Mentirme es otra forma de descubrirme una verdad

Cristina Medina Gomez · 19 noviembre, 2015

Grito a los cuatro vientos que quiero la honestidad y la sinceridad por encima de todas las cosas. Se la pido a la gente que me rodea y me siento segura cuando sé que me están diciendo la verdad ante cualquier tema que se me presente, hasta el más banal de ellos. Mentirme no sirve de nada…

Lo que ocurre es que, a veces, a la que le falta sinceridad es a mí o, al menos, así lo creo en un primer momento. Lo que trato de explicar, en otras palabras, es que haberme creído sincera conmigo misma cuando en realidad no lo era ha sido para mí mucho más difícil que encajar una mentira ajena. 

“Que ser valiente no salga tan caro,

que ser cobarde no valga la pena…”

-Joaquín Sabina-

Me he mentido porque creí que sería más fácil

Siempre había creído que la gente me mentía por cobardía, porque todos sabemos que ser sincero es mucho más complicado. Ya sabemos también que a la hora de decir o no cualquier cosa entran en juego muchos factores que pueden maquillarse mintiendo.

Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que mentir a los demás quizá puede ser un acto cobarde -entendiendo que no se puede generalizar-; pero, mentirse a uno mismo es un acto que supura miedo por cada poro de nuestro cuerpo.

Mujer rodeada de hojas

Aquel que se miente muchas veces puede tener un problema de otra índole, pero quien se miente en momentos puntuales probablemente esté ocultándose una verdad que le da miedo y no lo sabe o no lo quiere saber. En ese tipo de situaciones yo me mentí porque creía que sería más fácil seguir adelante.

La verdad es del corazón y no se le puede contradecir

Me equivocaba: no se puede seguir adelante de esa manera porque las mentiras, en cualquier caso, nos llevan a callejones sin salida, a decepciones, a sufrimiento y a roturas -con nosotros o con los demás-.

De hecho, entendí que a mi cabeza podía ocultarle lo que quisiera y que ella podía seguir adelante por sí sola, pero nunca podría avanzar por entero. A mi corazón no podía engañarle: él no podía avanzar si no le hacía caso. No podía contradecirle y mintiéndome solo estaba negando su verdad.

“Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.”

-Mario Benedetti-

Me dí cuenta entonces que en la lucha corazón-razón cuando se trataba de mí misma siempre vencería el corazón: mentirme me había hecho ver que no estaba siendo sincera y que tenía que serlo. Quizá me di cuenta tarde, como suele pasar cada vez que nos sentimos así de perdidos, pero hacerlo me permitió comenzar a ser feliz.

Mirarse y mirar a la verdad a la cara

Para lograr hacerlo tuve que atreverme a mirarme por dentro, superar todos mis monstruos y enfrentar lo que no quería escucharme decir en voz alta. Deje de mentirme cuando me ilusionaba más de la cuenta con cualquier cosa, deje de mentirme cuando me enamoraba y no quería hacerlo, cuando pensaba que había superado algo y en realidad no era así…

“Tú te mereces lo mejor del mundo, porque tú eres una de esas personas que, en este mísero mundo, siguen siendo honestas consigo mismas y esa es la única cosa que realmente cuenta.” 

-Frida Kahlo-

Conforme he ido creciendo he aprendido algo que me aplico y aconsejo cada vez que puedo: que en este mundo tan lleno de nostalgias y cada vez más frío, mirar por nuestra felicidad es una exigencia moral.

Pájaros volando alrededor de una flor

Me tengo que permitir ser feliz cada vez que pueda porque motivos para no serlo siempre hay. Me tengo que grabar siempre que si dudo de aquello que me aporta bienestar, si no hace daño a nadie, no puedo negarlo nunca.

Tengo que darme esa oportunidad siempre que sea posible: que mentirme siempre es una opción que no lleva a nada que no sea descubrirme una verdad. Que mentiras ya nos cuentan bastantes.