¿Me estoy preocupando por nada o estoy realmente enfermo? (Hipocondría)

Alicia Escaño Hidalgo · 3 julio, 2016

Es de sentido común decir que a nadie le gusta estar enfermo, pues enfermar implica dolor, sufrimiento, malestar, incapacidad y en el peor de los casos, muerte. Las personas queremos estar sanas para disfrutar de la vida, de nuestros amigos y familiares y de nosotros mismos.

Pero en la actualidad hemos llegado al punto de la obsesión por la salud, creyéndonos casi que deberíamos ser inmortales y que no tendríamos que enfermar nunca, cuando sabemos que esto es pura fantasía y que antes o después nuestras vidas llegarán a su fin, algo totalmente natural y necesario para el funcionamiento del mundo.

Hoy en día, podemos ver como la gente se obsesiona con el deporte, hasta superar sus propios límites o bien analiza minuciosamente lo que ha de comer, cómo lo ha de comer y cuando lo ha de comer.

Defiendo el que las personas nos cuidemos y nos ocupemos de nuestra salud, tanto física como mental. Pero hay un límite que tendríamos que definir muy claramente si no queremos caer en la neurosis: ¿qué significa cuidarse y qué significa obsesionarse?

Si nos cuidamos, pero somos conscientes de que la salud la vamos a ir perdiendo poco a poco porque es lo normal, no nos preocuparemos en exceso cuando nos duela una parte de nuestro cuerpo o cuando nos percatemos de algún síntoma desconocido. Iremos al médico a ver si podemos solucionarlo, pero de manera relajada y racional.

Si nos obsesionamos, nos preocuparemos de forma exagerada por la posibilidad de padecer alguna enfermedad y no solo eso, si no que cualquier síntoma lo interpretaremos como amenazante para nuestra vida y convertiremos en muy probable la posibilidad de estar enfermos.

Posibilidad vs Probabilidad

Existe un trastorno psicológico denominado hipocondría en el que las personas que lo padecen confunden posibilidad con probabilidad. Como suele ocurrir en los trastornos de ansiedad, estas personas creen que algo que solo es una opción en su caso se convierte en algo muy probable. Así, en lugar de cuestionarlo y analizarlo con datos objetivos o pruebas de realidad, simplemente lo dan por hecho, desencadenando un sufrimiento tan perturbador como el fantasma que han creado.

Palabra hipocondria

En cuanto notan algún síntoma a nivel corporal e incluso mental, caen en un pensamiento catastrofista: “seguro que estoy enfermo y voy a morir”. De esta manera, generan una ansiedad tan intensa que en su comportamiento pueden tomar dos vías: reasegurar y comprobar una y otra vez yendo al médico, al curandero y a todo aquel que pueda ofrecerle tranquilidad o bien abstenerse de realizar ninguna consulta por miedo a que le confirmen su hipotético diagnóstico.

Tanto la reaseguración o comprobación excesiva como la evitación son conductas disfuncionales que no ayudan a solucionar el problema en el caso de que lo hubiese.

La primera estrategia no ayuda porque no tiene fin, la persona nunca toca techo y es incapaz de quedarse tranquila cuando le dicen que está sana y que su dolor responde a algo pasajero o sin importancia. Va a seguir intentando confirmar sus creencias.

Y la segunda porque se trata de la famosa respuesta de evitación de la ansiedad, que calma a la persona a corto plazo, pero que a largo mantiene el problema y puede dar lugar a una sintomatología que en realidad va a enmascara el verdadero problema.

Al final, se produce la típica profecía auto-cumplida y la persona realmente acaba enfermando pero no de aquello que podía temer, si no de un trastorno psicológico auto-provocado denominado, como hemos comentado antes, hipocondría.

¿Cómo puedo convencerme de que no estoy enfermo?

Si te has sentido identificado con lo que hasta ahora se ha expuesto en el artículo, el primer paso es querer pedir ayuda, por lo que es de suma importancia que acudas a un psicólogo o profesional de la salud mental y sigas sus instrucciones.

Algunos de los métodos o técnicas que se usan en terapia para ayudar a las personas con hipocondría y hacerles ver que todo es producto de su mente, son los siguientes:

  • Reestructuración del pensamiento: las personas hipocondríacas deben aprender a ver las situaciones amenazantes como posibilidades y no como hechos muy probables. Para ello podemos basarnos en la estadística, en la comparación o en la confrontación y búsqueda de datos empíricos. El objetivo es ser más realistas cuando notemos algún síntoma en nuestro organismo y no anteponernos de forma negativa a lo que pueda ocurrir.
  • Dejar de comprobar y reasegurar: al principio, la persona deberá ir exponiéndose poco a poco a sus síntomas sin llevar a cabo la comprobación o reaseguración. Por ejemplo, si nota que le duele la cabeza y piensa ir al neurólogo, aunque ya ha ido varias veces y le han dicho que está sana, esta vez no debe de ir, sino aguantar la preocupación y la ansiedad asociada hasta que esta descienda a niveles normales por mecanismos puramente fisiológicos y cognitivos.
  • Dejar de evitar: en el caso contrario, si la persona evita ir al médico por miedo a un diagnóstico, lo que tiene que hacer precisamente es ir al médico y comprobar que lo que cree realmente no ocurre. Es decir, que no está enfermo o bien que lo que padece no es tan grave como piensa.