Me he enamorado: ¿lo hacemos todos del mismo modo?

14 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
A veces, cuando nos enamoramos, surgen numerosas dudas... ¿sentirá la otra persona lo mismo? Y si me quiere, ¿lo hará con intensidad o seré quizá solo un capricho temporal? No todas las personas se enamoran de igual modo, conozcámoslo a continuación.

Me he enamorado. A lo largo de nuestra vida nos decimos esta frase en más de una ocasión. Ese sentimiento, esa autoafirmación que nos hacemos con una mezcla de sorpresa, ansiedad y contenida felicidad suele acompañarse de una duda. ¿Sentirá la otra persona lo mismo? Y en caso de que así sea… ¿nos amarán del mismo modo y con la misma intensidad que lo hacemos nosotros?

Si hay algo que nos encantaría es que, en esta materia del amor, todo fuera semejante, equilibrado, correspondido al 200 %. Sin embargo, en estos menesteres a veces nos encontramos con pequeñas disonancias que nos llenan de ansiedad. Hay quien ama y necesita al otro en exceso. Los hay que necesitan menos, otros, aman a medias porque prefieren un amor reciclable de usar y tirar.

Abundan, afortunadamente, los que aman de manera madura y responsable, los que son conscientes que amar no es coincidir en todo, pero, aun así, se esfuerzan en llegar acuerdos. En hacer de una relación un viaje de crecimiento y descubrimientos.

Decía Platón que donde reina el amor sobran las leyes, pero en realidad en materia de relaciones afectivas se necesitan muchas normas y decretos explícitos para que esa aventura entre dos funcione.

Ante la pregunta de si todos nos enamoramos y amamos del mismo modo, la respuesta es «no». Cada cual lo hace de un modo, lo que no significa que seamos incompatibles. Profundicemos en el tema a continuación.

Mujer pensando en que me he enamorado

Me he enamorado: la psicología del enamoramiento

El campo de la Psicología lleva décadas estudiando este tema. Comprender los mecanismos por los cuales las personas son capaces de experimentar la mayor de las felicidades y, en otros casos, la más devastadora de las tristezas o decepciones, es algo que interesa a múltiples áreas del conocimiento. La neurociencia, la filosofía y la sociología llevan tiempo también profundizando en este aspecto.

Una de las aportaciones más curiosas e interesantes fue sin duda la que nos dejó el psicólogo John Lee en su célebre libro The Colors of Love (los colores del amor). Según este experto en amor y sexualidad de la Universidad de Toronto, cuando nos decimos aquello de «me he enamorado», podríamos pensar también en una serie de colores.

Para el doctor Lee, el amor auténtico contenía los colores primarios (azul, rojo y amarillo) porque, de algún modo, un amor real se define también por tres ingredientes básicos: pasión, compromiso y respeto.

Por contra, están esos enamoramientos definidos solo por «colores secundarios», como el de quien solo busca la sexualidad, los que desean controlar o aquellos que ven el amor como un juego. En estos últimos casos, el enamoramiento será un riesgo porque solo traerá como resultado la infelicidad.

Veamos más teorías sobre cómo nos enamoramos las personas y cuáles son los factores que nos diferencian.

Pareja pensando en que me he enamorado

Amor a primera vista/ Amor a fuego lento

«Me he enamorado nada más verlo», «me he enamorado poco a poco, casi sin darme cuenta a lo largo de este año». Los tiempos también definen el lenguaje del amor. Hay quien se rinde al cabo de unos segundos al ver esa imagen fascinante, al quedar cautivado por esa gestualidad o esa forma de expresar en la que se contiene a partes iguales la autoconfianza y el misterio.

Otros, en cambio, necesitan que las manillas del reloj vayan más despacio. Son los que tras meses o años de amistad descubren que el afecto es más profundo, más necesitado y lleno de tonalidades. El tiempo es un factor que nos diferencia a unos y a otros a la hora de enamorarnos.

Personas que buscan llenar sus vacíos/ Personas que no necesitan nada y encuentran

Hay quien en materia de amores anda como un explorador en busca de alguien muy concreto. Son perfiles con grandes carencias, tanto de autoestima como de autoconceptos. Estas personas ansían dar con quien pueda reforzar y nutrir cada uno de sus vacíos, buscan almas gemelas que se conviertan en sus otras mitades; víctimas al fin y al cabo de francotiradores emocionales.

En el caso opuesto, están los que sencillamente, no necesitan nada. Los que caminan por la vida siendo receptivos y sintiéndose a su vez, completos, seguros de sí mismos, dispuestos a disfrutar del día a día. Para estas personas el amor no se busca, se encuentra, y cuando esto ocurre, se vive siempre con alegría y de forma madura.

Chico con gafas pensando en que me he enamorado

Me he enamorado de su físico/ Su conversación me ha llegado al corazón

Hay enamoramientos que entran directamente por los ojos. Y sí, en ocasiones uno puede descubrir que tras ese rostro perfecto se esconde a su vez una persona excepcional. En otros casos, el enamoramiento llega con ese día a día donde las conversaciones cara a cara o la complicidad construida a ritmo de whatsapp, tejen esa magia donde finalmente se enciende un amor intenso.

Hay, como vemos, infinitas formas y mecanismos por los cuales aparece este sentimiento. Así, y aunque en un principio al decirnos eso de me he enamorado, puede asustarnos y llenarnos de ilusión a partes iguales, lo más importante viene después.

No importa que lo que más nos fascine en esa primera fase sea el físico o la cantidad de aficiones y pasiones que tengamos en común. Cada cual cruza el umbral del amor a su manera. Lo decisivo llega más tarde, cuando habitamos ya en el corazón del otro. Ese será el momento en que todo adquiera sentido y nos pongamos verdaderamente a prueba, demostrando valías, compromisos y responsabilidad.