Mi pareja, ¿mi propiedad?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 3 enero, 2018
Yamila Papa · 8 febrero, 2015

Hay una canción que narra a la perfección esa sensación de poseer a las personas como si fueran cosas. Dice así: “Para que sepan todos, a quién tu perteneces, con sangre de mis venas, te marcaré la frente, para que te respeten aún, con la mirada, y sepan que tu eres mi propiedad privada

Algunos individuos pueden ser demasiado absorbentes y posesivos con quienes los rodean. Como si se trataran de un juguete o de un objeto, creen que sus familiares y amigos “son de su propiedad” y lo que es peor, no quieren compartirlos con nadie.

Es verdad que cuando estamos enamorados decimos frases como “soy solo tuyo”, “eres por siempre mío” pero son promesas apasionadas, que solo demuestran los sentimientos que tenemos. El problema radica cuando uno de los dos integrantes se toma demasiado en serio esas frases y considera que “SU” esposo/a no puede ser de nadie más, tan solo de su propiedad.

Esto no quiere decir que esté bien aceptar o apoyar la infidelidad y que la pareja tiene carta blanca para hacer lo que desea con otra persona. Se refiere a que ningún ser en esta tierra tiene derecho a pasar tiempo con “nuestra propiedad”.

Nuestra pareja nunca, bajo ningún punto de vista, nos pertenece. Somos dos seres individuales que han unido sus vidas para atravesar juntos este sendero, pero hasta allí llega la “posesión”.

Si tu pareja está a tu lado es porque así lo quiere, no porque tu lo obligues a ello, no la has comprado ni tienes un contrato que indica que es una especie de esclavo o algo por el estilo.

Mujer celosa espiando a alguien que cree es de su propiedad

“Mío, solo mío”, un mal sentimiento de propiedad

Los especialistas indican que las personas que consideran a su pareja como una propiedad no dejan que tenga amistades, arman escenas de celos en cualquier sitio, pueden protagonizar un escándalo de la nada y desconfían hasta de las piedras que pisa el otro. El problema radica en una falta de autoestima.

La falta de amor propio y de seguridad en nosotros mismos es lo que nos hace pensar que la otra persona (que nos hace felices o nos ayuda en ciertos aspectos de la vida) es de nuestra propiedad.

La persona afectada cree que en cualquier momento aparecerá alguien para quitarle aquello que tanto ama (o cree amar), que siempre habrá gente mejor, más bonita y más interesante para que la pareja la engañe, etc.

Como dicen los niños pequeños con un juguete que les gusta mucho: “es mío, solo mío”. Esto es muy frecuente en alguien con poca autoestima o que solo piensa en sí mismo. Claro, porque ser posesivos implica no querer que el otro sea feliz, no estar dispuestos a compartir, aunque en ocasiones estos comportamientos sean inconscientes.

“El apego dice, hazme feliz; el amor dice, quiero que seas feliz”.

-Tenzin Palmo-

“Si no está conmigo, no puede estar con nadie”. Esta frase puede parecer algo drástica pero es la realidad que le toca vivir a muchas personas cuyas parejas son posesivas y celosas al 100%. No importa el momento del día ni lo que estén haciendo, llaman por teléfono a su pareja para saber qué está haciendo, con quién está, cuándo regresa, etc.

Si llegan unos minutos tarde porque perdieron el autobús o hubo un accidente en la carretera, ya es motivo de pelea: “¿dónde estabas? ¿con quién estuviste? Seguro me estás engañando” son las recriminaciones más escuchadas. Todo por considerar que el otro les pertenece y que forma parte de su propiedad.

Hombre celoso que cree que su pareja es de su propiedad

¿Cómo vivir con un celoso-posesivo?

Es algo, sin duda, muy difícil de tratar y en muchos casos termina en divorcio o separación. Para poder evitar esto, es necesario saber como primera medida que aquella persona con celos incontrolables tiene un problema que es necesario tratar. ¿Cómo? Puede ser con terapia, con charlas o con demostraciones de afecto para que se cuenta de que no hay nada ni nadie que pueda cambiar nuestros sentimientos hacia él/ella.

Si tu pareja acepta hacer terapia para tratar sus celos, tú también puedes ayudar. Haz todo lo posible para que se sienta segura de sí misma, aliéntala a que haga cosas nuevas, felicítala cada vez que hace algo bueno, dile que la amas hasta el hartazgo, trata de minimizar las discusiones y, sobre todas las cosas, demuéstrale que no la dejarás sola, menos en este momento tan especial.

Sin embargo, no siempre tenemos que pasar por relaciones tan tóxicas. Por lo que si vemos que nuestra pareja es incapaz de cambiar con el tiempo y hasta con ayuda, lo mejor será dejar la relación. Todos podemos actuar mal, y todos podemos aprender y cambiar. Lo que no significa que tengamos que estar años sumidos en una relación que poco a poco nos vaya hundiendo y apagando la llama de la felicidad.

Libre elección

Todas las relaciones tienen un principio y un fin. Si dejamos de lado el “hasta que la muerte os separe”, el fin de una relación suele ser por decisión mutua o por decisión de uno de los componentes. Y aquí radica un punto muy importante. El inicio de una relación es cosa de dos, pero el final basta que sea cosa de uno.

Estar en una relación es una libre elección de cada uno de los integrantes. Por tanto, cuando la relación llega a su fin por decisión de uno de los dos, debemos dejar marchar a la otra persona. Esto no quita que intentemos recuperarla, pero sin llegar a la obsesión ni al acoso.

En el caso de que nuestra pareja piense que somos de su propiedad y no haya cambiado con el paso del tiempo, lo mejor será poner tierra de por medio. No somos de nadie, así pues, deberemos ejercer nuestro derecho a la libertad. Ni pertenecemos a nadie, ni nadie nos pertenece. Y comprender esto es clave para mantener una relación basada en el respeto.