Mindhunter: cuando la psicología revolucionó el FBI

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
20 enero, 2019
Mindhunter es una serie fascinante que os muestra con detalle parte de los avances más importantes en cuanto al conocimiento de perfiles criminales se refiere. Hoy os la presentamos.

Aplicar la psicología a la elaboración de un perfil psicológico, en muchos casos, ha sido clave para la resolución de un caso; además de para saber cuáles son los patrones de comportamiento más habituales en el mundo del crimen. Esto ayuda a diseñar mejores intervenciones con personas que han delinquido, al mismo tiempo que mejoran los programas con los que contamos para prevenir la delincuencia.

Aunque esto hoy en día nos parezca algo obvio, fue a finales de los 70 cuando dos agentes del FBI llamados John E. Douglas y Robert Kenneth Ressler comenzaron la lucha para que la psicología tuviese más peso en la investigación.

Entrevistándose con varios criminales y con la ayuda de la doctora de psicología Ann Wolbert Burges, hicieron perfiles psicológicos de los asesinos más sangrientos de EE.UU. Fue precisamente Robert Kenneth Ressler quien acuñó el término de «asesino en serie».

La historia detrás de Mindhunter

El agente del FBI -John E. Douglas- trabajó como francotirador y negociador de rehenes, durante varios años, hasta ser trasladado a Quantico, Virginia. Allí fue ubicado en la Unidad de Análisis de Comportamiento donde enseñaba psicología criminal a agentes de nuevo ingreso y a policías veteranos.

John no se conformó nunca con la formación ya existente dentro de este campo en el FBI y se empeñó en conocer más a fondo la mente criminal: consideraba que este conocimiento podía arrojar luz sobre muchas investigaciones. Así, convenció a sus superiores para recibir clases en la Universidad sobre investigaciones más actuales que ofrecieran una nueva perspectiva al análisis de casos.

Fue en ese tiempo cuando conoció a Robert Kenneth Ressler, un detective interesado al igual que John en el estudio de perfiles criminales. Robert daba charlas a agentes de policía por todo el país con el fin de ayudarles con la investigación de crímenes de sin resolver.

Hombres hablando

Gracias a un encuentro en las instalaciones del FBI en Quantico, los dos agentes acordaron investigar juntos algunos casos por todo el país e incorporar algunas de las conclusiones al estudio de análisis del comportamiento criminal. Además, entrevistaron a algunos de los mayores asesinos en serie del país en la cárcel.

En un primer momento, el jefe de los agentes se mostró reacio al proyecto, pero posteriormente y a tenor de algunos crímenes resueltos gracias a los nuevos conocimientos de los agentes; el FBI no solo autorizó el proyecto sino que lo apoyó con una mayor financiación. Las entrevistas se realizaron con mejores medios y con una mayor fundamentación teórica, en gran parte por el trabajo aportado por la doctora en psicología Ann Wolbert Burges.

De la investigación y entrevistas con criminales surgió la idea de los libros Homicidios Sexuales: Patrones y Motivos y Manual de Clasificación Criminal, ambos escritos por John E. Douglas y en los que está basados la serie Mindhunter de Netflix. Los agentes del FBI de John y Robert serán reflejados en la serie por los personajes de Holden Ford y de Bill Tench; la psicóloga Ann Wolbert será Wendy en la serie.

Los asesinos de Mindhunter

Durante toda la primera temporada de Mindhunter aparece en varios capítulos un misterioso personaje. Por su increíble parecido y método criminal se identifica a Dennis Rader, que mató a 10 personas a lo largo de 20 años y que no fue arrestado hasta 2005. No sabemos cómo se desarrollará esta historia en próximas temporadas.

Sin embargo, si hay un personaje que marca la primera temporada de Mindhunter este es Ed Kemper, el primer entrevistado de Holden e interpretado de forma magistral por Cameron Britton. Conocido también como «el asesino de las colegialas», Ed Kemper asesinó a más de 10 personas, entre ellas a sus abuelos, su madre y una amiga de esta.

A este asesino le encantaba hablar y conceder entrevistas; gracias a ello se pudo saber la forma de proceder en sus asesinatos y entender por qué actuaba como lo hacía. Su gran inseguridad para entablar relaciones con otras chicas y la difícil relación con su madre detonaron el sadismo presente en él.

Asesino con un policía en prisión

Richard Benjamin Speck es otro de los escalofriantes asesinos reflejados en la ficción. Este podría considerarse como un asesino en masa y no un asesino en serie, ya que cometió varios asesinatos a la misma vez en el mismo lugar. Conmocionó a la sociedad americana cuando asesinó en una noche a ocho estudiantes de enfermería en una residencia estudiantil universitaria en Chicago.

Ben Miller es conocido como el asesino de los sujetadores («The bra murders«). Fue encarcelado por asesinar, al menos, a cuatro mujeres entre 1967 y 1968: después de conducirlas a su garaje privado, las mataba y creaba escenografías con sus cuerpos para luego fotografiarlas, inspirándose en anuncios e imágenes de la cultura popular de la época. La escena del zapato es probablemente la más surrealista de todos los encuentros de los agentes con los criminales.

Algunas conclusiones sobre la primera temporada de Mindhunter

Si algo nos deja claro esta primera temporada es que existen algunas características que se repiten con cierta frecuencia en los criminales y asesinos en serie. No quiere decir que una persona que presente estas características vaya a delinquir, pero si se presentan junto a una tendencia antisocial va a aumentar la probabilidad de que esa persona termine situándose al margen de la ley.

Está claro que el ambiente influye, pero muchos de los asesinos que aparecen en la serie ya daban muestra de crueldad desde muy pequeños. Sabemos que torturaban animales, pegaban a sus hermanos o mostraban un comportamiento perturbador en el colegio.

Este dato sugiere que la psicopatía, como defienden una buena parte de psiquiatras y psicólogos, es innata. Datos obtenidos con técnicas de neuroimagen parecen apoyar la teoría de que en los cerebros de estas personas la conexión entre las emociones y las decisiones es más débil.