No le vengas con cuentos a quien sabe de historias

Raquel Aldana · 20 abril, 2016

Que no le vengan con cuentos a quien sabe de historias, que se olviden de los chismes; que no inventen si no saben; si no vieron, que no comenten; si no han escuchado, que no hablen. Malo es que lo que no han visto los ojos lo invente la boca pero, desgraciadamente, aún quedan personas que tienen mucho que aprender.

Hay quien pretende engañarnos. Esto es así aunque nos pese, nos duela y nos destroce. El chisme y las habladurías emiten el veneno de manera triple. ¿Por qué? Porque hieren a quien lo dice, a quien lo escucha y a la persona de la que se habla.

Cuando escuches chismes o cuentos sobre ti o sobre otra persona, vuelta alto. No entres en el juego ni abones el terreno porque quien quiere hacer daño, solo lo consigue si obtiene de nosotros el crédito y la atención.

Mujer hablando a otra al oído

Quien dedica su tiempo a mejorarse a sí mismo…

…no tiene tiempo para criticar a los demás. Escuchar chismes, cuentos e historias inventadas nos desgasta intensamente. Asimismo, cuando somos nosotros los emisores de habladurías, el mal que hacemos vuelve a nosotros en forma de toxicidad, malos sentimientos e inadaptación vital y social.

Las personas chismosas no son queridas pues, como se suele decir: “lo que dice Marina de Paola dice más de Marina que de Paola”. ¿Quién querría depositar su confianza en alguien que habla ligeramente de los demás?

Debemos aflojar en nuestra inquietud, dejar al lado los cotilleos y no incidir en aquello de lo que no nos compete hablar o expresar nuestra opinión. De hecho, una vez más debemos recordar que antes de decir nada hay que filtrar nuestro mensaje en, al menos, tres ocasiones. Veamos una pequeña historia que nos lo resume perfectamente:

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y le dice:

-Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia…

-¡Espera! -le interrumpe el filósofo-. ¿Hiciste pasar por los tres filtros lo que vas a contarme?.

¿Los tres filtros? -preguntó su discípulo.

-Sí, el primero es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No. Lo oí comentar a unos vecinos.

-Al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

-No, en realidad no. Al contrario…

-¡Ah, vaya! El último filtro es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

-A decir verdad, no.

-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido”

mujer con rosa roja en la boca

Los chismes solo tienen un poder: la atención de quien los escucha

En una ocasión Calorina Herrera dijo que si algo no nos agrada podemos quitarle el único poder que tiene: nuestra atención. Realmente no hay nada que pueda manejarnos si nosotros no le damos crédito prestándole nuestro interés.

Mantenernos alejados de los chismes nos sirve para, primeramente, mantener una actitud saludable ante nuestras relaciones, nuestra salud y nuestro autoconcepto. Porque cuando hacemos oídos de lo que los demás van hablando, de alguna manera estamos permitiendo que penetre en nuestra mente.

Esto se va sedimentando y acaba destruyendo el orden personal y mental que vamos ganando a través de la sinceridad, del respeto, de la humildad, de la generosidad y de la honradez. Como consecuencia acabamos formando una especie de “cálculos emocionales y sociales” que generan en nosotros cólicos y conflictos relacionales.

Por eso es positivo no permitir que nadie nos cuente cuentos o historias que distorsionen nuestra realidad y empeoren la manera en la que nos manejamos con lo que pensamos, sentimos y hacemos tanto respecto a nosotros mismos como a los demás.