Neurobiología de la decepción: el dolor que más dura

5 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
La decepción impacta en nuestro cerebro de manera dolorosa. Este hecho se explica por la actividad de neurotransmisores, como el GABA, que sufren una alteración muy concreta que nos explica ahora la ciencia.

La neurobiología de la decepción nos demuestra una vez más que hay aspectos de nuestra vida que el cerebro experimenta de manera particularmente dolorosa. Así, por alguna razón que desconocemos, en esas experiencias en las que perdemos oportunidades o cuando la confianza con alguien significativo se rompe se genera un tipo de sufrimiento que perdura durante más tiempo.

Decía William Shakespeare que la expectativa es la raíz de toda angustia, y quizá sea cierto. Pero, también es verdad que a menudo necesitamos aferrarnos a ciertas cosas para hallar estabilidad, para no desfallecer ante tantas incertidumbres que ya de por sí tiene la vida. Así, es habitual que demos por sentado que nuestros familiares, parejas o amigos más cercanos no nos traicionarán en algún aspecto.

Mantenemos a su vez expectativas sobre nosotros mismos, dando por seguro que no fallaremos en esas áreas que se nos da tan bien, que lo que hoy tenemos, mañana seguirá con nosotros. Sin embargo, en ocasiones el destino da un cambio de sentido y nuestro castillo de regia firmeza se desmorona. Estas experiencias, definidas básicamente por una pérdida de seguridad, se interpretan a nivel cerebral como señales de alarma para nuestra supervivencia.

Que desaparezca una oportunidad que tanto nos ilusionaba, ser despedidos del trabajo de un día para otro, sufrir una traición afectiva… Todo ello son algo más que eventos dolorosos. Son, de algún modo golpes al tejido de lo que formaba parte de nosotros de manera significativa. Por tanto, veamos qué ocurre a nivel cerebral cuando pasamos por estas vivencias.

«Nuestra experiencia se compone más de ilusiones perdidas que de sabiduría adquirida».

-Joseph Roux-

Chica preocupada representando la neurobiología de la decepción

Neurobiología de la decepción

La neurobiología de la decepción responde a un interés reciente por parte del campo de la neurociencia. Durante muchos años, tanto psicólogos, como psiquiatras y neurólogos se han preguntado no solo por qué esta emoción se experimenta de manera tan intensa. Algo que queda en evidencia también es que las desilusiones conforman también parte de nuestra personalidad.

Quien las ha vivido con frecuencia se vuelve a menudo más desconfiado. Las decepciones restan impulso a la ilusión y hace que, a veces, seamos más prudentes a la hora de generar expectativas en las que están involucradas personas. Sea como sea, algo debe ocurrir a nivel cerebral para que su impacto sea tan evidente. Conozcamos qué nos dice la ciencia.

Los neurotransmisores y la decepción

Como ya sabemos, los neurotransmisores son sustancias químicas que transmiten señales a las neuronas. Gracias a esta neuroquímica, se facilitan las emociones, las conductas, los pensamientos, etc. Así, cabe recordar que hay neurotransmisores muy concretos que median por completo en nuestro estado de ánimo, como la dopamina y la serotonina.

Ahora bien, en un interesante estudio llevado a cabo por el doctor Roberto Malinow, del departamento de neurobiología en la Universidad de Medicina de la Universidad de California, en San Diego, se desveló que hay dos neurotransmisores muy concretos que regulan por completo la experiencia de la decepción. Son el glutamato y el GABA, los cuales, actúan en una zona muy concreta de nuestro cerebro:  la habénula lateral.

La habénula y la liberación de GABA y Glutamato

La habénula lateral es una de las estructuras más antiguas de nuestro cerebro. Así, sabemos, por ejemplo, que forma parte de los procesos emocionales que facilitan nuestra toma de decisiones. Sin embargo, a pesar de que con frecuencia actúe de manera positiva, impulsando la motivación, esta región tiene también su reverso oscuro.

Su buen funcionamiento depende básicamente de una liberación correcta y equilibrada del glutamato y el Gaba. De este modo, cuanto mayor sea el aporte de estos neurotransmisores en la habénula, mayor será la sensación de decepción. Por contra, cuanto más baja sea la liberación de GABA y Glutamato, menor será el impacto de esta emoción en nuestro cerebro.

Fórmula de GABA en la pizarra representando la neurobiología de la decepción

La depresión relacionada con la neurobiología de la decepción

El doctor Roberto Malinowski, antes citado, señala algo importante sobre el tema de la neurobiología de la decepción. Se ha visto que el impacto de la decepción mantenida en el tiempo deriva en muchos casos en trastornos depresivos. Es decir, cuando la liberación de GABA y glutamato es intensa, existe un mayor riesgo de padecer este trastorno psicológico.

Se sabe también, que esa excitación de la habénula a causa de la liberación desmesurada de dichos neurotransmisores, hace que nos obsesionemos más con ciertas ideas, recuerdos o situaciones dolorosas vividas. Nos cuesta mucho pasar página y de ahí el estancamiento emocional y el sufrimiento.

Ahora bien, el descubrimiento de la relación glutamato-GABA en las decepciones y la depresión, abre también la puerta a nuevos tratamientos. Hasta el momento, se daba por sentado que gracias a los antidepresivos y a la regulación de la serotonina, se equilibraba también la proporción GABA-Glutamato. Sin embargo, a día de hoy se ha visto que aunque hay mejoría, es común experimentar diversos efectos secundarios.

Por tanto, el desafío actual es desarrollar tratamientos que actúen de manera específica en determinados neurotransmisores y no en otros. De ese modo, se darían respuestas más adecuadas a esos pacientes que, por diversas alteraciones a nivel neuroquímico, viven determinadas realidades de manera más intensa. La neurobiología de la decepción es, por tanto, un campo de gran interés del que poco a poco mejoramos nuestra comprensión.

  • Shabel S, Proulx C, Piriz J y Malinow R. La liberación conjunta de GABA / glutamato controla la producción de habénula y se modifica mediante tratamiento antidepresivo. Science 345: 1494-8 (2014).