La metáfora de Lete y Mnemósine en neurociencia

Cuenta la leyenda que en el Hades fluyen dos ríos: Lete y Mnemósine. Quien beba del primero olvidará su existencia, quien lo haga del segundo, lo recordará todo. Esta historia evoca una función muy importante de nuestro propio cerebro...
La metáfora de Lete y Mnemósine en neurociencia
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 22 diciembre, 2022

Olvidar información es, a veces, tan o más importante como recordarla. Sin embargo, a menudo nos frustramos porque el cerebro emborrona datos, experiencias e imágenes que no podemos recuperar con claridad. Se nos desvanecen rostros y hasta nos cuesta ubicar dónde conocimos a ciertas personas, dónde hemos guardado las llaves o cómo se llamaba ese hotel en el que lo pasamos tan bien.

Lo cierto es que vivimos en un mundo que nos transmite la idea de que la memoria es reflejo de la salud cognitiva. Es la clásica función ejecutiva que más ejercitamos en la escuela. Memorizamos para asentar información nueva, para aprender y aprobar exámenes, pero al cabo del tiempo… Parte de esa información se difumina y se desvanece como el humo que escapa por la ventana.

La olvidamos por un principio de eficiencia cerebral: lo que no se usa, se elimina y esto también es salud. Es así como se mantiene y optimiza ese sutil equilibrio neurológico que cuida de nuestros recursos mentales. Porque más allá de lo que nos insisten a menudo, el cerebro no es un ordenador. Es un órgano con capacidades limitadas que necesita economizar.

Olvidar nos permite vivir mejor y esto nos evoca una bella leyenda griega que ejemplifica muy bien ese proceso de recuerdo y borrado.

Descartar detalles inútiles es un principio de eficiencia cognitiva básico para nuestra supervivencia.

árboles representando la metáfora de Lete y Mnemósine
Olvidar es bueno para la memoria.

La metáfora de Lete y Mnemósine: ¿en qué consiste?

Cuenta la mitología griega y también el libro La República de Platón que en el Hades había dos ríos: Lete y Menemósine. El primero provocaba el olvido a quien lo bebía y el segundo favorecía el recuerdo. En algunas inscripciones funerarias halladas del siglo IV a. C., se decía que los muertos bebían del río Lete para olvidar sus vidas y así no poder recordar sus existencias pasadas cuando se reencarnaran.

Por su parte, Platón explicaba que en Grecia existían grupos que practicaban la religión mistérica. A sus iniciados se les pedía beber del río Mnemósine para alcanzar una supuesta iluminación. Recordar cada detalle de sus vidas presentes y anteriores se percibía como una forma de revelación. Cuando en realidad, semejante idea, si pudiera materializarse y fuera cierta, nos enloquecería.

El cerebro no está preparado para guardar cada dato, detalle, imagen, palabra o experiencia. Es más, el ser humano y también los animales necesitan olvidar para recordar. ¿A qué se debe tal paradoja? Lo analizamos.

Toda forma de organismo está programada para olvidar información no importante. Es así como se asientan nuevos aprendizajes y se favorece la supervivencia.

Lete, olvidar para desarrollarnos mejor

Los griegos pensaban que el efecto de beber de Lete llegaba hasta la primera infancia. Esto explicaba por qué las personas no podemos recordar nuestro nacimiento ni esos dos o tres primeros años de vida. Sin embargo, si un niño no recuerda sus primeros cumpleaños, se debe a un proceso tan necesario como fascinante: la neurogénesis cerebral.

Antes de nacer y durante los primeros meses de vida, los bebés producen un gran número de neuronas. Poco a poco, aparecerán las primeras sinapsis y las podas neuronales. Es decir, se eliminan conexiones sinápticas para dar forma a un cerebro más especializado y eficiente. En ese proceso se borran recuerdos, pero se logra una mayor fortaleza y agilidad cognitiva.

En neurociencia, el olvido es un mecanismo activo que inicia su funcionamiento desde edades muy tempranas.

Toda especie que tiene memoria, olvida

La metáfora de Lete y Mnemósine de la neurociencia señala que todo ser vivo que tenga memoria deberá olvidar para sobrevivir. De este modo, un estudio realizado en el The Scripps Research Institute Florida, por ejemplo, destaca algo interesante. Si la dopamina es esencial para asentar los recuerdos y el aprendizaje, también lo es para favorecer el olvido.

Esto aparece tanto en el ser humano como en las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster). Mamíferos, reptiles, aves, peces, insectos y hasta los hongos evidencian la función del olvido como uno de sus mecanismos más básicos.

Tanto es así, que figuras como el psicólogo cognitivo Oliver Hardt, de la Universidad McGill en Montreal, Canadá, señala que todo organismo, por simple que sea, debe borrar información de manera constante. Solo así podrá adaptarse mejor a su medio.

Eliminar lo artificioso, recordar lo esencial

Algo que saben bien los expertos en criminalística y psicología forense es que un testigo rara vez recordará con absoluta precisión un hecho. En estas vivencias se cumple la metáfora de Lete y Mnemósine. Es decir, hay que olvidar ciertos datos para recordar (priorizar) otros. Así, que carezcamos de una memoria fotográfica y exacta cumple un fin adaptativo tan lógico como eficaz.

Pensemos en la persona que sufre un robo con agresión. Si recordara el color de los cordones de los zapatos, el descosido que llevaba el agresor en el vaquero, el sonido que hacía su cazadora al moverse o el ángulo del sol reflejándose en él, estaría guardando datos en el cerebro de lo más inútiles.

El cerebro solo desea retener la información esencial de una vivencia para estar preparado ante situaciones futuras. Lo demás es artificioso. A él no le sirve saber de qué color era el pelo del delincuente (a la policía sí). Le interesará más asentar en qué contexto sucedió ese hecho para estar prevenidos.

Personas que “beben” de Mnemósine (hipertimesia)

La hipertimesia o síndrome hipertimético define una condición rara en la que una persona es capaz de recordar con excepcional detalle buena parte de sus experiencias de vida. Cabe señalar que la incidencia es muy baja entre la población y que, en el 2005, la Universidad de California publicó un estudio describiendo el caso de una mujer.

Podríamos decir que los hipertimésicos han bebido de las aguas del río Mnemósine. Su recuerdo no responde a ninguna técnica mnemotécnica, sino que es automático y espontáneo. Esto nos puede parecer un don fuera de serie, pero no lo es. Quienes evidencian esta particularidad presentan ciertas características similares al autismo.

Además, estos hombres y mujeres se sienten mentalmente agotados, lo cual dificulta su rendimiento cognitivo. Recordar datos, escenas y experiencias de forma involuntaria y constante es algo que viven con una carga. No son genios ni evidencian una inteligencia más alta que la media, más bien al contrario.

Las personas con hipertimesia pasan una cantidad excesiva de tiempo pensando en el pasado y son incapaces de controlar los recuerdos que aparecen en su mente. Esto les impide focalizarse en la realidad.

Cerebro de un niño iluminado representando la metáfora de Lete y Mnemósine
El olvido y el recuerdo configuran un perfecto equilibrio que salvaguarda nuestra eficiencia cognitiva.

La memoria (Mnemósine) facilita nuestros aprendizajes y la adaptación al entorno. Gracias a ella adquirimos experiencias y nos actualizamos día a día en cuanto a conocimientos y sabiduría. Sin embargo, el olvido (Lete) es lo que nos permite avanzar como especie al modelar un cerebro más ágil, más eficiente, capaz de guardar la información valiosa y de eliminar la que es poco útil.

En el equilibrio está nuestro éxito cognitivo, en esa confrontación de fuerzas se esconde nuestra supervivencia.

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