Miedo a la insignificancia: la epidemia actual

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Fátima Servián Franco
· 19 marzo, 2019
Ahora nos comparamos con personajes inalcanzables, productos del marketing, y eso nos hace sentir en desventaja. Este miedo a la insignificancia es una de las epidemias modernas. Esto es triste en realidad, porque la mayoría de imágenes son falsas y muy elegidas, Es muy importante que la gente aprenda a tener sus propios valores y sus propias metas.

El miedo a la insignificancia es una de las epidemias actuales. Los humanos somos comparadores, de la misma forma que somos envidiosos. Necesitamos una referencia para saber si estamos en un lugar que nos permitirá sobrevivir o no. ¿Con quién nos comparábamos hace muy poco tiempo? Con nuestra familia o con la gente que había en nuestro pueblo, o  barrio, y que pensaban de manera similar a ti.

Ahora nos comparamos con personajes inalcanzables, productos del marketing; comparaciones en las que siempre “salimos perdiendo”. Este miedo a la insignificancia es una de las epidemias modernas. Eso es penoso porque, en realidad, la mayoría de imágenes están manipuladas.

Frente a ello, es muy importante que la gente aprenda a tener sus propios valores y fijar sus propias metas. Como somos una sociedad que trabaja tan poco lo interno, el miedo a la insignificancia ha ganado terreno, hay muchas personas que crecen sin tener claro qué es importante para ellos.

No lo hagas por fama, no necesitas ser alguien; todos somos alguien desde que nacemos.

Mujer triste pensando en el efecto spotlight

Frente a muchos influencer, pocos referentes

Vivimos en un mundo tecnológico, tendiendo además a un mundo todavía más tecnológico. Tenemos al alcance de nuestras manos medios que permiten comunicarnos a nivel global de forma personal o anónima.

Las redes sociales ponen a nuestra disposición un espacio para expresar lo que sentimos y pensamos. Esto es utilizado por las marcas para acercarse a las personas y por las personas para acercarse a las marcas.

Las empresas dedican cada vez más presupuesto para incrementar su comunidad de seguidores activos en las redes sociales; buscan que sean estos los que recomienden sus productos y servicios en lugar de hacer publicidad directamente. Cada vez son más las compañías que apuestan por esta fórmula y sobre todo cada vez más las que están dispuestas a pagar por ello.

Los influencers, en su mayoría, son marcas enmascaradas. Proyectar vidas manipuladas no es influenciar. El peligro que puede generar un gran número de influencer está en el prototipo distorsionado que proyectan como referencia. Recordemos en este punto la importancia de la educación, la responsabilidad y el esfuerzo personal. Estamos confundiendo a nuestros jóvenes, no tienen que pedir una carga ligera, sino una espalda fuerte.

Vivimos en un mundo en el que las marcas quieren ser personas y las personas quieren ser marcas

El estigma negativo de la mediocridad: la normalidad desvalorizada

La normalidad mueve al mundo. La normalidad ha marcado nuestra evolución como especie y la seguirá marcando. En la actualidad se respira un creciente sentimiento de desvalorización hacia la normalidad, cuando es uno de los pilares básicos para que nuestras sociedades funcionen.

Cada vez son más los padres que intentan que sus hijos destaquen en algún campo, deporte, escuela, música, etc.; el problema es que están dispuestos a pagar un precio muy alto para conseguirlo (en algunos casos ni siquiera son conscientes de que están pagando un precio). Esto acrecienta este miedo actual a la insignificancia. Nuestra misión será sembrar en los más pequeños la idea de que ellos mismos son responsables de los objetivos y metas que persiguen, con todo lo que esto supone.

Educar en la frustración, el esfuerzo personal y en lo colectivo, desde la iniciativa individual, le dará una oportunidad a la generación venidera de no sufrir esta epidemia. Pensemos que, en muchos casos, este miedo a la insignificancia acaba en trastornos de ansiedad y depresión.

El ser significativo en la sociedad no nos garantiza el bienestar, ni la felicidad, es más puede no ayudar o restar. Las nuevas epidemias sociales nos desvían de nosotros mismos, de nuestras metas propias. Constantemente nos bombardean con metas externas y ajenas, creando directa o indirectamente insatisfacciones y necesidades inexistentes para alimentar un consumo excesivo.

A continuación, os dejamos un enlace de la serie Gente hablando donde en el capítulo El astronauta un padre intenta convencer a su pareja de comprar un traje espacial muy caro a su hijo porque ha dicho que de mayor quiere ser astronauta. Él cree que ayudará a alimentar sus ilusiones, y ella que le creará frustración a la larga. La pareja examina la autorrealización a través de los hijos y el estigma negativo de la mediocridad en una discusión donde razón y sentimiento paternal se enfrentan.

  • Castoriadis, C. (1998). El ascenso de la insignificancia. Universitat de València.
  • Punset, E. (2014). El mundo en tus manos: no es magia, es inteligencia social. Grupo Planeta Spain.