Neuronas espejo y empatía, maravillosos mecanismos de conexión

Valeria Sabater · 4 octubre, 2017

Neuronas espejo y empatía constituyen uno de los procesos más fascinantes de la neurociencia. Ese donde las acciones y emociones ajenas no nos pasan desapercibidas y por el que podemos ser capaces de dar una respuesta empática. Son mecanismos que tienen además un trasfondo social y su puesta en marcha tiene una gran influencia en nuestras relaciones cotidianas.

Imaginémonos por un momento sentados en el patio de butacas de un teatro. Visualicemos ahora a un conjunto de excelentes actores presentándonos una obra determinada, ejecutando precisos movimientos corporales y gestuales y entonando cada palabra a la perfección, consiguiendo con ello contagiarnos de un sin fin de emociones

“Mira con los ojos de otro, escucha con los ojos de otro y siente con el corazón de otro”

-Alfred Adler-

Nada de esto tendría sentido si no dispusiéramos de esa base biológica capaz de permitirnos activar un poderoso abanico de sensaciones, sentimientos y emociones, como el miedo, la compasión, la alegría, preocupación, la repulsión, la felicidad… Sin todo ello el propio “teatro” de la vida carecería de significación alguna, seríamos como entidades huecas, una civilización de homínidos que ni tan solo habrían sido capaces de desarrollar algún tipo de lenguaje.

Así, no nos puede extrañar que el interés por las neuronas espejo y empatía no se reduzca solo al mundo de la neurociencia o la psicología, también la antropología, la pedagogía o el arte se han ocupado en las últimas décadas por conocer un poco más esa arquitectura interior, esos mecanismos asombrosos de los cuales, aún no lo sabemos todo…

Neuronas conectadas

Neuronas espejo y empatía, uno de los mayores descubrimientos de la neurociencia

A menudo, no falta el científico o psicólogo que afirma con total seguridad que las neuronas espejo harán por la psicología lo mismo que el descubrimiento del ADN hizo por la biología en su momento. Cabe decir que sí, que saber cada día un poco más sobre neuronas espejo y empatía nos ayuda sin duda a conocernos un poco mejor, sin embargo, no debemos caer en el error de decir que son estos procesos en exclusiva los que nos han hecho “humanos”.

Lo que somos en la actualidad, es el resultado de infinidad de procesos juntos. La empatía facilitó nuestra evolución social y cultural, pero no fue ni mucho menos el único determinante. Con todo ello queremos por tanto dejar claro que en lo que respecta a estas dimensiones de la neurociencia todavía existen algunos falsos mitos que es necesario descartar. No es cierto por ejemplo que las mujeres tengan más neuronas espejo que los hombres, de hecho, casi el 20% de nuestras neuronas son de este tipo.

“Solo puedes entender a la gente si las sientes en ti”

-John Steinbeck-

Por otra parte, tampoco existen estudios concluyentes sobre la clásica afirmación de que las personas con trastorno del espectro autista presentan una clara disfunción en sus neuronas espejo o que se caracterizan por tener una falta total y “absoluta” de empatía. No es cierto. En realidad, el auténtico problema estaría más bien en el aspecto cognitivo, en esa “teoría de la mente” donde la persona es capaz de inferir información, hacer una análisis simbólico y ejecutar a su vez una conducta acorde y ajustada al estímulo observado.

Para entender un poco mejor estos procesos veamos más datos sobre lo que hasta el momento nos dice la ciencia sobre las neuronas espejo y empatía.

Personas simbolizando la conexión entre neuronas espejo y empatía

Nuestros movimientos y la relación con neuronas espejo y empatía

Este dato no es muy conocido y es importante que lo recordemos. La empatía no existiría sin el movimiento, sin nuestras acciones, gestos, posturas… De hecho, al contrario de lo que podamos pensar las neuronas espejo no son un tipo específico de neuronas. En realidad son células del sistema piramidal relacionadas con el movimiento. Sin embargo, tienen la particularidad de que se activan no solo con nuestro movimiento, sino también cuando observamos el de los demás.

Esto es lo que descubrió el doctor Giacomo Rizzolatti, un neurofisiólogo italiano y profesor de la Universidad de Parma que en los años 90 investigaba los movimientos motores de los simios. Le pareció fascinante ver cómo existía una serie de estructuras neuronales que reaccionaban ante lo que otro miembro de la misma u otra especie estuviera haciendo.

Esta red de neuronas piramidales o neuronas espejo se localizan en la circunvolución frontal inferior y en la corteza parietal inferior, y está presente en muchas especies, no solo en nosotros. También los simios y nuestros animales de compañía como los perros o gatos pueden “empatizar” entre ellos y con nosotros.

Las neuronas espejo en relación con nuestra evolución

Señalábamos hace un momento que neuronas espejo y empatía no son ese interruptor mágico que en un momento dado iluminó nuestra conciencia para permitirnos evolucionar como especie. En realidad fue una sucesión de infinitas maravillas, como esa coordinación mano ojo que desarrolló nuestra conciencia simbólica, fue también ese salto cualitativo en las estructuras de nuestro cuello y cráneo que posibilitaron el lenguaje articulado…

Entre todos estos asombrosos procesos están los que llevan a cabo las neuronas espejo Fueron ellas las mediaron en nuestra facultad para comprender e interpretar determinados gestos, para asociarlos con un conjunto de significados y palabras. De esta forma facilitaban la cohesión social del grupo.

Personas conectadas por las neuronas espejo y la empatía

La empatía, un proceso cognitivo esencial para nuestras relaciones

Las neuronas espejo nos permiten empatizar con quienes nos envuelven. Son ese puente que nos conecta, que nos vincula entre nosotros y que a su vez nos facilita poder experimentar tres procesos muy básicos:

  • Poder conocer y comprender lo que la persona que tengo en frente siente o experimenta (componente cognitivo).
  • También podemos “sentir” lo que esa persona siente (Componente emocional).
  •  Por último, y este tipo de respuesta requiere sin duda de una mayor sofisticación y delicadeza, podemos a su vez responder de forma compasiva, dando forma a ese comportamento social que nos permite avanzar en grupo. 

Por otro lado y llegados a este punto, sería interesante reflexionar en una interesante idea que nos propone el psicólogo de la Universidad de Yale, Paul Bloom. Muchos de sus artículos han sido bastante polémicos por defender que la empatía, en la actualidad no nos está sirviendo de nada. Tras este llamativo enunciado se esconde una realidad evidente.

Hemos llegado a un punto donde todos somos capaces de sentir, ver y percibir lo que esa persona que tengo en frente o que aparece en mi televisión experimenta, pero sin embargo, nos hemos acostumbrado a mantenenos impasibles.

Hemos normalizado el sufrimiento ajeno, estamos tan inmersos en nuestros propios micromundos que no somos capaces de ir más allá de nuestra burbuja personal… Por tanto, el profesor Singer nos insta a ser “altruistas eficaces y activos”.  Neuronas espejo y empatía conforman ese “paquete” estándar en la programación de nuestro cerebro del que todos disponemos. Es como el Windows de un ordenador cuando lo adquirimos en tienda, pero que debemos saber usar con eficacia aprovechando todo su potencial.

Dos personas con neuronas espejo y la empatía activadas

Debemos por tanto aprender a mirar a los demás dejando a un lado los prejuicios. Tampoco sirve que nos limitemos a “sentir lo mismo que los otros sienten”, es necesario que captemos su realidad, pero manteniendo la nuestra para poder acompañar con eficacia en el proceso de ayuda, de apoyo, de altruismo.

Porque al fin y al cabo, el sentimiento que no se acompaña de acción no sirve de nada. Así, si hemos llegado hasta donde nos encontramos es precisamente porque hemos sido pro-activos, porque nos hemos preocupado de cada miembro de nuestro grupo social al entender que juntos avanzamos en mejores condiciones que en soledad.

Recordemos por tanto cuál es la auténtica finalidad de las neuronas espejo y la empatía: favorecer nuestra sociabilidad, nuestra subsistencia, nuestra conexión con el entorno.

Referencias bibliográficas

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