Las historias más curiosas de los Premios Nobel - La Mente es Maravillosa

Las historias más curiosas de los Premios Nobel

Edith Sánchez 1 diciembre, 2014 en Actualidad y psicología 0 compartidos

El Premio Nobel es, sin duda, el reconocimiento más importante del mundo. La propia creación de este certamen estuvo rodeada de leyenda y son muchos los secretos y anécdotas que esconde, tras 115 años de existencia.

Lo primero es recordar que Alfred Nobel, el creador del premio, fue un importante inventor sueco y además un industrial siderúrgico muy próspero. Inventó la dinamita, además de la balística, y se lucró de la industria militar. No tuvo ningún reparo frente a su oficio, hasta que un periódico francés publicó un obituario titulado “El mercader de la muerte ha muerto”. Quien había fallecido era su hermano, pero el periodista lo confundió con Alfred Nobel y se explayó en adjetivos poco amistosos.

El artículo lo llevó a pensar que su nombre quedaría para la historia como el de un traficante del dolor y de la muerte. Esta idea lo condujo a cambiar su testamento y fue entonces cuando destinó una inmensa fortuna para premiar a aquellas personas que con su labor hicieran “un gran aporte a la humanidad”.

Desde entonces el premio Nobel se ha entregado todos los años, con pocas excepciones, y a las cinco modalidades iniciales se han sumado otras, que reconocen los aportes en diferentes campos del arte y de la ciencia.

Hay muchos datos que no son tan conocidos y que resultan verdaderas curiosidades sobre el premio. Aquí te contamos algunos de ellos.

• En 1917, el rey Alfonso XIII fue propuesto para el Nobel de la Paz. La nominación fue hecha por el senador español Francisco de Lastres. Afortunadamente no obtuvo el galardón, pues ese mismo monarca fue uno de los defensores más fervientes del golpe de estado propinado por Primo de Rivera en 1923.

El mismísimo Adolf Hitler fue uno de los candidatos al Premio Nobel de la Paz. Sucedió en 1939. Lo nominó el parlamentario sueco E.G.C Brandt. Aunque no obtuvo el galardón, se sabe que su nombre sonó con bastante fuerza para hacerse con el premio. Muchos opinaban que sus conversaciones con Chamberlein, sobre la paz de Europa, lo convertían en un modelo de diálogo y concordia. Después de concluida la Segunda Guerra Mundial, el tema se convirtió en tabú. Nadie volvió a mencionar el incidente y se simuló que nunca había ocurrido.

Hitler no fue el único desatino que tuvo lugar en la historia en los premios Nobel. Varios profesores de Derecho de la Universidad de Giessen (Alemania)  postularon el nombre de Benito Mussolini para el Nobel de la Paz, en 1935. Exaltaban su supuesta capacidad para “unir” a Italia. No mencionaban, claro está, el asesinato en serie de sus rivales políticos, ni el uso de armas químicas contra sus enemigos. Afortunadamente el comité de selección respondió a la candidatura con un “no” rotundo.

• Aunque parezca broma, Joseph Stalin también estuvo nominado al Premio Nobel de la Paz. Y no solo una vez, sino en dos oportunidades. Primero fue en 1945, recién terminada la Segunda Guerra Mundial. La candidatura se sustento en “sus esfuerzos para poner fin a la guerra”. Después, en 1948, se aseguró que su ardua lucha para mantener la paz mundial debía hacerlo merecedor al premio, que finalmente no le fue concedido. En buena hora, si se toma en cuenta que a Stalin se le atribuye el asesinato de más de un millón de civiles, durante la horrorosa persecución que adelantó para “depurar” el régimen comunista en la Unión Soviética.

Imagen cortesía de Rufino Lasaosa

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

Ver perfil »
Te puede gustar