Los 9 peores errores a la hora de solucionar un conflicto

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 2 abril, 2018
Eva Maria Rodríguez · 1 enero, 2015

Una buena comunicación puede mejorar la relaciones y ayudar a aumentar la intimidad y la confianza con las personas con las que nos relacionamos, ya sean familiares, amigos, compañeros o nuestra pareja. Por lo tanto, es fácil pensar que, si una buena comunicación ayuda en las relaciones, una mala comunicación complica dichas relaciones. No obstante, hoy vamos a descubrir algunos errores a la hora de solucionar un conflicto en los que siempre caemos.

En este sentido, cuando surgen conflictos, la diferencia entre una buena comunicación y una mala comunicación es determinante en el resultado, en qué sucederá una vez la llama se encuentre prendida.

Aprender a gestionar conflictos de forma eficaz es importante, pero también lo es saber qué es lo que no tenemos que hacer para darnos cuenta de en qué medida nuestra actitud dificulta la resolución de un problema. ¿Quieres saber cuáles son los errores a la hora de solucionar un conflicto?

A continuación, vamos a ver los nueve errores más habituales que se suelen utilizar para gestionar conflictos y que, además, los empeoran con mucha frecuencia… lejos de ayudar, lo único que hacen es enquistar la situación…

1. Evitar o evadir el problema

Muchas personas intentar evitar el enfrentamiento por algo que necesita ser solucionado, y eso solo lleva a un aumento de la frustración del otro. Las cosas no se van a solucionar por sí mismas y no vale dejarlo pasar con la excusa de que quieres evitar un enfrentamiento para evitar el estrés que genera.

Solo se consigue generar aún más, además de un aumento de los resentimientos y las tensiones entre las personas implicadas. Si el problema es que no sabes de qué forma enfrentarte al problema, te recomiendo que leas los artículos Superar el miedo a los conflictos” y “Habilidades básicas para resolver conflictos con éxito.”

2. Ponerse a la defensiva

Uno de los principales errores a la hora de solucionar un conflicto que solemos cometer es ponernos a la defensiva, defendiendo nuestra posición, sin prestar atención a lo que el otro tiene que decir. Así, parece que terminamos defendiéndonos a nosotros mismos en vez de a lo que pensamos.

Pareja enfadada dándose la espalda

De esta manera perdemos la objetividad y estamos provocando que el otro se ponga también a la defensiva, lo cual contribuye a empeorar el problema. Esta actitud implica negar cualquier responsabilidad “por definición” y de manera casi inconsciente. Por este camino es casi imposible solucionar nada por las buenas.

3. Generalizar

Generalizar es un gran error a la hora de resolver un conflicto. Hablar en general suele ser un recurso para no personalizar, pero el efecto que se consigue es devastador, sobre todo cuando se habla en general de algo que afecta a uno solo.

Evitar expresiones como “siempre” o “nunca” es vital para que se pueda hablar sobre algo, así como evitar hablar en plural o implicando a varias personas cuando solo se trata de una o dos, o cuando cada una de las partes tiene su parte de responsabilidad en un conflicto o problema.

4. Ser estricto con la forma de hacer las cosas

Muchas veces nos empeñamos en pensar que las cosas solo se pueden hacer de una determinada manera, y no aceptamos la forma que otro tiene de hacerlo. Muchos conflictos se generan simplemente porque nos empeñamos en que el otro haga las cosas o solucione las situaciones como nosotros, sin pensar en que el que tiene que hacerlo debe de buscar la manera que más le convenga, que para eso es él quien tiene que hacerlo.

5. Creer que sabemos lo que el otro piensa

En muchas ocasiones nos resulta más sencillo actuar según lo que creemos que el otro piensa, dando por sentado cosas que no tienen razón. Esta forma de “psicoanálisis de pacotilla” genera malas interpretaciones y genera conflictos aún mayores.

Es importante darle al otro la oportunidad de expresarse libremente, y no actuar como si supiéramos ya lo que hay, entre otras cosas, porque estas impresiones están contaminadas muchas veces por lo que nosotros haríamos.

 

6. Hablar, hablar, hablar… y no escuchar

Hablar sin pensar en que el otro también tiene algo que decir, interrumpir al otro sin dejar que termine o dejarle hablar pero pensar solo en lo que vamos a decir sin tener en cuenta sus palabras, son errores que no ayudan a resolver el conflicto, y que solo lo aumentan, porque da lugar a malas interpretaciones y a conclusiones que no tienen en cuenta lo que el otro dice.

7. Manipular al otro con la culpa

Echarle a otro la culpa de lo que ha ocurrido e intentar que se sienta responsable es un gran error, aun cuando sea cierto. En primer lugar, porque no sabemos qué ha pasado o por qué, ignorando la parte de responsabilidad propia que se pueda haber tenido.

Hombre hablando y manipulando conversación con amigo

 

En segundo lugar, porque hace que el otro se ponga a la defensiva y se cierre a intentar solucionar el problema, cegado solo por el hecho de no sentirse el único responsable y no admitir lo que ha pasado. La responsabilidad es algo muy duro de asumir.

8. Centrarse en “ganar” en la disputa

A muchas personas les gusta ganar, sin más, y el conflicto en sí les da lo mismo con tal de sentirse o saberse ganadores de la disputa. Para eso, manipulan y retuercen la información y buscan la manera de salir vencedores, a costa de ridiculizar o dejar por debajo al otro. Pero esto solo complica el problema y en vez de solucionar un conflicto lo agranda, y puede derivar en una rivalidad absurda que no conlleva nada positivo.

9. Meter más conflictos en la conversación

Si de por sí es difícil resolver uno, la cosa se vuelve prácticamente imposible cuando se mezclan. Recordar errores del pasado para atacar la posición que se enfrenta a la nuestra puede trasmitir la sensación de deslealtad. Además, la otra parte puede interpretar que tenemos más ganas de realizar un ataque personal que de resolver el propio conflicto.

Solucionar el conflicto debería ser la prioridad. Parece obvio, pero en muchas ocasiones nos olvidamos de ellos y actuamos de forma egoísta e irresponsable. No se trata de ganar o perder para solucionar un conflicto, ni de ser más que el otro, ni de intentar buscar culpables.

El problema es que muchas veces nos vemos obligados a actuar de estas maneras porque la otra parte utiliza violencia verbal en la conversación. Ser asertivos e intentar calmar las cosas debería ser la premisa fundamental antes de seguir adelante en cualquier conversación de este tipo. Solo así podremos solucionar un conflicto con éxito.