Mi familia no acepta que mi pareja sea mayor que yo

12 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Sabemos que el amor va más allá de los números sin embargo, aún hay familias que no aceptan que sus hijos o hijas tengan parejas más mayores. ¿Cómo deberíamos actuar ante este tipo de situaciones? La analizamos.

“Mi familia no acepta que mi pareja sea mayor que yo”. Más allá de lo que podamos creer, estas situaciones siguen dándose cada día. La diferencia de edad se alza en en algunos casos como un obstáculo, como un claro prejuicio para muchas personas. Tanto es así, que este hecho puede actuar a nivel familiar como motivo de discusiones y hasta de distanciamientos.

Resulta llamativo que a pesar de nuestro progreso como sociedad, algunas mentalidades sigan ancladas en ideas y preconcepciones caducas. Seguimos dando importancia a la edad en materia de amor. De hecho, se sigue desconfiando de la mujer joven que empieza a salir con un hombre más mayor. Como también se acompaña de críticas a la mujer madura que contrae matrimonio con un hombre diez o veinte años menos.

No falta quien señala que lo que hay tras esa relación es producto del interés económico, del encaprichamiento del adulto mayor por el joven y que en ese vínculo puede haber de todo menos amor auténtico, de ese que traza un compromiso duradero. Bien es cierto que en contadas ocasiones puede ser así.

Sin embargo, el afecto real no sabe de años, entiende de afinidad, atracción, valores e intereses compartidos. Profundicemos un poco más en este tema.

Pareja sentada en el sofá representando que mi familia no acepta que mi pareja sea mayor que yo

Mi familia no acepta que mi pareja sea mayor que yo ¿qué puedo hacer?

A menudo, suele decirse que el hecho de que los padres no acepten a la persona que los hijos eligen como pareja es un problema tan viejo como el propio tiempo. Ya nos habló de ello William Shakespeare en Romeo y Julieta. Ahora bien, si mi familia no acepta que mi pareja sea mayor que yo, no tiene por qué terminar en tragedia: los tiempos son otros y los desenlaces fatales abundan solo en las obras teatrales.

No obstante, queda claro que esta realidad no deja de ser una situación que genera sufrimiento y contradicción. Los hijos de padres desaprobadores se ven entre la espada y la pared. No importa que sean adultos o que ya tengan su vida independiente. Siempre se vivirá con incomodidad el hecho de que los progenitores vean con malos ojos a esa persona de la que estamos enamorados.

Por más atemporal y caduco que nos parezca este tema, sigue sucediendo. Y duele por un hecho muy concreto. La familia es, al fin y al cabo, nuestro primer vínculo de apego y su opinión pesa, siempre la escuchamos y nos afecta de un modo u otro. ¿Qué podemos hacer entonces en caso de que nos veamos en esta misma tesitura?

Debemos pedirles una razón específica y clara de por qué rechazan a nuestra pareja

Nuestros padres pueden rechazar a la persona que amamos por diversas razones; unas pueden ser lógicas y respetables, mientras que otras podrían caer en el puro prejuicio. El hecho de que el rechazo parta de los años de diferencia en la pareja, es un claro ejemplo de esto último. Este tema no debería ser un problema a menos de que seamos menores de edad.

Rechazar a nuestra pareja por su raza, sexo, religión, orientación política o condición social, etc. nunca será un argumento válido que podamos aceptar. Es necesario, por tanto, que especifiquen de manera concreta qué problema puede suscitar a día de hoy la diferencia de edad. Deben darnos razones objetivas y claras para que podamos entenderlas y argumentarlas de manera asertiva.

No enfrentes la crítica con la crítica o la situación empeorará

Hay que tener claro un pequeño aspecto: la familia sea aferra a unas ideas y a unos valores que han mantenido siempre y que no van a cambiar. Adherirse a ellos les da seguridad, sin importar lo caducos e insostenibles que nos parezcan. Puede incluso que sus intenciones sean buenas, porque nos quieren y desean lo mejor para nosotros.

Esto es algo que debemos tener presente porque a veces podemos derivar en discusiones sin sentido. Enfrentarles con críticas y discusiones subidas de tono no soluciona nada. Es mejor no llegar a estos extremos, lo ideal es escucharles y hacer que nos escuchen: hemos elegido a una persona determinada y para nosotros, la edad no es problema. Hablaremos con respeto, claridad y convicción.

Prohibido mantener la relación en secreto

Cuando mi familia no acepta que mi pareja sea mayor que yo puede que mi primera idea sea mantenerlo todo en secreto. ¿De verdad es una buena idea? En absoluto. Amar a alguien supone no avergonzarnos de nada y, por tanto, lo último que debemos hacer es escondernos o mentir.

Si estamos seguros de que la otra persona también siente lo mismo, que el compromiso es auténtico y los sentimientos no ponen en duda nada, hay que seguir adelante. La seguridad en uno mismo y en la autenticidad de ese vínculo es lo que nos irá abriendo camino a pesar de las reticencias familiares.

Pareja con diferencia de edad

Mi familia no acepta que mi pareja sea mayor que yo: lidiar el rechazo con pequeños acercamientos

Si somos adultos y esa relación prospera y nos confiere felicidad hay que ser valiente para seguir adelante. Bien es cierto que está el arraigo, el apego, la necesidad de no hacer daño a la familia. Sin embargo, no debemos perder de vista un hecho: toda forma de amor parte del respeto. Si nuestros padres nos aman deben aceptar nuestras decisiones.

Si esto no sucede estaremos obligados a aceptar la realidad. Si mi familia no acepta que mi pareja sea mayor que yo, siempre puedo organizar pequeños acercamientos informales. La idea es que vayan tomando conciencia de que ese compromiso no se va a romper, que somos felices y que si no entienden ni empatizan con nuestra felicidad, es que algo falla.

Cuando uno sabe lo que quiere y está seguro de ello, no deben existir obstáculos. La diferencia de edad no tiene por qué ser un problema. El afecto no sabe de números, sabe de hechos, valores compartidos y sentimientos que nos hacen crecer.