Los 7 de Chicago: ¿cuánto hemos cambiado?

06 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Entretenida y con un tono desenfadado, Los 7 de Chicago narra lo que en realidad fue un drama que quizás hoy se esté reproduciendo. Esto hace que nos preguntemos: ¿qué aprendemos de la historia cómo sociedad?

Los 7 de Chicago es una película que no debería ser divertida de ver, pero lo es. Cuenta la historia de un histórico error judicial. El director Aaron Sorkin con su ritmo cinematográfico habitual nos hace contemplarlo de una manera entretenida, dejando un poco de lado el drama real.

En 1968, durante la Convención Nacional Demócrata de ese año, ocho hombres fueron acusados de incitar a un motín por su protesta contra la guerra de Vietnam. Todo ello llevó a un duro enfrentamiento con la policía frente al hotel Conrad Hilton.

Dadas las protestas de Black Lives Matter de este verano y sus consecuencias, los manifestantes vuelven a estar en el punto de mira por exigir justicia. En muchos casos, la violencia policial parece indiscriminada y racista. Los jóvenes, numerosos intelectuales y asociaciones proderechos humanos están en el punto de mira. Todo esto nos hace preguntarnos, ¿por qué se repiten una y otra vez errores pasados en una sociedad?

Los 7 de Chicago, una película basada en hechos reales

En el apogeo de los movimientos pacifistas y de derechos civiles, unos jóvenes organizaron marchas de protesta y conciertos de rock en la Convención Nacional Demócrata. Durante el evento, estallaron enfrentamientos entre los manifestantes y la policía. Finalmente, las manifestaciones derivaron en disturbios a gran escala, con gases lacrimógenos y palizas por parte de la policía.

La prensa, que ya estaba allí para cubrir la convención demócrata, denunció la reacción exagerada de los agentes y el manejo de la situación por parte del alcalde de Chicago, Richard Daley.

Los 7 de Chicago fueron acusados de violar la ley Rap Brown. Esta ley había sido incluida en el Proyecto de Ley de Derechos Civiles a principios de ese año por senadores conservadores. Se declaraba ilegal cruzar las fronteras estatales para provocar disturbios o conspirar utilizando el comercio interestatal para incitar a los disturbios.

El fiscal general del presidente Johnson, Ramsey Clark, se negó a procesar el caso. Sin embargo, la administración recién instalada de Richard Nixon, decidió presentar cargos. Por tanto Los 7 de Chicago fueron juzgados para proporcionar un juicio espectáculo exigido por un gobierno republicano como represalia contra los ciudadanos.

Los 7 de Chicago: El escándalo en el juicio

El juez Julius Hoffman degradó constantemente a los acusados y sus abogados. Algunos ejemplos son simplemente mezquinos. En la película, el juez pronuncia mal una o dos veces el nombre del co-abogado de Bill Kunstler, Leonard Weinglass.

En quizás la escena más escalofriante, Bobby Seale, el único acusado negro, está atado y amordazado frente al jurado por protestar porque su abogado elegido no estaba presente. Sería difícil creer que un juez federal haría eso, pero el juez Hoffman lo hizo. Tanto en la película como los hechos en los que se basa la ficción.

La distinta ideología de los acusados

Sorkin se toma las mayores libertades creando tensión entre sus dos protagonistas, los acusados Abbie Hoffman del Youth International Party (Yippies) y Tom Hayden de Students for a Democratic Society (SDS), magníficamente interpretados por Sacha Baron Cohen y Eddie Redmayne.

Abbie representa la revolución cultural de pelo largo, de la libertad de sexo y drogas; viste de forma extravagante y se enfrenta a la autoridad, a menudo con humor, argumentando que un juicio político exige un comportamiento escandaloso. Hayden es todo lo contrario. Bien vestido y respetuoso, teme que las tácticas de Hoffman enfaden al jurado y pongan en peligro sus posibilidades de evitar la cárcel.

Abbie instintivamente se levanta, mientras otros acusados permanecen sentados, para protestar por el trato del juez a su compañero acusado, Bobby Seale. Hayden duda en revelarse hasta en los momentos de más injusticia con Bobby.

Estos contrastes permiten a Sorkin plantear una pregunta fundamental al espectador mientras reparte sus simpatías. ¿Nos sentamos en silencio frente a la represión o la enfrentamos de frente, violando las normas tradicionales, asumiendo el riesgo de molestar a los demás?

Hombre de los 7 de Chicago

Los 7 de Chicago: ¿se repite la historia?

En la actualidad, los Estados Unidos se enfrentan a problemas similares a los de finales de la década de los 60 y principios de la de los 70. Un presidente que para algunos ha dado muestras de estar por encima de la ley -o querer estarlo-. Un fiscal general que maneja al Departamento de Justicia como una fuerza partidista.

Actuaciones policiales cuestionables contra manifestantes en apariencia pacíficos. Racismo sistémico dirigido a los afroamericanos. Un país polarizado. A través de la reflexión a la que nos invita Los 7 de Chicago, ¿qué podemos aprender sobre de la injusticia social?:

  • Primero, no importa cuán poderosas sean las fuerzas de represión, las acciones colectivas dan resultados. Las manifestaciones, que continuaron a pesar del tipo de abusos policiales y procesamientos selectivos descritos en la película de Sorkin, fueron fundamentales para poner fin a la guerra de Vietnam.
  • En segundo lugar, podemos aprender que nuestra democracia no tolerará durante mucho tiempo regímenes represivos. La obsesión de Richard Nixon por ganar la reelección produjo Watergate y su caída del poder.
  • En tercer lugar, las elecciones sí importan y los senadores valientes pueden lograr cambios. Cuando los detalles de las intrigas de Nixon se revelaron en las audiencias de Watergate, republicanos, como Barry Goldwater, lo abandonaron y le aconsejaron que renunciara. Los senadores norteamericanos de hoy podrían escuchar esa lección aplicándola a Donald Trump.
  • Finalmente, y quizás lo más revelador, para cada uno de nosotros, nuestras acciones de hoy serán estudiadas dentro de décadas. La historia también nos juzgará como sociedad.

Si queremos estar en el lado correcto de la historia, quizás sea bueno actuar con una integridad que permita que nuestros hijos y nietos se sientan orgullosos de cómo mantenemos un criterio propio. La historia lo recordará y quizás Hollywood también.