Olores que transportan al pasado

Carolina López De Luis · 4 julio, 2016

Uno de los sentidos que puede evocar con más fuerza nuestros recuerdos es el olfato. A través de los olores, se pueden recordar con más claridad momentos o lugares de nuestra infancia o de otra época de nuestra vida que a través de otros sentidos.

El bizcocho que hacía nuestra abuela el fin de semana, el olor a tierra mojada de las tormentas de verano, el olor de la plastilina que moldeábamos en el colegio… todos estos olores pueden hacernos revivir momentos que casi habíamos olvidado.

El sistema olfativo

El sentido del olfato reside en el epitelio olfativo, que se encuentra en la parte superior de las cavidades nasales y está conectado al sistema nervioso central. El epitelio contiene receptores de nervios celulares llamados vellos olfativos que detectan los diferentes olores del ambiente, y posteriormente la información pasa al bulbo olfatorio que intensifica y procesa la información olorosa.

Una de las peculiaridades del olfato es que la recepción de los olores, antes de llegar la información a la corteza cerebral, pasa por el sistema límbico y el hipocampo. Estas dos áreas cerebrales están relacionadas con los instintos, las emociones, sentimientos e impulsos y también están implicados en la memoria. Después la información llega al córtex cerebral y se torna en información consciente.

Mujer oliendo café

Dada la relación de este sentido con las áreas cerebrales implicadas con la memoria y las emociones se han hecho diversos estudios al respecto, por ejemplo, Herz quiso conocer el impacto emocional que tenían los recuerdos presentados de manera visual, auditiva y olfativa

Lo hizo a través de un experimento en el que se presentaba la información en estos tres formas y observó que aquellos recuerdos evocados a través del olor fueron significativamente más evocadores y poseían mayor carga emocional que a través de los otros dos sentidos.

Mecanismo neuronal del recuerdo a través del olfato

Es el bulbo olfatorio, que pertenece al sistema nervioso central , el que recibe la información perceptiva y la transforma en impulsos eléctricos para enviarla a través de las neuronas al cerebro. La relación que tienen los olores con las emociones y los recuerdos de nuestro pasado parecen estar relacionados con las áreas cerebrales por las que pasa – hipocampo y amígdala– la información , pero ¿cuál es el mecanismo por el cual los olores evocan recuerdos?

La revista Nature publicó un artículo sobre el estudio realizado por el grupo de científicos de Cold Spring Harbor. Descubrieron que las células granulosas del bulbo olfatorio de los ratones, que se encargan de recibir la información olfativa, también participan en la memoria. Vieron que estas células inhiben a las neuronas cuando reciben los estímulos sensoriales con el fin de que las experiencias almacenadas den un significado a las entradas de olor, haciendo que sean agradables, amenazantes… según los eventos vividos en el pasado.

Así que nuestras experiencias pueden cambiar el significado, que en principio es neutro, de un olor. El hecho de asociar una experiencia a cierto olor hace que se almacene en  nuestra memoria y cada vez que el olor se vuelva a percibir, automáticamente se asociará a aquella experiencia y a la emoción que nos hizo sentir.

Olores y emoción

Los recuerdos que nos traen los olores habitualmente son emocionales, tienen carga afectiva, y por lo tanto sirven como una forma de mejorar la recuperación. Así, quizá no nos faciliten mucho la vida a la hora de encontrar en nuestra cabeza las respuestas de un examen pero si que pueden facilitar reconciliaciones con nuestra infancia.

Hay diversos estudios que afirman que los olores están, habitualmente, más relacionados con recuerdos de la infancia anteriores a los 10 años de edad, estos son vívidos e incluso traen consigo una imagen mental de aquello que los olores evocan. En la infancia los recuerdos son más perceptuales y se centran  en las sensaciones, estos se registran en el área orbitofrontal, que está conectada con la percepción.

Niña oliendo una flor

Los recuerdos provocados por un olor siempre tienen una conexión emocional en un sentido o en otro. El recuerdo que se  dispara al percibir el estimulo olfativo siempre tiene un repercusión a nivel emocional ya sea positiva o negativa, el recuerdo tiende a ser más perceptivo que de contenido, no se recuerda tanto un evento con todo lujo de detalles sino qué nos hizo sentir.

¿Cómo son los recuerdos que recuperamos por el olor y sabor?

Las características de los recuerdos que son evocados por un olor son tres principalmente:

  • En un ensayo se forma el recuerdo. Tanto el gusto como el olor pueden crear un recuerdo solo con haberlo percibido una vez.
  • Son de larga duración. El recuerdo puede durar mucho tiempo, a veces para siempre
  • Tienen efecto retardado. Aunque pasen unas horas desde que probaste algo en mal estado hasta que te sentó mal, no podrás soportar el olor o sabor de este.

Además el recuerdo va normalmente acompañado de una valoración positiva o negativa, un tipo de valoración que se asocia a la emoción que genera la propia situación. De manera que se forma una cadena, que volverá a aparecer en nuestra consciencia cuando volvamos a percibir el olor.

Aprendizaje asociativo y olfato

Los recuerdos o los significados provocados por un olor varían dependiendo de las experiencias de cada individuo con él. Un olor que en principio puede ser agradable o tener un significado concreto para alguien puede significar una cosa totalmente diferente para otra, por lo que el aprendizaje que se hace y la valoración dependerán de la situación a la que se asocia dicho olor.

Además de la experiencia de cada uno, estamos socialmente condicionados para valorar como positivos o negativos ciertos olores. El científico Engen comprobó que a edades tempranas los niños no manifiestan diferencias ni preferencias por ningún olor, mientras que los adultos hacen una clasificación de estos como agradables o desagradables prácticamente idéntica. Los niños van “aprendiendo” a través de sus experiencias y de su entorno a catalogar los olores, agradables o desagradables, y a partir de los 8 años las reacciones empiezan a ser parecidas a las de los adultos.

Se ha demostrado que la asociación negativa a un olor es más duradera y tiene más impacto que la positiva. Nuestro cerebro tiende a almacenar la información amenazante o peligrosa de forma duradera con una finalidad adaptativa, ya que a través de los olores también podemos identificar peligros como, por ejemplo, el de la comida en mal estado.

En definitiva, queda mucho por desentrañar sobre los mecanismos por los cuales los olores ejercen una influencia tan poderosa en nosotros. Así, a pesar de tener un olfato menos desarrollado que la mayoría de animales, este participa en muchas funciones importantes como instrumento potenciador del recuerdo y el aprendizaje.