Modestia extrema: ¿qué se esconde detrás? - La Mente es Maravillosa

Modestia extrema: ¿qué se esconde detrás?

María Hoyos 2 julio, 2018 en Amistad 0 compartidos

La modestia es una actitud que nos ayuda a relacionarnos en sociedad, haciendo que nuestros logros no empequeñezcan al otro. Ahora bien, la modestia extrema puede hacer todo lo contrario e impedir que nos relacionemos adecuadamente con aquellas personas que nos rodean. Este comportamiento genera en los demás una sensación de falsedad y mentira.

No sabemos cómo comportarnos con alguien excesivamente modesto. Nos hace plantearnos si esa modestia es real e incluso puede que llegamos a generar rechazo. Pero la modestia exagerada, fuera de la incomodidad ajena, puede estar saboteando el futuro de los que se comportan de esta manera. Profundicemos.

¿Qué es la modestia?

La modestia es la actitud tendiente a moderar y templar las acciones externas. Implica contenerse en ciertos límites, de acuerdo con las conveniencias sociales o personales. También es la cualidad de humilde, de falta de vanidad o de engreimiento. El concepto de modestia varía, sin embargo, de unas culturas a otras y se relaciona con ámbitos como la moda, la moral, la religión…

Chica feliz hablando con una amiga

En todo caso, las personas modestas suelen quitarle importancia a rasgos de su personalidad o a sus logros y éxitos, con el objetivo de ser respetuosos con los demás, evitando herir sus sentimientos. La modestia es un método para controlar las expectativas de los que nos rodean. Nos hace entender lo que esperan los demás de nosotros, lo que consideran normal. Pero ¿qué ocurre si comenzamos a poner a los demás en un puesto privilegiado de nuestras prioridades?

La modestia extrema

Existen teorías acerca del origen de la modestia extrema. Se la ha descrito como un método de defensa de aquellos que desean que los demás tengan unas expectativas menos elevadas de ellos. Las altas expectativas de familiares y seres queridos generan en la infancia una tensión que puede convertirse en una modestia extrema, la forma que tienen aquellos de pedir que se espere menos de ellos.

Como ya se ha dicho, la modestia es un mecanismo que nos permite entender lo que los demás esperan de nosotros. Sin embargo, la modestia extrema afecta enormemente a esa idea que los demás se forman. Incluso puede llegar a transmitir inseguridad, complejos, baja aceptación y escasa autoestima.

En una entrevista de trabajo, por ejemplo, igual de perjudicial es exagerar nuestros logros como menospreciarlos. Si elaboramos frases como “Sé que no estoy cualificado para el puesto, pero…” o “No creo que lo haga bien, pero…” estaremos abriéndonos la puerta de salida automáticamente.

Al fin y al cabo, la modestia busca cierta empatía con el interlocutor: busca generar ternura, complicidad y aceptación. Con la modestia extrema se consigue un efecto de rechazo, como si estuviéramos implorando la aceptación del otro de forma exagerada.

¿Qué hay detrás de la modestia extrema?

Un ingrediente principal de la modestia extrema es la inseguridad. Las personas excesivamente modestas tienen una escasa autoestima y buscan constantemente la aprobación de los demás. Incluso aunque se trate de personas realmente inteligentes, las personas extremadamente modestas buscarán fallos en su trabajo, se criticarán fuertemente y restarán importancia a sus logros. Incluso se impedirán avanzar.

Ese es el principal problema para los modestos en exceso: el autosabotaje. Esta clase de comportamientos genera tal inseguridad que las personas que así actúan son incapaces de arriesgarse y, por tanto, no consiguen mejorar en ningún aspecto. No solo hablamos de la vida laboral, también las relaciones personales se resienten.

Amigos hablando y practicando la escucha activa

¿Es posible dejar de ser excesivamente modesto?

Como cualquier rasgo de personalidad, la modestia extrema es difícil de borrar. A fin de cuentas, las personas demasiado modestas no siempre son conscientes de su problema. Y, una vez conscientes, no se atreven a dar el paso y dejar de pensar en qué opinarán los demás.

Aunque no es fácil, es posible gestionarla. Para ello hay olvidar que las opiniones ajenas existen, al menos en gran parte de nuestro día a día. Al restarle importancia a las opiniones ajenas, estaremos dándoles valor a las nuestras. Es fundamental sentirse cómodo con nuestras decisiones, aunque no siempre sean acertadas. Y en caso de no estar de acuerdo con alguien, favorecer el diálogo, y no aceptar lo que piensen otros solo porque deseemos evitar el conflicto.

Al final, lo más importante para dejar atrás esa modestia exagerada es aprender a quererse a uno mismo. Respetarnos y aceptarnos es el primer paso para que los demás nos acepten como somos.

María Hoyos

Soy filóloga y profesora de español: mi meta en la vida es comunicar y transmitir conocimiento. Y la información es el camino para ello.

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