Los maravillosos deseos de la mujer de más de 40

Raquel Aldana · 13 noviembre, 2015

El crecimiento psicológico de una mujer en la madurez constituye una verdadera celebración de su anatomía, su química y su risa. Esto ocurre porque es entonces cuando salen con fuerza a la luz las “diosas” que llevamos dentro.

Entonces comienza a recobrarse el sentido de las propias necesidades y las mujeres dan un paso hacia adelante, aprendiendo a ser protagonistas de su vida y de su sentir.

No obstante, durante esta etapa de crecimiento y de cambio no todo es fácil, pues la encrucijada emocional hace sentir a la mujer una necesidad irrefrenable de cumplir sus deseos y anhelos, lo cual suele impactar de golpe con aquellas expectativas sociales que hasta ahora le refrenaban.

Mujer con las manos en la luna

¿Qué quiere una mujer madura?

La mujer de más de 40 no es un mapa misterioso que esconde afanes imposibles sino que representa la determinación de quien se hace valer y se reivindica a sí misma en todas las áreas de la vida.

Pero, ¿qué es lo que realmente reclaman con fuerza las féminas cuando llegan a esta etapa?

Independencia emocional y social

Contemplarse en el inicio y transcurso de la mitad de la vida hace que reaccionemos a nuestra realidad cuando echamos la vista hacia atrás. Así, con la intención de repasar los lugares en los que ha estado y ha llegado, una mujer llena de fuerza aquello sueños que no cumplió de joven y prepara el terreno para reiniciarse en esta fase.

Respeto y confianza

Estos dos pilares básicos pueden entrar en conflicto con ciertos sometimientos culturales a los que las mujeres estamos acostumbradas y resignadas. En este maravilloso momento la luz puede llegar a encenderse con mayor intensidad, propiciando que se restablezcan valores que no debían de haberse quebrantado.

Atención y consideración

Probablemente una mujer que en este tiempo tenga más de cuarenta ha podido ver cómo muchas de sus necesidades quedaban relegadas solo por ser mujer. Esto ocurre a todas las edades, pero quizás es en este momento en el que la atención y el apoyo cobran especial relevancia.

Circulo de mujeres

Muestras de cariño

Las caricias, los besos y las atenciones constituyen un fiel reflejo del cuidado y la permanencia, algo a lo que en este momento se le otorga un gran valor.

Recuperar y reiterar el erotismo y la sensualidad de sus cuerpos.

Volver a sentir la belleza y la ilusión por su cuerpo es uno de los deseos más profundos de las mujeres de estas edades. Sin embargo, no es fácil mirar de manera franca nuestra sexualidad.

El cuerpo es parte de ese mapa que conduce al significado y a la libertad. Por eso se le otorga al cuerpo femenino de la mujer madura el reinado de la biología de la liberación, revolucionando de manera perpetua la conceptualización de una misma.

Esto sucede porque en nuestra cultura y en gran parte en nuestra biología, la sexualidad está íntimamente ligada a la imagen corporal y a la autoestima. Asimismo, sentirse atractiva no tiene que ver con nuestra apariencia, sino con nuestro trabajo interior.

“Cuando hablo de erotismo, lo hago como una afirmación de la fuerza vital de las mujeres, de esa poderosa energía creativa cuyo conocimiento y uso recuperamos ahora en nuestro lenguaje, nuestra historia, nuestra danza, nuestro amor, nuestro trabajo, nuestra vida.”

-Audre Lorde-

Sexo en la mujer

Vivir la vida y disfrutar lo que les rodea

Amigos, aficiones, estudios, profesiones… El anhelo por el disfrute y el aprovechamiento de todo aquello que conforma la vida se constituye como un afán básico e ineludible a estas edades.

Tener algo más que un amor, una complicidad

Una complicidad se basa en el apoyo constante, fino y recíproco entre dos personas. Esto va más allá del amor y de las caricias, pues es una conexión muy profunda que transciende al contacto íntimo o amoroso.

Ser mujer además de madre o abuela

Generalmente se nos ha educado en la idea de que la maternidad suponía una total sumisión a la naturaleza, al sacrificio, al deber y a la sumisión. Socialmente se ha supuesto durante generaciones que la mujer no tenía que tener otra vocación que la maternidad y el cuidado, así como que no contaba con voluntad, apetencia o capacidad de goce ninguna.

En este sentido, la libertad de la mujer se contempla como el resultado de su crecimiento social y personal. Por eso es importante cultivarse interiormente, atender a nuestro cuerpo y a nuestros procesos.

Mujer estrellada

“A esta edad estamos en un momento decisivo: podemos seguir viviendo con relaciones, trabajos y situaciones que se nos han quedado pequeños, elección que apresura drásticamente el proceso de envejecimiento y la posibilidad de enfermar, o podemos hacer el trabajo de desarrollo que nos pide el cuerpo y nuestros niveles hormonales.

A esta edad debemos aprovisionar nuestra vida a partir del alma. Nada inferior dará resultado. Cuando nos atrevemos a hacer esto, nos preparamos de verdad para la primavera de la segunda mitad de la vida.”

-Christiane Northrup-

En último término en esta nueva etapa cada mujer se suele disponer a decidir por sí misma cómo asoma su feminidad y su personalidad en su mezcolanza de dones, de carencias, de impresiones, de sesgos y de deseos.

Asimismo, acompañando a esta cuestión, una mujer así estará en disposición y en deber moral de enseñar al resto de generaciones femeninas a validarse por sí mismas, pues será probablemente la más capacitada y experimentada para hacerlo.