Me siento inferior a los demás: ¿qué puedo hacer?

25 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
En ocasiones, el hecho de haber pasado por una relación de pareja abusiva puede dejar en la persona un claro sentimiento de inferioridad. Son heridas a la autoestima que deben ser reparadas. Lo analizamos a continuación.

Me siento inferior a los demás, he tenido épocas mejores y momentos peores, pero a día de hoy no me veo competente para casi nada”. Este tipo de razonamiento se da con más frecuencia de la que pensamos. Es más, en ocasiones, tenemos a personas muy bien preparadas y aparentemente seguras de sí mismas que evidencian esta baja autoestima casi corrosiva que limita sus vidas.

Menosprecio hacia uno mismo, sentimientos de inadaptación, autoexigencia desmedida… A pesar de que gran parte de nosotros identifiquemos al instante los rasgos del clásico complejo de inferioridad definido por Alfred Alder en su día, cabe decir que estamos ante una dimensión mucho más compleja. Un ejemplo, muchos de estos casos pueden derivar en comportamientos autolesivos.

Aún más, si me siento menos que nadie, si me comparo con mis hermanos, amigos o compañeros de trabajo y me veo más torpe, menos competente o menos atractivo, puedo acabar odiando a quien me rodea. Cada persona, no obstante, desarrolla un tipo de conductas y dinámicas particulares. También tenemos a quien cae en aislamiento y hasta en depresión.

Comprendamos un poco más este tipo de situaciones.

Niño pensando que me siento inferior a los demás

Me siento inferior a los demás: características y estrategias de afrontamiento

Quien vive sintiéndose incompetente, falible e inferior a los demás habita sin saberlo con enemigos internos feroces. Su mente, su diálogo interno y una experiencia pasada bastante lesiva apagan cualquier atisbo de autoestima, cualquier fortaleza del autoconcepto. Y convivir con el “yo no puedo”, “mejor ni lo intento” y “esto no es para mí porque los demás son mejor que yo” destruye y agota.

Es interesante saber que el complejo de inferioridad fue acuñado por  el médico austríaco Alfred Adler, discípulo de Freud. Según él, todos los niños se definían por este rasgo dada su inferioridad en casi cualquier aspecto (tamaño, edad, sensación de poder). También comentaba que esa sensación, la de sentirse inferior, podía actuar como estímulo e impulso. Como necesidad para ir supérandonos día a día.

Hoy sabemos que no todos los niños asumen esa idea de ser inferiores a sus padres. Ahí tenemos, por ejemplo, el síndrome del emperador o el niño tirano. Es más, fue Gordon Allport quien señalaría que el sentimiento de inferioridad surge a partir de malas experiencias vividas en cualquier momento y el modo en que las interpretemos.

Esa vivencia puede calar de manera profunda en nosotros estancándonos, sumiéndonos en un estado emocional negativo y duradero. Analicemos un poco más los desencadenantes y las estrategias de afrontamiento asociadas en cada situación.

Estrategias para manejar los sentimientos de inferioridad con origen en la infancia

Crecer en un entorno familiar en el que rara vez se recibieron refuerzos positivos merma nuestro autoconcepto. Aún más, tener un hermano que siempre se llevaba los halagos o simplemente haber pasado los primeros años en un entorno exigente o despreciativo, hiere de manera profunda en el autoconcepto y la autoestima.

¿Qué podemos hacer en estos casos?

  • Reformular, separar y reescribir. Cuando uno vive una infancia definida por la carencia debe reformular y reescribir cada cosa transmitida, sentida e inculcada por otros. Es un trabajo de reestructuración de pensamientos casi constante. Si nuestra madre nos convenció de que no servíamos para esto y por aquello, es momento de cambiar ese pensamiento  “¿por qué no puedo ser bueno para eso que deseo? ¿quién lo dice? ¿y si lo intento?”.
  • Autoeficacia. Cuando una persona se dice aquello de “me siento inferior a los demás” posee un sentido de autoeficacia muy bajo. Ya desde niños les hicieron creer que eran torpes, falibles, flojos, ineptos… Para fortalecer la autoestima hay que trabajar la autoeficacia y para ello, es necesario involucrarse en pequeños objetivos y tareas con las que demostrarse a sí mismos de lo que son capaces.

Tras una lesión abusiva, me siento inferior a los demás ¿qué puedo hacer ahora?

Tener una relación afectiva con un narcisista. Haber vivido varios años con alguien que nos maltrataba. Dejar por fin una relación basada en la dependencia… Todas estas vivencias pueden lesionar el autoconcepto hasta convertirnos en alguien diferente: alguien definido por los miedos.

¿Qué podemos hacer en estos casos?

  • Fuera culpas. Tú no eres responsable de lo sucedido, no cargues sobre ti más negatividad y desprecio. Es momento de sanar tras todo lo vivido.
  • Empodérate. Es momento de levantar el rostro y preguntarte qué deseas. Traza nuevos planes en el horizonte, conoce gente nueva, apóyate en quien te quiere para recordar que la vida merece la pena, qué tu vales para lo que deseas.
  • Reconstruye tu autoestima día a día. Haz un cambio que te haga sentir bien y competente, como iniciar un curso, buscar otro trabajo, pensar en proyectos nuevos…

Sentimiento de inferioridad por raza, aspecto físico, discapacidad, limitaciones puntuales…

Otra razón por la cual es común experimentar sentimientos de inferioridad tiene su origen en aspectos sociales, físicos, culturales, etc. Ser una persona con sobrepeso, tener un color de piel determinado, estar dentro del espectro autista, sufrir una discapacidad… Todos estos hechos puede hacer que en ciertos casos, alguien se sienta en desventaja.

¿Qué podemos hacer en estos casos?

  • Cuidado con las profecías autocumplidas. Los sentimientos de inseguridad e insuficiencia alimentan de manera ineludible las profecías autoincumplidas. Es decir, si doy por sentado que no me cogerán en ese puesto de trabajo por tener baja estatura, por ser de otra religión, por ser obeso, etc… y decido no ir por esas razones, estoy limitándome yo mismo.

Las personas con baja autoestima esperan pocas cosas de sí mismas y nada del entorno que le rodea. Es necesario cambiar este enfoque y darnos oportunidades.

  • Vales más de lo que piensas y debes demostrártelo a ti antes que a los demás. La esencia de un complejo de inferioridad es caer atrapado en un ciclo de pensamientos, sentimientos y comportamientos negativos. Empieza a crear nuevos pensamientos y a alimentar nuevas emociones: “no tengo que demostrarle a nadie lo que valgo, no debo compararme con nadie porque a partir de hoy yo soy mi mejor referencia. Y voy a invertir en aquello que deseo lograr”.
Mujer triste dudando

Sentimientos de inferioridad y trastornos mentales

Hay un último aspecto que no podemos dejar de lado. Ideaciones como  “me siento inferior a los demás” aparecen también en múltiples trastornos psicológicos. Estudios como los realizados en la Universidad de Hamburgo por parte del doctor Stephen Moritz, por ejemplo, nos demuestran que los sentimientos de inferioridad suelen aparecer también en pacientes con esquizofrenia.

Por otro lado, las personas con un trastorno de la personalidad dependiente o el trastorno de personalidad por evitación también lo manifiestan. Asimismo, tampoco podemos obviar que detrás de la conductas autolesivas o incluso en los trastornos de la alimentación también puede estar presente.

En estos casos, es prioritario recibir ayuda profesional especializada. Albergar el sentimiento constante de que uno no sirve para nada y que los demás nos superan en todo delimita de forma abrumadora la calidad  de vida. No dudemos en recurrir a la terapia psicológica para redefinir ideas, sanar autoestimas y fortalecer autoconceptos.

  • Steffen Moritz, Ronny Werner & Gernot von Collani (2006) The inferiority complex in paranoia readdressed: A study with the Implicit Association Test, Cognitive Neuropsychiatry, 11:4, 402-415, DOI: 10.1080/13546800444000263