Mediar no va de hablar, sino de escuchar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 12 diciembre, 2017
Fátima Servián Franco · 12 diciembre, 2017

Los mediadores son aquellas personas que se dedican a tejer entendimiento entre hermanos que se pelean por una herencia, cónyuges que llegan a los tribunales por la custodia de los hijos y vecinos que se odian, llegando a conseguir que personas que no se miran a la cara, terminen dándose la mano. La presidenta de la Asociación Madrileña de MediadoresAna Criado Inchauspe, da la clave del trabajo del mediador; mediar no va hablar, va de escuchar.

Dicen los especialistas en medicación que el mejor acuerdo es aquel en el que ambas partes perciben que el otro también ha cedido. Y el que perdura en el tiempo. Los mediadores son “los segundones de la película”, las protagonistas son las partes. Así, su trabajo consiste en hacer preguntas para que las partes implicadas se escuchen y acaben aflorando las verdaderas necesidades.

Mediar parece ser también la palabra clave del escenario político. La mediación política participa de las características esenciales de la mediación y, por ende, el papel del mediador es el de un facilitador en la negociación, en el mero acercamiento de las partes, debiendo abstenerse de intervenir con proposiciones o con opiniones personales acerca del objeto de la controversia.

 Nadie puede hacerlo todo, pero todos podemos hacer algo.
Muñecos de madera representando una situación de mediación

Mediar: el entendimiento que se logra comprendiendo necesidades

Mediar consiste en descubrir que el bosque es mucho más amplio que la visión que atesoran las partes al comienzo de la negociación. En este sentido, es habitual que cada parte llegue con su discurso perfectamente elaborado. Lo han hablado con su entorno, lo tienen clarísimo, no les cabe la menor duda; sin embargo, en muchas ocasiones ese relato está construido sobre lo que sienten, no sobre lo que ocurre en realidad.

Los acuerdos, para que sean respetados, deben alcanzarlos y aceptarlos las partes. El mediador solo acompaña para que lleguen a ellos. Hay preguntas que pueden ser muy efectivas. Por ejemplo aquella que pregunta sobre el futuro: «¿Cómo os gustaría que fuera vuestra relación dentro de cinco años y qué debería ocurrir para hacerla realidad?»

Cuando cada parte logra comprender las necesidades de la otra, se produce la magia del entendimiento. De pronto se transforman, abren los ojos y empiezan las disculpas. Funciona así hasta en las situaciones más difíciles, incluso cuando ha habido violencia de por medio. La mediación no va de hablar, sino de escuchar las necesidades del otro.

Los principios rectores que guían e instrumentan la mediación son: la confidencialidad, la voluntariedad, la oralidad entre las partes y la plena comunicación entre las mismas, la imparcialidad del mediador interviniente.

Manos chocando

Las posiciones encontradas tienen mucho que ver con los sentimientos

El 90% de los conflictos se deben a la emoción (Ej.: el miedo a que el otro piense que, por ceder una vez, lo vamos a hacer siempre; el miedo a confesar lo que en realidad se busca por temor a mostrarnos vulnerables) y el resto a la falta de comunicación. Esto se produce en los enfrentamientos y las negociaciones que se dan en todos los contextos, ya sea una separación matrimonial o una disputa empresarial. Por otro lado, los conflictos más difíciles se dan con quien más queremos, la familia, los amigos, la pareja, la gente con la que tenemos confianza porque las emociones que entran en juego también suelen ser más fuertes y el historial de enfrentamientos más largo.

El conflicto es inherente al ser humano, a nosotros. Constantemente estamos inmersos en diferentes conflictos, no solo con otras personas, sino también con nosotros mismos. Como seres sociales que somos, estamos continuamente relacionándonos y a partir de esa interacción aparecen con frecuencia conflictos ante la existencia de intereses contrapuestos. En sí, ya no se trata tanto de que los intereses estén enfrentados, sino de que las partes lo perciban como tal. De hecho, el acuerdo que se alcanza en muchos casos es el de colaboración.

Como hemos dicho anteriormente, una de las causas más frecuentes en el desarrollo de un conflicto es la comunicación. La comunicación es básica en la relación entre dos o más personas y su curso puede desencadenar un conflicto o resolverlo, dependiendo de las estrategias que adopten las partes. En este sentido, el papel del mediador también es el de cuidar que los canales de comunicación permanezcan abiertos con un objetivo último: el de alcanzar un acuerdo que deje en alguna medida satisfechas a las dos partes.

Las posiciones encontradas surgen cuando todo lo construimos sobre lo que sentimos, no sobre lo que ocurre en realidad