Monseñor Arnulfo Romero, biografía de un santo contemporáneo

Edith Sánchez·
04 Abril, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
04 Abril, 2020
Desde hace mucho tiempo, a Monseñor Arnulfo Romero se le conoce como “el santo de América”. Fue declarado mártir y se le adjudicó el milagro de haber sanado a una mujer llamada Cecilia Flores.
 

Monseñor Arnulfo Romero es el primer salvadoreño y centroaméricano en ser declarado santo por la Iglesia Católica. También fue el primer católico en ser consagrado como mártir, después del Concilio Vaticano II. No solo es honrado por los católicos, sino también por los anglicanos, luteranos e incluso por los no creyentes.

El nombre de Monseñor Arnulfo Romero fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz, en 1979, por el Parlamento Británico. Sin embargo, finalmente, el galardón cayó en manos de la Madre Teresa de Calcuta. El sacerdote fue canonizado en 2018 por el Papa Francisco.

“No es voluntad de Dios que unos tengan todo y otros no tengan nada […] De Dios es la voluntad que todos sus hijos sean felices”.

-Monseñor Arnulfo Romero-

Monseñor Arnulfo Romero fue una leyenda en vida y sigue siéndolo después de su muerte. Se destacó por su bondad y por su valor. Desde el púlpito, defendió encarecidamente los derechos humanos y denunció con nombre propio a quienes pasaban por encima de ellos. Su asesinato, en plena misa de domingo, se considera uno de los detonantes de la fase más cruenta de la Guerra Civil en El Salvador.

 
Manos con una paloma para representar

Monseñor Arnulfo Romero: una vocación temprana

Monseñor Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios, Departamento de San Miguel, en El Salvador, el 15 de agosto de 1917. Provenía de una familia muy humilde; su padre era telegrafista y su madre, empleada de oficios domésticos. Sus amigos de la infancia afirman que su devoción religiosa comenzó de forma muy temprana; siempre empezaba el día entrando en la capilla para orar por su familia.

Cuando terminó la escuela primaria, se dedicó a la carpintería y a la música. Con tan solo 13 años, habló con un sacerdote y le expresó su interés por entrar en el seminario. Los bajos recursos de su familia eran un obstáculo, pero gracias a la colaboración de la comunidad claretiana, pronto, pudo hacer su sueño realidad.

 

Aunque tuvo grandes dificultades para continuar en el seminario, debido a la pobreza de su familia, destacó allí por su compromiso y su inteligencia. A raíz de ello, fue seleccionado para viajar a Roma y continuar allí con sus estudios. En Italia, tuvo como maestro a quien luego se convertiría en el Papa Pablo VI.

Una vida llena de altibajos

Hay un episodio poco conocido de la vida de Monseñor Arnulfo Romero, que tuvo lugar durante el viaje de regreso a su patria. Partió de España en una embarcación llamada Marqués de Comillas. Corría el año 1943, y Europa estaba sumida en plena Segunda Guerra Mundial.

Por eso, cuando el barco hizo una escala en Cuba, el religioso fue arrestado y llevado a un “campo de concentración”. Se desconfiaba de él, pues provenía de la Italia de Mussolini y de la España de Franco. Permaneció en cautiverio 127 días, hasta que se convencieron que no era un espía del Eje alemán.

En 1944, regresó por fin a El Salvador, después de una estancia en México. Ya en su patria, se dedicó con fervor al trabajo en pro de los más vulnerables. Emprendió, además, una carrera eclesiástica exitosa, que lo llevó a convertirse en Arzobispo de San Salvador el 3 de febrero de 1977. Para ese entonces, su país vivía ya una gran tensión política interna.

 
Manos agarradas

Un mártir de América

En realidad, muchos piensan que Monseñor Arnulfo Romero era de tendencia conservadora en lo que a la religión se refiere. Sin embargo, también era un católico realmente comprometido, que no se permitió guardar silencio ante las injusticias que se estaban cometiendo en su país. Por eso, convirtió su púlpito en una tribuna desde la que denunció las violaciones a los derechos humanos.

Durante esa época, fueron asesinados muchos religiosos en El Salvador, casi siempre por la misma razón: posicionarse del lado de los más pobres. Los asesinatos quedaban en total impunidad, pero Romero, desde su iglesia, denunciaba una y otra vez lo que ocurría. Tuvo una audiencia con el Papa Pablo VI para denunciar la situación y recibió el apoyo del Sumo Pontífice.

 

Sin embargo, más adelante, acudió al nuevo Papa, Juan Pablo II, y este se negó a escucharlo. En el Vaticano, se rumoreaba que Romero era un sacerdote revolucionario y su presencia no era de buen recibo. De hecho, el Santo Padre puso en duda sus denuncias.

Tras ese episodio, Monseñor Romero regresó a El Salvador completamente abatido. El 24 de marzo de 1980, mientras decía la misa en su parroquia, entraron varios hombres armados y le dispararon.

El hecho conmocionó al país y se considera el inicio de una Guerra Civil que dejó más de 75.000 muertos y alrededor de 7.000 desaparecidos. Hoy, San Arnulfo Romero es una de las grandes leyendas de América.

 
SALCEDO, J. E. (2000). El martirio de monseñor Oscar Arnulfo Romero. Theologica Xaveriana, (133), 115-118.