Los extremismos ideológicos y la metacognición

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 20 febrero, 2019
Sonia Budner · 20 febrero, 2019
¿Qué hay en las cabezas de quienes mantienen posturas claramente extremistas? Varios estudios han querido arrojar algo de luz sobre si las actitudes claramente radicales de las personas responden sólo a ciertas ideas. Los resultados nos dicen que los extremistas serían radicales en casi cualquier aspecto de su vida.

Los actuales conflictos políticos y sociales están obligando a la ciencia a preguntarse no solo qué está pasando, sino también cómo funciona el cerebro de aquellos que mantienen posturas claramente extremistas. Las preguntas son muchas. Hasta ahora no sabíamos si este tipo de personas que sostienen extremismos ideológicos lo hacen solo alrededor de ideas y opiniones sobre temas concretos o si es algo más amplio.

Parece que los resultados obtenidos de recientes estudios referentes a este asunto se inclinan por la segunda opción. Los extremistas serían radicales en casi cualquier aspecto de su vida. Lo que plantea aún más dudas. ¿Existe algún rasgo de personalidad ligada a este tipo de comportamiento? Y aún más, ¿qué esconde en realidad los extremismos ideológicos?

La investigación de la que hablamos hoy puso el enfoque en el estudio de las personas que sostienen extremismos ideológicos y la relación con su metacognición. La metacognición es el proceso por el que las personas aprenden a razonar, y que requiere una reflexión constante. Se puede definir como el conocimiento que se posee sobre el propio conocimiento, sobre lo que se sabe y lo que se desconoce.

El experimento, clasificación de individuos

El estudio, dirigido por el neurocientífico Steve Fleming y su equipo de la University College de Londres, fue diseñado para medir la capacidad del grupo experimental para reconocer el error.

Se trataba de identificar si los individuos que sostenían ideas radicales en el plano político habían desarrollado creencias dogmáticas porque tenían plena confianza en esas opiniones o, por el contrario, si las posturas que sostenían eran el producto derivado de problemas de metacognición (pensamiento sobre el propio pensamiento).

Dos grupos de 400 personas completaron unas encuestas que medían sus creencias y sus posiciones políticas respecto a visiones alternativas del mundo. A partir de los resultados de las encuestas identificaron a los individuos que se encontraban en los extremos, cuyos puntos de vista se caracterizaban por ser absolutamente radicales.

Persona haciendo un test

Midiendo la metacognición

Una vez clasificados, a los participantes se les pidió que completaran la tarea de observar dos imágenes que tenían unos cuadros con pequeños puntos en su interior y determinar cuál de ellas tenía mayor cantidad de puntos.

Después se les pidió que valorasen la confianza que tenían en ellos mismos sobre la decisión que habían tomado. Incluso la respuesta estaba recompensada con dinero en efectivo para alentarles a que evaluaran su confianza con la mayor precisión posible.

Más tarde se hacía saber a todas las personas del experimento el cuadro que tenía más puntos. Se comprobó que la mayoría de los individuos bajaban su nivel de seguridad en la decisión tomada cuando la respuesta era incorrecta. Pero los sujetos más radicales tenían verdaderos problemas en reconocer que sus respuestas eran erróneas, incluso con la respuesta exacta que contradecía su estimación.

“Encontramos que las personas que tienen creencias políticas radicales tienen una metacognición peor que aquellas con puntos de vista más moderados”.

-Dr. Steve Fleming-

Capacidad de discriminación reducida

Los resultados de la investigación del Dr. Fleming mostraron que las personas más radicales y dogmáticas tienen una capacidad muy reducida para cuestionar aquellas ideas que han asumido como ciertas.

Estas personas que sostienen fuertes extremismos ideológicos tienen una resistencia enorme a cambiar sus creencias frente a las evidencias. Esta capacidad de reflexionar sobre uno mismo y lo que piensa está directamente vinculada a la capacidad de incorporar nuevas evidencias a una creencia preestablecida que nos permita tomar decisiones más acertadas.

“A menudo tienen una certeza equivocada cuando están realmente equivocados sobre algo y se resisten a cambiar sus creencias ante la evidencia que demuestra que están equivocados”.

-Dr. Steve Fleming-

Dos chicos hablando

La difícil carga de la rigidez mental

El análisis de los resultados de este estudio es muy curioso, especialmente si reparamos en la naturaleza del problema planteado a los sujetos experimentales: el hecho de tomar decisiones sobre una tabla de puntos no parece un asunto donde alguien pueda sentirse demasiado implicado. Aun así, los individuos más radicales defendían sus respuestas erróneas como verdaderas, dejando a un lado las evidencias.

Esto, traducido al mundo real, nos invita a la reflexión. Este tipo de pobre metacognición es un lastre cognitivo que se extiende a campos que van más allá de la política. Otros estudios sobre el mismo asunto parecen confirmar que aquellos que tienen más dificultades cognitivas para adaptarse a los cambios son mucho más propicios a ser autoritarios y nacionalistas. Parece que esto se traduce en un sentimiento de cierto tipo de superioridad de la propia ideología.

José Manuel Sabucedo es un catedrático de Psicología social de la Universidad de Santiago de Compostela que ha dedicado muchos años al estudio de los autoritarismos. En referencia a las investigaciones realizadas sobre estos aspectos del ser humano nos dice que este tipo de actitudes parecen estar directamente vinculadas con el concepto de realismo ingenuo. Es decir, cuando las personas creen ciegamente que la realidad es tal y como la perciben ellos.

“Estas épocas de incertidumbre generan ansiedad y los ciudadanos buscan una explicación. Y aparecen determinados grupos para ofrecer una explicación sencilla, como que la culpa es de la inmigración, que sirve para reducir esa ansiedad”.

-José Manuel Sabucedo-