Memoria y disociación, ¿por qué debemos explorar con cuidado?

¿Qué es la disociación? ¿Cómo se relaciona con el trauma? ¿Cómo recuerdan el trauma los consultantes? ¡En este artículo te lo contamos!
Memoria y disociación, ¿por qué debemos explorar con cuidado?
Gorka Jiménez Pajares

Escrito y verificado por el psicólogo Gorka Jiménez Pajares.

Última actualización: 21 octubre, 2022

La activación emocional que producen los hechos violentos y las situaciones angustiantes puede afectar a su recuerdo. La memoria y la disociación están ligadas. A veces, estos recuerdos duelen tanto que nos inducen a olvidarlo todo, incluso información que tenemos tan interiorizada como quienes somos y cómo nos llamamos. De esta forma, nuestra identidad se hace pedazos e, incluso a veces, dejamos de ser.

Los trastornos disociativos son trastornos mentales bien definidos y relacionados con una historia de trauma interpersonal, a menudo grave y crónica. También es frecuente encontrarlos en consultantes con una historia de vinculación o apego disfuncional con sus cuidadores primarios (padres, tutores).

¿Qué es y cómo se relacionan memoria y disociación?

Los fenómenos disociativos no son necesariamente patológicos. Sin embargo, cuando sí lo son, tienen una presentación clínica característica y un gran impacto en la calidad de vida de la persona. De esta forma, podemos ver reducida la capacidad de afrontamiento. Así, los trastornos disociativos interfieren significativamente en los diversos ámbitos de funcionamiento de la persona. Por ejemplo, en el trabajo, la escuela, las relaciones interpersonales, la pareja y otras áreas significativas.

La Clínica Mayo los define como aquellos trastornos que suponen una desconexión y una falta de continuidad entre los pensamientos, los recuerdos, los entornos, las acciones y la identidad. La institución menciona que una persona que sufre trastornos disociativos escapa de la realidad de formas no voluntarias y poco funcionales.

“La disociación es la interrupción o discontinuidad en la integración normal de la conciencia, la memoria, la identidad, la emoción, la percepción, la representación del cuerpo, el control motor y la conducta. Esta alteración de las funciones normalmente integradas puede ser repentina o gradual, transitoria o crónica”.

-APA, 2013-

Es importante destacar que la disociación no es un fenómeno que ocurra a voluntad propia. No es voluntaria. La Organización Mundial de la Salud (OMS), la define como “una interrupción involuntaria, o la discontinuidad, en la integración normal de uno o más de los siguientes aspectos: identidad, sensaciones, percepciones, afectos, pensamientos, recuerdos, control sobre los movimientos corporales o comportamiento. La interrupción o discontinuidad pueden ser completas, pero lo más habitual es que sea parcial y puede variar de un día para otro e incluso de hora en hora”.

Cabeza con truenos
La relación entre el trauma y la disociación está mediada por algunos factores psicológicos.

¿Por qué la disociación se relaciona con el trauma?

La teoría de la disociación estructural de Van der Hart expone que la disociación actuaría como el mecanismo del que disponemos para hacer frente al trauma. El trauma engloba desde el trastorno de estrés postraumático (TEPT), hasta cuadros postraumáticos mucho más graves, como la personalidad múltiple o el trastorno de identidad disociativo (TID).

“Generalmente se denomina trauma psíquico o trauma psicológico tanto a un evento que amenaza profundamente el bienestar o la vida de un individuo como a la consecuencia de ese evento en la estructura mental o emocional del mismo”.

-González-Vázquez-

Disociar es separar. Así, según esta teoría, el trauma produce una separación entre dos sistemas vitales para el funcionamiento del ser humano:

  • El sistema de defensa frente a la amenaza es el que se encarga de que ante los peligros que podamos encontrarnos generemos respuestas conductuales de lucha, huida o de sumisión. A este sistema, Van der Hart lo denomina “personalidad emocional”.
  • El sistema que se encarga de las tareas de la vida cotidiana, con el que nos relacionamos y vinculamos con los demás, el que permite el cuidado de los hijos, alimentarse o tener sexo. A este lo llama “personalidad aparentemente normal”.

Cuando recibimos el impacto prolongado de una situación traumática, ambos sistemas se separan. Se escinden. Se disocian. Y el nivel de gravedad de esta separación es mayor cuanto más grave es el trauma. Esto puede lugar a los trastornos disociativos que se derivan del trauma:

  • Amnesia disociativa: se refiere a la incapacidad de recordar información autobiográfica importante. Generalmente, la información que no se recuerda es de naturaleza traumática y estresante. No se debe a olvido ordinario. Supone el resultado de un defecto de la memoria y disociación.
  • Fuga disociativa: consiste en el deambular aparentemente con un propósito o en un vagabundeo desorientado.
  • Despersonalización: experiencias de irrealidad, distanciamiento o de ser un observador externo respecto a los pensamientos, sentimientos, sensaciones, el cuerpo o las acciones de uno mismo. Por ejemplo, alteraciones de la percepción, sentido distorsionado del tiempo, irrealidad, ausencia del yo o embotamiento emocional.
  • Desrealización: experiencias de distanciamiento respecto al entorno. Por ejemplo, cuando experimentamos los objetos como irreales, como en un sueño, nebulosos, sin vida o visualmente distorsionados.
  • Personalidad múltiple o trastorno de identidad disociativo: es una perturbación de la identidad. Se caracteriza por dos o más estados de personalidad bien definidos. En algunas culturas puede describirse como experiencias posesión.

“La identidad es el conjunto de pensamientos, valores, recuerdos y elementos contextuales que constituyen la personalidad, el carácter, el modo de vida y la forma de actuar de un individuo. Es un constructo complejo que proporciona la imagen consistente de uno mismo, y que se va formando constantemente en cada persona, en un continuo proceso de adaptación al medio y a la cultura que la rodea”.

-González Vázquez-

Memorias frágiles: ¿por qué debemos explorar con cuidado?

A la hora de explorar sobre la disociación, es necesario tener en cuenta algunos aspectos:

Antes del diagnóstico

A la hora de la evaluación, es importante detectar diversos aspectos que resultan fundamentales para el diagnóstico:

  • Si existe amnesia, y si esta es total o parcial. Tenemos que atender, nuevamente, a la memoria y a la disociación. ¿Está relacionada con la historia personal de la infancia y la adolescencia?
  • Si existen otros diagnósticos psiquiátricos a lo largo del tiempo, cada uno con un perfil de síntomas distinto. Fundamentalmente, psicosis, trastornos del estado de ánimo y trastornos de personalidad.
  • Si la amnesia se produce en forma de conversaciones espontáneas o en el contexto del daño autoinfligido (es decir, conductas autolíticas, de daño a uno mismo como cortarse, quemarse, pegarse).
  • Si, tras pasar por varios tratamientos, el trastorno se “resiste” a mejorar.
  • Si existe trastorno límite de la personalidad con daños autoinfligidos graves que no mejora a pesar del tratamiento.
  • Si aparecen de manera espontánea síntomas en la adultez tras una trayectoria de buen funcionamiento.

Memorias y disociación

No hay motivo para dudar de un recuerdo que nos traiga un consultante a sesión. Es necesario explorar con cuidado y de forma no dirigida. Es decir, explorar sin hacer preguntas que tengan una respuesta implícita. Hay que dejar que el consultante exponga su recuerdo tal y como lo recuerda. Los recuerdos habitualmente no son literales y pueden ser fácilmente modificados por el terapeuta.

Como hemos mencionado, el trauma se asocia con la disociación, pero esta relación no es directa. No siempre que vivimos una situación de trauma desarrollamos disociación. ¿Qué está en el medio de la relación entre trauma y disociación? Factores psicológicos de la persona como la regulación emocional. No todos reaccionamos ante una misma situación de la misma manera.

Hombre haciendo terapia
La relación entre memoria y disociación está moderada por la forma en la que respondemos a los acontecimientos.

Fiabilidad de los relatos de testigos

Podemos pensar que, dado que el suceso que hemos vivido puede llegar a tener una repercusión tan grande en nuestra vida, esta información se retendría mucho mejor que otras. La evidencia científica aún no tiene la respuesta. Existen estudios contradictorios. Lo que sí sabemos es que la información del trauma se almacena de forma diferente al resto de informaciones.

Los estudios que han analizado hechos de la vida real proponen que aquellos acontecimientos negativos que devienen en trauma se recuerdan mejor. Son más detallados, exactos y más persistentes en nuestra memoria. Pero los recuerdos están sujetos a las mismas leyes que el resto de los recuerdos: la distorsión.

Lo esencial de la información permanece, pero los detalles van sufriendo cambios, como las nubes que se hacen jirones, con el paso del tiempo. Y no existe evidencia científica que respalde que, a mayor intensidad de la experiencia, exista un mejor recuerdo del trauma en toda su magnitud.

Lo único que, en la actualidad, podemos afirmar con una cierta rotundidad es que, a mayor intensidad de la situación traumática, mejor recuerdo solamente de los detalles centrales y críticos, pero no de los periféricos. Precisamente por esta razón, debemos explorar con cuidado y de manera no dirigida. Para no “implantar” en el consultante memorias falsas.

“Una memoria falsa es aquella que tiene todas las características del recuerdo real (creencia, imágenes y detalles), pero que no se corresponde con ningún episodio real que haya vivido la persona, al menos tal y como lo recuerda”.

-Belloch-

En conclusión, cabe decir que las víctimas de situaciones traumáticas no olvidan los hechos traumáticos. Recuerdan. Recuerdan mucho. Demasiado. Recuerdan tanto que duele. Especialmente aquellos recuerdos que contienen las escenas centrales, aunque el resto de información pueda estar deteriorada y empobrecida por el paso del tiempo.

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  • American Psychiatric Association - APA. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 (5a. ed)
  • Belloch, A; Sandín, B; Ramos, F. (2021). Manual de psicopatología. Capítulo trastornos disociativos. McGrow-Hill. McGrow-Hill.
  • Luna, K., & Migueles Seco, M. M. (2007). Memoria de testigos: patrón de distorsión de los recuerdos por la presentación de información falsa.
  • Migueles, M., & García-Bajos, E. (2004). ¡ Esto es un atraco! Sesgos de la tipicidad en la memoria de testigos. Estudios de Psicología25(3), 331-342.

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