Para olvidar hay que recordar

Rafa Aragón · 18 junio, 2016

Existen muchos episodios de nuestro pasado que pretendemos olvidar, sin embargo, para cerrar ese dolor es preciso recordar; no tanto para dejar en el olvido lo ocurrido sino más bien para integrarlo en nuestra vida actual, con el enriquecimiento que ello supone. No nos olvidemos: para olvidar hay que recordar.

Todo proceso por el que pasamos a través de nuestra experiencia vital implica cambios, y supone tener que hacer muchos duelos de todo tipo. Los cambios implican pérdidas y con ello despedidas, dolor y renuncias. Parece, incluso natural, pretender evitarlo y no introducirlo en nuestra historia, aunque esto supone un esfuerzo que nos ahoga en el sufrimiento ya que con esta actitud emprendemos una lucha perdida de antemano.

Puesto que los duelos forman parte de nuestras vidas, tienen un sentido importante para nuestro propio desarrollo personal. Ya que los duelos no solo nos ayudan a ir cambiando e ir aceptando lo inevitable, sino que además nos preparan para incorporar nuevas experiencias con gran valor y significado.

Aceptar la transformación del duelo no implica tener que olvidar; sino de integrar, para ir renaciendo en cada una de nuestras etapas

Perdonar más que olvidar

En el perdón descansa toda nuestra incesable lucha llena de rencores, culpas y reproches. Cuando el perdón llega, la aceptación para cerrar el duelo está en curso. Esto es común en los amores frustrados, se pretende olvidar antes de perdonar y así es como mantenemos el dolor que nos envenena. Para olvidar hay que recordar el pasado, observarlo y soltarlo.

Perdonar requiere de aceptación para obtener los aprendizajes necesarios e incorporarlos a nuestro desarrollo personal. Es un proceso que nos lleva hacia la paz y tranquilidad que supone estar con la conciencia tranquila. El camino del perdón es equiparable al del amor, puesto que se vale de este sentimiento para manifestarse.

Mujer liberando pájaros de una jaula

Seguro que has pensado en más de una ocasión la famosa frase que empleamos –El tiempo lo cura todo– esto es un error ya que el tiempo de por sí no cura nada, es lo que hacemos nosotros en ese tiempo lo que nos ayuda a madurar, a aprender y crecer interiormente para resolver nuestros conflictos y dificultades. Para olvidar hay que recordar todo aquello que nos hizo daño y resolverlo si aún no está sanado.

“No se puede olvidar el tiempo más que sirviéndose de él”

-Charles Baudelaire-

Aprender a despedirse

Decir adiós es una constante inevitable en nuestras vidas, pasamos por muchas despedidas importantes, tanto de personas (rupturas con parejas, alejamiento de amistades y familiares, muertes, etc.) como de circunstancias (trabajos, salud y diagnóstico de alguna enfermedad, expectativas que no se cumplen, finalizar etapas, hijos que se independizan y se marchan de casa, etc).

En cada uno de los periodos por los que pasamos dejamos atrás asuntos irrecuperables. Permitimos el cambio para poder ir avanzando y así es como aprendemos a despedirnos, sabiendo que toda interacción significativa ha dejado huella en quienes somos actualmente.

mujer se despide

En el momento de duelo, sobre todo si es el de una pareja, es conveniente no tener a la vista todo lo que nos recuerda a esa persona; para que así se pueda ir superando sin tanta dificultad. Una vez superado el duelo, podemos darnos cuenta ya que los recuerdos de esa persona ya no nos afectan, ni remueven nuestras emociones.

“Conservar algo que me ayude a recordarte, sería admitir que te puedo olvidar”

-William Shakespeare-

Vivir el presente sin olvidar el pasado

Una de las principales claves de nuestro bienestar consiste en cómo nos situamos ante el presente. El pasado ya no se puede cambiar, ni podemos controlarlo ni modificarlo, lo único que podemos controlar es nuestra actitud de cómo afrontar nuestro pasado en el presente.

Por eso realmente nuestro trabajo personal no está en olvidar nuestro pasado, ni a las personas que nos importaban, sino más bien el poder integrar todas esas experiencias en nuestro presente, a modo de experiencia y aprendizaje. Porque para olvidar hay que recordar todos esos momentos de los que tenemos algo que aprender. Solo así, podremos seguir adelante.

Poder tener en cuenta lo que hemos sido y lo que hemos vivido, tanto lo agradable como lo desagradable, nos hace saber mejor lo que queremos en la actualidad. Nuestra visión se vuelve más lúcida y sabia al integrar el conjunto de nuestras experiencias. Recordemos siempre que para olvidar hay que recordar.

“Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar”

-Antonio Machado-