Miedos de la infancia ¿Cómo analizarlos?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 3 julio, 2017
Yamila Papa · 1 julio, 2014

Los niños atraviesan por tres etapas de temores: cuando son bebé, a los 4 años y a los 7 años. En esos momentos, es cuando más sienten los miedos, las angustias, los fantasmas y los terrores. Esto es normal y hasta se podría decir que “esperable”, ya que se trata de señales de alarma, internas, que nos ayudan a prestar más atención de nosotros mismos, cuidarnos y preocuparnos.

Puede que la intensidad de los miedos se diferente según la sensibilidad del niño o la manera en que se lo crió desde pequeño. También según el entorno, cómo los padres actúan frente a sus temores, qué ideas tiene sobre el mundo (si es peligroso), etc.

Según los expertos, durante los primeros meses de vida una persona no tiene miedo porque es como si fuera “una extensión” de su madre. Recién a los ocho meses (conocido como “la angustia del octavo mes”), el bebé reconoce el rostro de su mamá y allí empieza el primer temor: no querer separarse de ella, llorar ante rostros diferentes, etc. Esto se combina justo con la etapa de la dentición, que es muy dolorosa y el miedo a lo desconocido se instala.

A los dos años se produce la ruptura de la simbiosis, es decir, que el bebé se reconoce como un ser separado de su mamá. En ese momento, los miedos empiezan a aparecer porque se tiene un poco de noción del peligro. Miedo a quedarse solo, a un cuarto oscuro, a los bichos, a los animales, a los ruidos, a los sitios desconocidos, etc. Esto hace que se “arrimen” más a los padres, quieran dormir con ellos, surjan las pesadillas, los gritos de terror por la noche, etc.

A los cuatro años, el miedo resurge al integrarse a un jardín de infantes, de conocer nuevos espacios y personas. También es el momento donde “aparecen” los fantasmas, los monstruos, los malos y en algunos casos, la muerte.

Esta sensación se experimenta nuevamente a los 8 o 9 años, siendo muy frecuente que los niños pregunten a sus padres si nunca se van a morir, por ejemplo. El salto madurativo en esta etapa se relaciona con lo intelectual y esto también puede atraer a los temores. Sienten miedo por la inseguridad, por los robos, las muertes, la separación de los padres, los terremotos, las tormentas, etc, es decir, cosas que hasta el momento no habían pensado.

Preguntas y respuestas en relación al miedo en los niños

¿Cómo deben actuar los padres cuando el pequeño se despierta a la noche llorando o gritando por una pesadilla?

No es preciso enojarse ni reprenderlos, pero si acompañarlos y permitir que cuenten sus experiencias, como puedan. Los miedos se resuelven con paciencia, comprensión y atención. Enseñarles a respirar profundamente, leerles libros acordes a su edad sobre el tema, etc. Si tiene miedo a la oscuridad, darle la herramienta (una bombilla) para que pueda hacerse cargo de la situación por sus propios medios.

¿Cómo actuar ante la exposición de los niños a ciertas películas, historias o personajes que les cuentan en la escuela?

El impacto de las imágenes es mucho más aterradora, por lo que si los compañeros miran algún tipo de película que asusta a nuestro hijo, es bueno hablar con ellos para que puedan dominar la situación y no ver lo que no desean.

-¿En qué momento el niño necesita una terapia debido a sus miedos?

Sólo en el caso de que el sufrimiento sea excesivo, no haya posibilidad de calmarlo, cambie sus rutinas o hábitos por temor a que le pase algo, cuando no se relaciona con los demás, cuando cualquier cosa le de miedo. Un terapeuta sabrá cómo abordar el tema puntual y analizar el origen de ese miedo desmedido. Hablando con el pequeño los padres también pueden “hacer” de psicólogos y ayudarlos a mejorar y cambiar. ¿Cómo? Leyendo libros sobre el tema, dejando que el pequeño se exprese o cuente sus emociones cuando algo le da temor, no riéndose de él ni reprenderlo, no compararlo con sus hermanos o primos, ayudarlo en esa etapa y no sobre protegerlo.