Los mitos de la virginidad

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Alberto Álamo
· 11 marzo, 2019
La virginidad es un concepto muy extendido. Pero es importante conocer los mitos de la virginidad para, así, contribuir a construir una sexualidad mucho más sana y libre.

Todos hemos escuchado alguna vez la palabra virginidad. También hemos escuchado la expresión referida a una persona de ‘ser virgen’. Es un concepto muy extendido socialmente.

Además, el concepto de virginidad está muy presente en muchas de las consultas realizadas a sexólogos. Y este colectivo, más que hablar de virginidad, suele hablar de mitos de la virginidad. Profundicemos.

¿Qué significa la palabra virginidad?

Es muy conocido el significado religioso que tiene la palabra virgen, de la cual deriva ‘virginidad’. Pero más allá de este significado, es interesante conocer qué implica a nivel social y psicológico.

En primer lugar, el significado de la palabra ‘virginidad’ es muy marcado y alude directamente a nuestra erótica. Ahora bien, popularmente, se usa para clasificar. Y es que cuando la usamos, etiquetamos a las personas según su pertenencia a uno de estos dos grupos: quienes no han tenido relaciones sexuales (vírgenes) y quiene sí han tenido relaciones sexuales (no vírgenes).

Pareja dándose un beso

Mitos de la virginidad

Existen una serie de mitos o falsas creencias que rodean a este concepto. Estos mitos son, además, alimentados por todo tipo de influencias de nuestro día a día.

A continuación explicamos brevemente algunos de los mitos más extendidos acerca de la virginidad:

Penetración como monopolio erótico

No, la penetración vaginal no es el único tipo de relación erótica que existe. Tampoco tiene por qué ser la más placentera. Que sobreestimemos este tipo de relación se debe a un convencionalismo que no se corresponde con la realidad de nuestra naturaleza física, psicológica y social.

Prueba de ello, es que el clítoris es un órgano cuya función exclusiva es dar placer. El clítoris es accesible de forma externa (sin penetración) y la mayoría de mujeres aseguran que la principal obtención del orgasmo se produce a través de una estimulación directa del mismo.

Rotura del himen

La pérdida de la virginidad es comúnmente asociada a la rotura del himen. El himen es una membrana muy fina que se encuentra en la entrada de la cavidad vaginal. Ni todas las mujeres nacen con él, ni todas se desprenden de él por haber tenido relaciones con penetración.

Foco sobre la mujer

Tiene poco sentido que se conciba el ‘haber tenido relaciones por primera vez’ con la rotura de esta membrana. De hecho, si así fuera… ¿es la virginidad un concepto referido únicamente a la mujer? ¿cómo perderían la virginidad dos mujeres que tienen relaciones? ¿y dos hombres?

Está claro que el momento de la pérdida de la virginidad es mucho más marcado en mujeres que en hombres. Ello conlleva una presión añadida sobre la mujer, tanto por ser «virgen» como por no serlo, dependiendo de la edad.

Dolor

La penetración no es la panacea, pero si hablamos de primeras veces en cuanto a penetración, está muy extendido el mito de que siempre se va a sentir dolor. Esto tampoco tiene por qué ser así.

El que una primera penetración vaginal duela depende de muchas variables. Una de las más importantes es lo relajado y relajada que se esté cuando se tenga esta relación.

Momento trascendental

La primera penetración vaginal tiene muchas connotaciones sociales y religiosas. Este tipo de relación erótica tiene mucho simbolismo y, curiosamente, se considera una ‘pérdida’.

Se suele hablar de desvirgarse como si se estuviera perdiendo pureza, castidad o inocencia. Estas ‘pérdidas’ se asocian a una práctica concreta (y no a otras), hecho que enfatiza el carácter absurdo de esta asociación.

Pareja en la cama teniendo sexo

Deconstruyendo el concepto de ‘virginidad’

Interiorizar este concepto y vivir asumiendo su significado social puede ser perjudicial. ¿Por qué? Porque este es uno de los conceptos que limitan nuestra erótica.

Dotamos a la penetración vaginal de tanta importancia, que muchas personas que no tienen predilección por esta práctica la llevan a cabo porque ‘es lo que se tiene que hacer’. Y ya sabemos que, en las relaciones eróticas, hacer algo sin que se desee realmente no suele terminar muy bien.

Además, la virginidad y sus connotaciones sociales privan a las personas de explorar todo un repertorio de placeres obtenidos a través de muchas formas diferentes a la penetración.

¿Qué tal si hablamos de ‘perder una virginidad’ a cualquier conducta erótica que se lleve a cabo por primera vez? Esto supone todo un ejercicio de educación sexual.

Así, hablaríamos de ‘virginidades’ más que de virginidad. Esto también contribuiría a erradicar la idea de que existen relaciones eróticas más o menos importantes. De esta manera, las personas no tendrían ningún tipo de presión social por llevar a cabo las prácticas que realmente quisieran tener.