro postcentral o área 3 de Brodmann. Aquí se localiza el área somatosensorial primaria, encargada de recibir y procesar la información de los sentidos.
  • Corteza parietal posterior. Esta estructura es clave para procesar todos los estímulos que vemos y para coordinar a su vez los movimientos.
  • Lóbulo parietal superior. Esta estructura es clave para la orientación espacial y la motricidad fina.
  • Lóbulo parietal inferior. Esta región es una de las más interesantes, se encarga de relacionar expresiones faciales con emociones. A su vez también es esencial para llevara a cabo operaciones matemáticas y para ejecutar el lenguaje o la expresión corporal.
  • Área sensorial primaria . En esta área del lóbulo temporal procesamos toda la información relativa a la piel: el calor, el frío, el dolor…

Funciones del lóbulo parietal

Tal y como hemos señalado el lóbulo parietal participa en todos esos procesos sensoriales y perceptivos tan relevantes en nuestro día a día. A menudo, para dar un ejemplo muy ilustrativo de lo que nos permite esta estructura se suele ofrecer el siguiente ejemplo: una persona puede trazar con su dedo una letra en nuestra piel y nosotros somos capaces de reconocerla. 

Algo en esencia tan simple implica un sin fin de procesos: sentir el tacto en nuestra piel, reconocer los movimientos y asociar esa sensación y su trazo con una letra del alfabeto. Es algo fascinante sin embargo, sus funciones no acaban aquí. Veamos a continuación qué más tareas nos permite:

Funciones sensoriales

Gracias al lóbulo parietal podemos:

  • Reconocer estímulos y saber por ejemplo qué hacen, cómo son, qué recuerdos nos traen, saber qué se siente cuando los tocamos, los olemos, los sentimos… (por ejemplo, al ver un gato podemos recordar a los que tuvimos en el pasado, sabemos qué carácter tienen, qué se siente al acariciarlos, etc.).
  • Nos permite también saber en qué posición nos encontramos, reconocer si algo o alguien nos está tocando, si experimentamos frío, calor o algún tipo de dolor. También nos facilita por ejemplo, tocar o reconocer cualquier parte de nuestro cuerpo sin necesidad de mirarnos a un espejo (algo esencial, por ejemplo, cuando nos vestimos).

Procesos cognitivos y analíticos

Estudios como el llevado a cabo en la  Universidad de psicología de Temple, Estados Unidos, en el 2008, nos revelan uno de los últimos descubrimientos: gracias al avance en técnicas de neuroimagen, se ha visto que el lóbulo parietal es clave en la memoria a corto plazo y de trabajo así como en la memoria episódica.

  • Este tipo de procesos cognitivos son imprescindibles para retener información a corto plazo y utilizarla después para otras conductas y procesos psicológicos complejos, como la toma de decisiones o el cálculo matemático.
  • A su vez, este lóbulo cerebral es imprescindible para pensar en símbolos matemáticos, analizar secuencias, numerar, etc.
cerebro representando la lóbulo parietal

Lesiones en el lóbulo parietal

Las personas con daño traumático u orgánico (a raíz de un ictus, por ejemplo) en los lóbulos parietales muestran serios problemas a la hora de reconocer sus cuerpos, de orientarse en un escenario, manipular o alcanzar objetos, dibujar, asearse... De este modo, son muy comunes tanto las apraxias (realizar movimientos de forma voluntaria) como las agnosias (reconocer objetos).

Las afasias o problemas del lenguaje así como las ataxias (problemas de coordinación corporal e incluso visual) también son muy recurrentes en este tipo de patologías asociadas a lesiones en el lóbulo temporal. Para concluir, podríamos definir el lóbulo parietal como ese hogar donde se asientan gran parte de nuestros procesos sensoriales. Nuestra capacidad para movernos e interaccionar con el medio y las personas que nos envuelven dependen de esta estructura.

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