El orgullo puedes olvidarlo, la dignidad no se pierde por nadie

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Raquel Aldana
27 diciembre, 2018
La dignidad es esa fuerza vital que nos permite cuidar de nuestra autoestima y hacer frente a las adversidades.

Podemos decirle adiós a nuestro orgullo, pero la dignidad no debemos perderla por nada ni por nadie. En caso de hacerlo, también nos perderíamos a nosotros mismos dañando así el amor propio y nuestra integridad.

Si bien cada persona tiene que hacer valer su propia estima, este valor no es válido si es a costa de los demás. Así que tenemos que saber discernir aquellas actuaciones por parte de quienes dañan nuestra imagen y vulneran nuestra dignidad.

A pesar de que no es la presencia ni la ausencia de dignidad lo que asegura conseguir amor o amistades verdaderas, lo que sí es cierto es que aquellas relaciones fundamentadas en la dignidad serán más auténticas. Así, una de las enseñanzas que nos dejó Albert Ellis, psicoterapeuta cognitivo es que debemos procurar ser siempre asertivos y cuidar de nuestros vínculos.

«La dignidad no tiene precio. Cuando alguien comienza a dar pequeñas concesiones, al final, la vida pierde su sentido»

-José Saramago-

chico pensando en su dignidad

Ni el amor ni el cariño se mendigan

¿Alguna vez has sentido que estabas mendigando migajas de atención y de cariño de alguien que solo te mostraba egoísmo e indiferencia? La respuesta a esta pregunta es casi con certeza afirmativa.

La cuestión es que según con qué personas nos relacionemos o en qué momento vital nos encontremos, seremos más propensos a convertirnos en víctimas de aquellas personas que necesitan menospreciar parar engañar a su autoestima.

A veces perdemos la dignidad porque consideramos que nos compensa o porque, lo que es más habitual, nos bloqueamos y no sabemos responder ante situaciones complicadas de manipulación o sometimiento.

Así, estudios como el llevado a cabo por el psicólogo conductista B. F Skinner en los años 70 nos recuerda que cuidar de nuestra dignidad y amor propio es un modo de invertir en libertad personal. En el momento en que descuidamos estas dimensiones quedamos supeditados a los demás, a la necesidad de recibir aprobación, afecto, reconocimiento.

La dignidad y el orgullo, dos monedas con diferentes caras

El mensaje que queremos transmitir es “no pierdas a alguien por orgullo, pero tampoco pierdas la dignidad por alguien”. Sin embargo, realmente la línea entre el orgullo y la dignidad es muy difusa.

Para eso tenemos que mantener el ego a raya, pues será un exceso de él lo que convierta a la dignidad en orgullo, un sentimiento de superioridad vacío, intolerante, dañino e injustificado.

Es la dignidad la que refleja la habilidad de comportarse de manera justa y equilibrada con uno mismo sin hacer caso a pretextos ni a chantajes que nos sometan.

Es decir, ser dignos es respetarnos y respetar al prójimo manteniendo la distancia de seguridad que nos permita equilibrar la balanza.

Por eso debemos respetarnos y mantener la dignidad, no perderla por nada ni por nadie, pues en ese caso nos perderíamos a nosotros mismos por capricho de quien no nos merece.

La importancia de cuidar del amor propio para no herir a los demás

Las personas que se quieren a sí mismas tienden a ser más coherentes y bondadosas. Además no dudan en hacer uso de la asertividad, en establecer límites para cuidar de la propia dignidad. Sin embargo, todo ello lo hacen con respeto sin vulnerar al otro, sin hacer daño.

El hecho de pensar “me he comportado de manera inmoral con esta persona” distorsiona tanto nuestra identidad de “personas buenas y positivas para los demás” que nos comprometeremos explícitamente a resolver esa situación y a evitar que suceda de nuevo algo similar.

Esto explica la razón por la que las personas que suelen aprovecharse de los demás y menoscabar la dignidad ajena suelan hacerlo casi siempre sin pudor. En este sentido podemos decir que realmente hay algo que no está funcionando como debe dentro de ellos.

chico pensando en su dignidad

De todas maneras, la piel crece sobre la herida, aunque lo importante es que se cicatrice desde el interior. Utilizamos esta metáfora porque es muy útil para hacernos a la idea de cómo cuando alguien nos defrauda, se rasga una parte de nosotros.

La dignidad nos hace fuertes

La dignidad no nos hará salir indemnes de algún daño. No obstante, gracias a ella nos mantenemos fuertes en nuestra identidad para manejar mejor cualquier hecho. Abandonos, decepciones, pérdidas, engaños… Todo lo encararemos de mejor modo.

Una persona íntegra y auténtica será una persona digna que a pesar de que los acontecimientos le lastimen, seguirá caminando, mirando de frente y con su frente alta porque se conoce y sabe lo que vale a pesar de que los acontecimientos o las personas negativas quieran hacerle creer lo contrario.

Digamos que aunque nunca volvemos a ser los mismos, este tipo de situaciones dolorosas nos invitan a fortalecer nuestra dignidad y nuestra identidad personal. No vamos a vernos menos afectados o dolidos, pero sí que nuestra manera de salir del pozo conllevará menos daños colaterales.

De todas formas, generalmente cuando nos vemos en la obligación de decidir entre nuestra dignidad o la falta de ella, las campanas del adiós o del cambio deben empezar a sonar en nuestra cabeza; entre otras cosas porque, como hemos dicho, no podemos renunciar a nuestra salud emocional por nada ni por nadie.

  • Crocker, J., & Park, LE (2004, mayo). La costosa búsqueda de la autoestima. Boletín psicológico . https://doi.org/10.1037/0033-2909.130.3.392
  • Strike, K. A. (1975, March). Beyond freedom and dignity. Studies in Philosophy and Education. Kluwer Academic Publishers. https://doi.org/10.1007/BF00371267