Los 4 tipos de pereza y cómo vencerlos

Edith Sánchez · 9 octubre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 9 octubre, 2019
Es importante que dejemos de ver la pereza simplemente como un defecto o un vicio. En todos los tipos de pereza hay realidades más complejas, que posiblemente estamos pasando por alto.

Hay varios tipos de pereza y cada una de ellos nos afecta de manera diferente. Esa sensación de no querer realizar una actividad es más compleja de lo que puede parecer a primera vista. Muchas veces se etiqueta automáticamente como algo negativo, pero eso no debería ocurrir. Donde hay pereza, también hay algo más que puede ser importante.

Los diferentes tipos de pereza tienen causas, características e intensidades diferentes. Lo común en todas ellas es esa resistencia a ponerse en acción, a pesar de que se piense que lo correcto es actuar. La mala fama de la pereza viene dada desde la religión, en donde no se le considera un estado psicológico que obedece a múltiples razones, sino un pecado capital.

Por lo general, la pereza va unida a la procrastinación. El desinterés por hacer algo suele llevar a posponer indefinidamente alguna actividad. Si esto ocurre con mucha frecuencia, obviamente termina afectando al desempeño y a la vida en general. Para entender mejor ese estado, veamos cuáles son los tipos de pereza que existen.

No cedas al fatalismo. Te inducirá a la inercia y a la pereza. Reconoce los grandes poderes del pensamiento. Esfuérzate. Procúrate un destino grandioso por medio del pensamiento recto”.

-Sivananda-

Mujer con pereza en la cama

1. Pereza física

Este es uno de los tipos de pereza más habituales. Como el nombre lo indica, tiene que ver con la resistencia a realizar actividades físicas. Lo más usual es que este tipo de pereza nazca de tres factores: fatiga previa, inmediatismo o falta de interés. El caso más típico es el de quien quiere iniciar una rutina de ejercicios y nunca lo consigue, pues siempre termina imponiéndose la falta de ganas.

A veces, esto sucede porque existe el deseo, pero la energía disponible no es suficiente para realizar esta actividad. En otras ocasiones, finalmente, no se le da tanta importancia a los beneficios futuros del ejercicio y se opta solamente por la comodidad inmediata. También todo puede deberse a una falta de interés. En realidad, el bienestar físico no constituye un acicate suficiente.

En estos casos, lo mejor por hacer es una reflexión concienzuda para determinar si en verdad vale la pena iniciar la rutina de ejercicios. Si se detecta que los beneficios son suficientemente importantes, la misma convicción va a llevar a vencer esa resistencia. Lo mismo cabe para otro tipo de actividades físicas.

2. La mental, uno de los tipos de pereza

La pereza mental está relacionada con el uso de nuestras facultades cognitivas. Es uno de los tipos de pereza que nacen principalmente de la falta de motivación. Lo más habitual es que una persona no vea un beneficio concreto en las actividades intelectuales y por eso se resista a realizarlas.

Muchas veces la persona siente que la actividad es demasiado compleja y esto hace que disminuya la motivación. Así mismo, como en el caso anterior, no se encuentra un beneficio inmediato para este tipo de tareas. Quizás es necesaria una reflexión al respecto.

La actividad intelectual no solo protege nuestro cerebro, sino que incrementa nuestras habilidades y competencias diarias. Incluso, tiene un efecto muy positivo sobre nuestras emociones. El cerebro está ahí para trabajar con él y si no se hace, aparece la sensación de aburrimiento. La actividad intelectual despierta, entusiasma y mejora la vida.

3. Pereza existencial

Dentro de los tipos de pereza, la existencial es la que más está relacionada con un estado de depresión. Se manifiesta como falta de interés y de entusiasmo por la vida en general. No aparece la energía suficiente para tomar iniciativas, proyectarse o fijarse metas.

La pereza existencial es un claro indicio de que hay un obstáculo psicológico que no has identificado. Es posible que estés pasado, o hayas pasado, por situaciones emocionales altamente exigentes que no resolviste del todo. Así mismo, es probable que esto haya originado un agotamiento de que necesitas reponerte.

Lo más común es que la pereza existencial surja como resultado de un peso psicológico que no se ha tramitado. Se carga y esto no deja lugar para que surja nueva energía disponible. Este tipo de pereza es común en quienes tienen como hábito la rumiación de pensamientos y desconfían de sí mismos.

Hombre sentado pensando cómo aprender de su error

4. Pereza espiritual

La pereza espiritual suele estar asociada con la pereza existencial. Lo que las diferencia es que, en el caso de la pereza espiritual prima es una sensación de desinterés frente a los aspectos trascendentes de la vida.

Una persona tiene pereza espiritual cuando decide adaptarse a las rutinas y seguirlas mecánicamente, sin tratar de ir más allá. No cree que la existencia sea algo más que ese conjunto de obligaciones diarias, las cuales realiza sin mayor entusiasmo y sin un verdadero objetivo.

En todos los casos, es importante señalar que la pereza puede ser un síntoma positivo. Te habla de fatiga, o de exceso, y por eso debes prestarle atención. Cuando no es así, lo adecuado es aprender a auto-motivarte. Hay cosas que cuestan en un comienzo, pero valen la pena. Si el caso es más crítico, probablemente sea necesario contar con ayuda profesional.

Maier, C., & de Torres Burgos, Z. (2004). Buenos días, pereza. Península.