Nesting, el placer de no hacer nada en casa

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 7 julio, 2018
David Sánchez · 7 julio, 2018

El nesting consiste, sencillamente, en no hacer nada. Esto puede parecer algo negativo, al considerarse propio de la gente vaga y poco productiva. Sin embargo, el nesting nos proporciona momentos de relax e introspección que pueden beneficiarnos.

Cada día, nuestros trabajos o nuestra vida personal tiende a fusionarse con el ritmo frenético que nos rodea. Los viajes de ocio o de trabajo, el deporte al aire libre o el interés por tener una intensa vida social hace que pasemos mucho tiempo fuera de casa y sin parar de movernos.

Sin embargo, el nesting no supone pasar de eso a aburrirse en casa, sino disfrutar de unos momentos de tranquilidad en los que nos relajemos estando rodeados de un entorno familiar en el que podemos controlar el nivel de estimulación.

Practicar el nesting no significa aburrirse

Nesting es una palabra que proviene del inglés nest, que significa ‘nido’. Por tanto, ante la perspectiva de pasar un fin de semana libre, el nesting nos invita a no hacer nada, a quedarnos en nuestra casa, en nuestro nido, y no hacer nada en particular ni planificar ninguna actividad.

Así, el objetivo del nesting es hacer justo lo contrario a lo que hacemos en nuestra vida diaria, para contrarrestar el ritmo frenético y recuperar el equilibrio. Esta práctica nos invita a vivir el presente, pero desde el punto de vista de la relajación y el descanso. En cierto modo, es como el mindfulness, pero aplicado al ocio dentro del hogar.

Mujer tomando café mientras lee

Los principios del nesting

Para ilustrar de una forma más clara cuáles son las ideas que propone el nesting, os mostramos la siguiente lista:

  • No planificar ninguna actividad.
  • Hacer solo lo que nos gusta.
  • Hacer actividades que nos relajen.
  • No hay prisa para realizar ninguna tarea ni es necesario terminarla.
  • Permitir el aburrimiento, el vacío.
  • Siempre es mejor en compañía.

Estos son los principios del nesting, La idea es disfrutar de nuestro tiempo libre de la manera más calmada y relajada. El primer paso para practicar el nesting es hacer algo que nos gusta y que, lógicamente, cambia con cada persona. Así, podemos leer un libro, cocinar una tarta, plantar flores en el jardín, mirar las nubes, ver la tele o jugar a videojuegos. Aunque lo más aconsejable es no utilizar dispositivos electrónicos, precisamente para potenciar el concepto de desconexión de la rutina diaria, ya que todo lo electrónico puede hacer que recuperemos el ritmo normal.

Según estos principios, una de las pautas más importantes es no planificar. Por tanto, de nada sirve pensar “ya que este fin de semana estoy libre, voy a dedicarme a ver mi serie favorita y a pedir comida a domicilio”. Esto sería contraproducente de acuerdo a las ideas del nesting. No planificar nada en absoluto puede ayudarnos a conocernos a nosotros mismos con más detalle, al obedecer en cada momento a las necesidades que nos van abordando.

El nesting no se trata de hacer el vago

Aunque también está permitido, el nesting no consiste necesariamente en hacer el vago tumbados en el sofá. Por tanto, el objetivo es relajarse, poner el freno de mano a la vida frenética que nos impone nuestro día a día y hacer tareas que nos centren en el momento presente, evitando pensar en todo lo demás. Para ello, las tareas mecánicas y repetitivas, basadas en pasos simples, van muy bien. Por ejemplo, podemos ordenar la ropa por colores o por usos, preparar un postre, cambiar la tierra de las macetas, pintar, hacer bricolaje, etc.

Mujer pintando

Así, la idea es centrarse en esa tarea y no pensar en nada más. Si estás jugando una partida a un juego de mesa con tus amigos, no estés pensando en que el lunes tienes que presentar el informe al jefe o que mañana toca hacer la colada. En definitiva, centrarse en el momento presente es una de las formas que tiene nuestro celebro de descansar y de aliviar el estrés y la ansiedad.

Finalmente, aunque el nesting se puede practicar en solitario, y además es muy eficaz de esta manera, también se puede disfrutar igual o más en pareja o con tus hijos o amigos. Así podremos fomentar también el contacto directo y no a través de la pantalla. Buenos ejemplos de ello con una cena tranquila entre amigos, una partida de cartas en familia o tumbarse en la hierba del jardín y buscar formas en las nubes.