Nada me sale como yo quiero, ¿qué puedo hacer?

12 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Cuando todo te vaya mal no corras, no escapes. Detente un momento y toma conciencia de dónde estás y de qué está sucediendo en tu interior. Es momento de tomar decisiones: analicemos cuáles pueden ser las más acertadas.

“Nada me sale como yo quiero, por mucho que me esfuerce todo acaba saliendo del peor modo posible”. Muchas personas experimentan esta misma sensación. Es como si al situar las ilusiones, las esperanzas y los objetivos en una meta concreta, esta se derrumba al poco por factores de lo más diversos, por aspectos que a veces escapan a nuestro control.

Decía con acierto Antón Chéjov que solo durante los tiempos difíciles uno toma conciencia de lo difícil que es ser dueño de los sentimientos y pensamientos. De algún modo, es como si ante cada adversidad, la mente se tambaleara un poco más, como si ante cada decepción, error o fracaso, las emociones se turbaran hasta el punto de caer en el abismo de la angustia.

Es cierto, no es fácil mantener el equilibrio en época complicadas. Ver que las cosas no se suceden como queremos y esperamos frustra y desespera. Es más, de nada vale en estos casos aferrarnos al pensamiento positivo, a decirnos que tarde o temprano todo irá bien. Cuando el ánimo no acompaña, no es fácil calibrar las motivaciones ni ajustar la brújula de la esperanza.

¿Qué podemos hacer en estas situaciones? ¿Hay alguna estrategia eficaz que podamos usar? Profundicemos en este tema.

Chico caminando mientras piensa que nada me sale como yo quiero

Si nada me sale como yo quiero, ¿qué pasos debería seguir?

Daniel Gilbert es un psicólogo de Harvard que ha adquirido fama en los últimos años. Uno de sus libros más conocidos es precisamente Tropezar con la felicidad, un interesante trabajo sobre el modo en el que afrontamos la adversidad. Así, algo que ha llamado la atención de los expertos es por qué hay tantas diferencias individuales en esta materia.

Hay quien sufre un accidente de tráfico y queda parapléjico y, aun así, desprende un optimismo y superación envidiable. Los hay, por ejemplo, que sufren la traición de la pareja y, a pesar de ello, perdonan y abren a una etapa más enriquecedora y feliz en su relación. Otros, en cambio, quedan atascados tras un despido, se sumen en una depresión tras un engaño afectivo o hacen de una migraña el fin del mundo. ¿A qué se debe esa variabilidad a la hora de manejar las dificultades y retos vitales?

El doctor Daniel Gilbert nos habla del sistema inmunitario psicológico, un mecanismo del que dispondría el cerebro para procesar cada evento de una manera más resistente, constructiva y positiva. Hay personas con “mejores defensas” y otras que en cambio se definen por una respuesta inmunitaria más deficiente.

Poder activarlo, revitalizarlo y reforzarlo está en nuestra mano, en especial, en esas épocas en las que sentimos que nada sale como yo quiero. Veamos qué estrategias deberíamos aplicar.

Cuando todo parece ir mal, es momento de detenerte

Hay épocas en las que nada sale como queremos -todos hemos pasado al menos por una de ellas-. Puede que haya factores externos que así lo provoquen. No obstante, cabe la posibilidad de que todo vaya mal porque nuestra percepción esté sesgada. ¿Qué queremos decir con esto? Puede que nuestro malestar interno esté colocando unas gafas oscuras en nuestra mirada, unas cuyos cristales no son capaces de captar la luz, lo positivo y hasta aquello que sí va bien.

Son muchas las personas que llevan varios meses sintiendo que todo va mal, que todo esfuerzo cae en saco roto y que por mucho que se esfuercen por mejorar algo, nada sale bien. A menudo, tras esas realidades, se esconde una depresión o un trastorno de ansiedad. Es importante que sepamos detenernos y tomar contacto con nuestro interior para saber qué ocurre. Tal vez, sea el momento de pedir ayuda.

Es momento de redefinir metas: lo que necesito es más importante que lo que quiero

Cuando nada me sale como yo quiero, tal vez sea momento de reflexionar en esos deseos. ¿Esas metas que me he propuesto son realistas? ¿Tengo capacidades y recursos para alcanzarlas? ¿Es el momento más idóneo para proponerme esos objetivos? Hay veces en que muchas de las cosas que ansiamos y soñamos no sintonizan con nuestras posibilidades ni el instante presente.

Es por ello que, en ocasiones, no hay otra opción más que hacer una pausa y reflexionar sobre lo que necesitamos realmente aquí ahora, y no tanto en lo que deseamos para el mañana.

Apoyarte en alguien para relativizar: esto también pasará

Es muy fácil quedar atrapado en el laberinto de la angustia cuando percibimos que nada me sale como yo quiero. Poco a poco, llegamos a la conclusión de que o bien el destino conspira contra nosotros o, peor aún, somos incapaces de hacer algo bien. Llegar a estos extremos es muy peligroso.

Un modo de poner los pies en el suelo y de encontrar el equilibrio es contar con el apoyo de alguien. Hay personas que actúan como nuestro faro y nuestra ancla. Son esas figuras capaces de ayudarnos a relativizar a demostrarnos que aunque haya épocas malas, no hay que dejarse llevar por la negatividad más extrema. Toda tormenta acaba pasando y lo esencial es no perder el norte de nuestra brújula interna.

Cuando nada me sale como yo quiero, dejo de pensar para limitarme a sentir

En esas épocas en las que todo son decepciones, desenlaces inesperados, fracasos y sorpresas desagradables, la mente es una fábrica de preocupación. Nunca descansa y su maquinaria está encendida las 24 horas del día 7 días por semana. En esos estados lo único que logramos es incrementar la ansiedad y tomar malas decisiones.

Así, cuando nos vemos en medio de estas situaciones, lo más adecuado es dejar de pensar para limitarnos a sentir. ¿Y cómo se hace esto? Nos preguntaremos.

Existen tareas y actividades hechas para los sentidos, para ejercitar el cuerpo y calmar la mente. Pasear, escuchar música, dibujar, escribir, pintar, hablar con amigos, hacer un viaje, meditar, descansar… Permitirnos un tiempo para limitarnos a ser y sentir reducirá el ruido mental para poder reiniciarnos, dar un paso atrás y ver las cosas con perspectiva. Intentémoslo.