No te puedo olvidar: los inolvidadores en los procesos de separación

10 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Marcelo R. Ceberio
Olvidar a una persona no suele ser fácil y más si no ha sido nuestra la decisión de poner fin a una relación. El psicólogo Marcelo Ceberio nos habla sobre las razones que llevan a algunas personas a permanecer unidas al fantasma de su relación.

No poder olvidar a la expareja no implica que uno esté tirado en la cama sin hacer nada, arrojado a la existencia o con los ojos eternamente rojos por el llanto.

Mientras que el inolvidado sigue con su vida, el inolvidador también lo hace: trabaja, tiene sus actividades, salidas, también romances y todo aparentemente marcha, pero la separación siempre está ahí como una mochila que se carga.

El otro es esa persona que uno no ha podido olvidar; es más, de la que se sigue deseando su compañía, incluso aunque ambos tengan una nueva pareja. Es ese nombre que retumba en los silencios, en la noche cuando se hace presente la ausencia, en el nunca voy a estar más con ella, el que empuja que aparezca el “si hubiera…“, el recuerdo de lo que se hizo en compañía, la añoranza de los momentos tiernos o la desazón frente al recuerdo de momentos de agresión.

Lo peor de todo es que ese sentimiento es muy difícil compartir, ya que los amigos suelen estar cansados de aguantar los recuerdos y conversaciones sobre el mismo tema… y hasta llegan a odiar al excónyuge. Entonces, ¿cómo olvidar a quien se amó tanto?

Mujer triste pensando en el medio a la insignificancia

Me persigue tu fantasma: no te puedo olvidar

Por los consultorios terapéuticos pasa la vida y cuando tamizan las emociones es inevitable que, en mayor o menor medida, existan conflictos. En cuestiones del amor, se expresan tanto los más nobles sentimientos como las pasiones más sórdidas y existe una multiplicidad de situaciones que genera la adhesión a una expareja tras la separación.

Claro está (¿está claro?) que no siempre es el amor el que produce semejante adhesión, ya que no es lo mismo estar enamorado que enganchado, enlazado, entrampado, atrapado o pegado, entre otras tipologías vinculares.

Cuando se solicita una consulta por este tipo de situaciones amorosas, la persona se muestra desesperada porque no sabe cómo olvidar al otro, entonces cabe preguntarse: ¿quién puede vivir con un fantasma que se hace presente a toda hora y en todo lugar?”.

Algunos asisten a una sesión con el objetivo de estirparse de cuajo la rumia mental que le persigue una y otra vez. En el otro polo, hay quien viene al psicólogo a por una fórmula para tratar de recuperar a la pareja. Estos últimos son aquellos que infructuosamente han concurrido a tarotistas, brujos, videntes e incluso han encendido velas de todos colores y se han compenetrado en realizar numerosos esoterismos.

Si la misión secreta de iniciar un trabajo terapéutico consiste en hacer cosas para conseguir estar con la persona deseada es posible que sea una terapia condenada al fracaso.

Por supuesto que en la vicisitudes humanas resulta imposible aplicar lógicas generales y ni siquiera lógicas. Entre las tantas motivaciones que generan este tipo de dificultad para separarse, una de ellas es la idealización de la persona perdida.

Se olvidan aquellos aspectos negativos que llevaron a la separación y solamente se recuerdan aquellos que se amaban del otro. Además, estos aspectos son enaltecidos hasta crear en la expareja una especie de semidios. Y en la medida que pasa el tiempo, estas idealizaciones se refortalecen hasta volverse insoportable no estar con esa persona.

  • También hay excónyuges manipuladores que se encargan de crear un grado de dependencia con el otro, que juegan con la culpa y mantienen encendida la llama del vínculo.
  • Los hay también indecisos y ambivalentes que generan expectativas en la persona que han dejado, a pesar que ya han constituido una nueva pareja.
  • Hay otros que tienen dificultades para elaborar duelos y despedidas y experimentan melancolía sin poder hacer frente a la separación, mientras el tiempo pasa.
  • En cambio, otros juegan a estar alegres y rápidamente se involucran en salidas compulsivas, romances esporádicos, cambian su estética, etc. Luego de todo ese despliegue, lloran por el amor perdido un año después.

Ante todo, es preciso tener en cuenta que en el amor, no amamos al otro en totalidad, sino tan solo ciertas fracciones que por valores, creencias, gustos, etc. hace que deseemos acoplarnos en una relación..

¡Cómo sigues pensando en él después de todo lo que pasó!

El enlace atrapante es irracional. Es decir, resiste a toda lógica. A pesar de que la separación haya sido una de las decisiones más coherentes, la persona perdida constituye el norte de los pensamientos de quien ha sido abandonado hasta tal punto que no se puede comentar a nadie los sentimientos, ya que el entorno se encarga de recordar lo mal que se ha sentido y cuanto ha sufrido en la relación, comentarios que se resiste a escuchar.

Entonces, los amigos y los familiares se encargan de activar la memoria y la persona enmudece ante ellos o peor aún, se enfada y discute por la posición confrontativa que han adoptado. Así, busca nuevas amistades para descargar las tensiones procedentes de sus recuerdos e impidiéndose a sí misma olvidar.

El fantasma del cónyuge perdido aparece una y otra vez hasta estar presente casi a cada momento. Así, la persona focaliza su atención solo en ello y se empobrece su mundo de actividades. Además, la rumia mental con los pensamientos intrusivos produce un desgaste psíquico arrollador.

La persona se estresa, se angustia y se llena de ansiedad. Se encuentra atiborrada de pensamientos repetitivos y a veces pueden aparecer síntomas como fumar de manera compulsiva o incluso trastornos de pánico o ansiedad, además de una disminución de la autoestima.

La focalización obsesiva en el cónyuge perdido impide olvidar y dirigir la mirada hacia otras posibles relaciones de pareja. Para la persona deseante no hay otro ser en el mundo que aquel que se ha perdido.

En ocasiones, la persona que han dejado puede comenzar una persecución del otro, ya sea por whatshapp, llamada, email o incluso esperándole en cualquier sitio. Se convierte en una especie de detective que investiga todo lo que el otro hace mientras elabora hipótesis sobre sus comportamientos y sentimientos.

Se trata de una situación bastante desagradable tanto para el que investiga como para el investigado porque uno está enganchado al otro y ese otro intenta librarse y tener su espacio.

Ruptura de pareja

¿Cómo hago para sacármelo de la cabeza?

Una vez que el fantasma de la otra persona se ha instaurado en el día a día, ya forma parte de su cotidianidad. Por lo que es bastante complicado erradicarlo de sus pensamientos, tanto a él como al modus operandi que ha establecido en el que lo busca e investiga continuamente. Así, el fantasma se ha convertido en alguien de la familia, un miembro más del sistema de la persona dejada imposible de olvidar.

Una de las formas para hacer más liviana esta mochila emocional es comprender, y en lo posible aceptar, el juego enfermizo que genera la persona a la que han dejado y del que la otra persona puede ser cómplice si no establece ciertos límites.

También hay que tener un registro correcto de si la persona que ha decidido marcharse ha creado expectactivas de algún tipo o quizás mantiene abierta una puerta de manera difusa a un posible contacto. Por ejemplo, si en lugar de expresar un NO se dice NI, si se queda adherido al juego por la tristeza de ver los ruegos de la expareja implorando el regreso o si coloca límites desde el enfado, lo que genera mayor confusión y complicación del juego.

En todos los casos, lo que se trata de evitar es el más de lo mismo, que son las interacciones que estancan el juego y no producen cambio. El dejado deberá terminar con el acercamiento taladrante y así el inolvidado se sentirá más libre, pero también más libre el dejado.

Se debe aprender a soportar la tristeza, asumir la pérdida y estar en soledad; sobre todo, a incrementar la valía personal para empoderarse y sentirse más fuerte y consistente.

Sea como fuere, en las lides del amor y de las rupturas amorosas no hay fórmulas estipuladas, aunque sí hay características que se repiten en muchas personas, pero las soluciones son particulares.

No sabemos por qué nos enamoramos ni por qué rompemos, solamente hacemos hipótesis racionales y explicativas que nos ayudan a sobrevivir el trance. Tal como lo expresa la canción Las cosas del querer que dice: “son las cosas de la vida, son las cosas del querer, no tienen fin ni principio, ni quien como ni por qué. Tú eres alto y yo bajita, tú eres rubio y yo tostá, tú de Sevilla la llana y yo de Puerto Real. Hay que no tiene na que ver, cl color ni la estatura con las cosas del querer“.