Los efectos del estrés tóxico en el desarrollo cerebral de los niños

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 28 enero, 2019
Eva Maria Rodríguez · 28 enero, 2019
El estrés tóxico puede debilitar la estructura del cerebro en desarrollo, con consecuencias a largo plazo para el aprendizaje, el comportamiento y la salud física y mental.

El desarrollo saludable de los niños puede verse afectada por la respuesta excesiva o prolongada al estrés de los sistemas en el cuerpo y el cerebro. De hecho, el estrés tóxico puede tener efectos dañinos en el aprendizaje, el comportamiento y la salud a lo largo de la vida. 

Aprender a hacer frente a la adversidad es una parte importante del desarrollo infantil saludable. Cuando estamos amenazados, nuestro cuerpo se prepara para responder al aumentar el ritmo cardíaco, la presión arterial y las hormonas del estrés, como el cortisol.

Cuando los sistemas de respuesta al estrés de un niño pequeño se activan en un entorno de relaciones de apoyo con adultos, estos efectos fisiológicos se amortiguan. El resultado es el desarrollo de sistemas saludables de respuesta al estrés. Sin embargo, si la respuesta al estrés es extrema y duradera, y el niño ve comprometidas estas relaciones de amortiguamiento, el resultado puede debilitar los sistemas y la estructura del cerebro. Las repercusiones pueden ser para toda la vida.

En ausencia de relaciones de respuesta con cuidadores adultos, los sistemas de respuesta al estrés de un niño se ponen en alerta máxima y permanecen allí. El coste acumulado aumenta la probabilidad de retrasos en el desarrollo, problemas de aprendizaje y problemas de comportamiento infantil, así como diabetes, enfermedades cardíacas, depresión, abuso de drogas, alcoholismo y otros problemas de salud importantes en adultos.

Las investigaciones biológicas exhaustivas muestran que el estrés crónico y grave puede volverse tóxico para los cerebros y sistemas biológicos en desarrollo cuando un niño sufre una adversidad importante, como pobreza, abuso, negligencia, la violencia en el entorno, abuso de sustancias o enfermedad mental de un cuidador.

Niña con estrés por la discusión de sus padres

El estrés en la infancia

Las experiencias de la primera infancia desempeñan un papel importante en cómo se desarrolla el cerebro y en su funcionamiento. Las interacciones con el niño y su entorno afectan el aprendizaje a largo plazo, al comportamiento y a la salud. Para el desarrollo de una estructura cerebral saludable es fundamental que el niño cuente con cuidadores receptivos y que desarrolle relaciones positivas que le ayuden a aprender a manejar experiencias estresantes.

En general, la respuesta al estrés es una respuesta fisiológica a un evento adverso o circunstancia exigente e incluye cambios bioquímicos en los sistemas neurológico, endocrino e inmunológico; sin embargo, el estrés no es siempre un fenómeno negativo. El estrés puede ser positivo, tolerable y tóxico. 

Una respuesta positiva al estrés es una respuesta normal al estrés y es esencial para el crecimiento y desarrollo de un niño. Las respuestas positivas al estrés son poco frecuentes, de corta duración y leves.

El niño recibe apoyo con fuertes amortiguadores sociales y emocionales, como la tranquilidad y la protección de los padres. El niño adquiere motivación y resistencia por cada respuesta positiva al estrés, de modo que las reacciones bioquímicas vuelven a la línea de base.

Las respuestas al estrés tolerable son más severas, frecuentes o sostenidas. El cuerpo responde en mayor grado, y estas respuestas bioquímicas tienen el potencial de afectar negativamente a la estructura cerebral.

En las respuestas de estrés tolerables, una vez eliminada la adversidad, el cerebro y los órganos se recuperan completamente cuando el niño está protegido con relaciones receptivas y cuanta con un apoyo social y emocional fuerte.

Estrés tóxico infantil

El estrés tóxico infantil es una respuesta anormal al estrés que consiste en un trastorno que da lugar en un aumento sostenido de los niveles de cortisol y a un estado inflamatorio persistente en el que el cuerpo no logra normalizar estos cambios, con independencia o no de la desaparición del factor estresante.

El estrés tóxico resulta en la activación prolongada de la respuesta al estrés, con un fallo del cuerpo para volver a niveles basales en las constantes que han sido alteradas. Puede impedir que sea una respuesta de estrés normal el hecho de que exista una falta de apoyo, tranquilidad o apego emocional por parte de los cuidadores.

El estrés tóxico infantil es un problema muy serio. Los niños que experimentan estrés tóxico corren el riesgo de sufrir efectos adversos para la salud a largo plazo que pueden no manifestarse hasta la edad adulta. Estos efectos adversos para la salud incluyen habilidades de adaptación inadecuadas, manejo inadecuado del estrés, estilos de vida poco saludables, enfermedades mentales y enfermedades físicas.

Cuanto más adversas sean las experiencias en la infancia, más probable es que aparezcan retrasos en el desarrollo y problemas de salud posteriores, como enfermedades cardíacas, diabetes, abuso de sustancias y depresión.

Niño experimentando estrés

Desarrollo cerebral y estrés tóxico

Los niños experimentan comportamientos externos, como la agresión, y comportamientos internos, como la ansiedad y la depresión. El problema es que estos comportamientos no son exclusivos de los niños cuyo desarrollo se ha visto afectado por el estrés y el trauma, y con frecuencia las personas que rodean al pequeño solo ven a un niño agresivo que actúa…, y no a un niño que está tratando de que alguien se dé cuenta del dolor constante que está experimentando.

El trauma que causa el estrés tóxico y sus efectos también pueden tener el efecto sutil de la normalización. Los niños que no tienen una visión más amplia del mundo pueden llegar a pensar que la violencia doméstica es algo normal, o que la violencia en las calles es un hecho tan natural como la lluvia.

En términos de desarrollo, un niño que experimenta adversidad está en riesgo de cambios permanentes en la estructura del cerebro, alteración epigenética y función genética modificada. Las implicaciones para la salud a largo plazo y los efectos en el desarrollo son críticas, e incluyen un mayor riesgo de enfermedades relacionadas con el estrés.

La respuesta al estrés tóxico afecta a la red neuroendocrina-inmune, y la respuesta conduce a una respuesta prolongada y anormal del cortisol. La desregulación inmunitaria resultante, que incluye un estado inflamatorio persistente, aumenta el riesgo y la frecuencia de infecciones en los niños. Además, se cree que la respuesta al estrés tóxico desempeña un papel en la fisiopatología de los trastornos depresivos, la falta de regulación del comportamiento, el trastorno de estrés postraumático y la psicosis.

También se sabe que los adultos que sufrieron adversidades en la primera infancia también experimentan más enfermedades físicas y resultados de salud deficientes. Estos malos resultados de salud son variados e incluyen el alcoholismo, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, depresión, cáncer, obesidad, aumento de los intentos de suicidio o cardiopatía isquémica, entre otros muchos procesos.

Los expertos recomiendan crear políticas que minimicen el impacto del estrés tóxico en los niños. Algunas sugerencias incluyen: hacer más accesible la asistencia de expertos -para los cuidadores que no tengan suficientes conocimientos y habilidades para ayudar a los niños pequeños que muestran síntomas de estrés tóxico- y aumentar el apoyo a los programas de intervención existentes.

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