Paul Auster, biografía del escritor del azar, el amor y Nueva York

27 enero, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Paul Auster usa a menudo en sus obras la segunda persona del singular. Ese "tú" permite que el lector se sienta más involucrado en la historia y en cada vivencia, en cada palabra.

Muchos definen a Paul Auster como un ilusionista, un auténtico cautivador de las letras. Es el escritor de la magia del azar, del destino, del amor y, sobre todo, de esa ciudad que tanto lo define e inspira: Nueva York. Solo él tiene la habilidad para transformar lo banal en extraordinario y atraparnos con su embrujo narrativo.

A menudo, suele decirse que a Paul Auster o se le ama desde la primera línea o lo dejas para siempre. Hay escritores donde no cabe el término medio, o los adoras o nunca terminan de convencerte. Con este autor neoyorquino ocurre esto mismo. No obstante, su presencia en el mundo editorial ha sido siempre estelar. La trilogía, City of Glass, le dio fama mundial y nos presentó a alguien que se convertiría, al poco, en ese nombre imprescindible que buscar en las librerías.

Además de escritor, también es guionista y director de cine. Siempre con su ropa negra, con su devoción por la poesía francesa y por Samuel Beckett, Paul Auster, da forma a ese intelectualismo elegante y reivindicativo, que no ha dudado nunca en posicionarse en temas sociales y políticos. Lo hizo durante la guerra de Irak, y lo hace ahora, pasados ya los 70 en plena era de Donald Trump.

Estamos sin duda ante uno de los más grandes autores norteamericanos contemporáneos. Alguien que combina como nadie aspectos existencialistas, llegando a tocar en ocasiones el realismo mágico. Una voz excepcional que nos regaló hace muy poco su obra más titánica, 4321, un trabajo espléndido que ha tardado cerca de siete años en salir a la luz.

«El mundo es mi idea. Soy el mundo. El mundo es tu idea. Eres el mundo. Mi mundo y tu mundo no son lo mismo».

-P. Auster-

Paul Auster de joven

Paul Auster, el niño que amaba los libros

Paul Benjamin Auster nació en 1948 y creció en South Orange, Nueva Jersey. Su familia, de ascendencia judía y polaca, se mantenía gracias al trabajo de su padre, un hombre negocios. Esta figura paterna marcaría de un modo ambivalente la vida de Auster. A menudo, en muchas de sus obras lo describe como ese hombre al que aburrían los libros. Era esa persona que siempre se dormía al ver una película y al que su madre intentó abandonar después de la luna de miel.

Ya desde bien niño encontró oxígeno en los libros. El refugio de una biblioteca pública cercana le propició un universo de descubrimientos y un despertar. También su tío Allen Mandelbaum, un gran traductor que le contagió la pasión por la lectura, por los clásicos y ese universo literario donde se inició de forma temprana a través de la escritura.

A los seis años, avanzó un par de cursos porque sus competencias en lectura y escritura era muy superiores a los de su clase. Tal y como él mismo explica en más de una entrevista, en aquellos años estaba convencido de que el alfabeto estaba compuesto por más letras. Una L al revés y una A invertida.

Llegados los años de universidad, era inevitable que siguiera esa misma estela, esa guiada por las letras, los libros, la filología. Así que inició sus estudios de literatura francesa, italiana e inglesa en la Universidad de Columbia, Nueva York. Trabajó como traductor hasta que llegó la guerra de Vietnam, momento en el que decidió marcharse a Francia.

Primeros libros y la Ciudad de cristal

La vida de Paul Auster se ha movido siempre entre dos ciudades que marcan su vida: Nueva York y París. En su juventud y antes de que el éxito lo sorprendiera, tuvo multitud de trabajos en ambos puntos geográficos. Hizo sus primeros intentos por dedicarse al cine. Trabajó en un petrolero y, más tarde, se dedicó a realizar traducciones en Francia sobre grandes autores como Mallarmé, Jean Paul Sartre o Simenon.

Su primera novela,  Jugada de presión, llegó en 1976. La publicó bajo el pseudónimo de Paul Benjamin y apenas tuvo éxito editorial. No obstante, no se rindió. Fue en el momento en que falleció su padre cuando pudo dedicarse plenamente al quehacer literario. Heredó una pequeña suma económica que le permitió escribir sobre esa sentida pérdida en La invención de la soledad.

En 1981 conoció a la novelista Siri Hustvedt, con la que contrajo matrimonio. Fue una época de gran creación que daría el mayor de los frutos: la trilogía de la Ciudad de cristal. El éxito fue rotundo y el nombre de Paul Auster empezó a brillar con luz propia entre el mercado editorial. Más tarde llegaría Mr Vértigo o El palacio de la luna.

Nueva York, ciudad de Paul Auster

Premios y reconocimientos

En 1993, Paul Auster recibe el premio Medicis de novela por Leviatán. Los noventa son una época igualmente fructuosa para este autor que además de amar las letras, adora el cine. Sus obras, como el cuento corto El cuento de navidad de Augie Wren, se adapta al cine. Más tarde, su obra Smoke y Blue in the Face se estrenaría también en las salas de cine en 1996. No obstante, muchas de estas aventuras cinematográficas como director, no siempre han sido bien recibidas por la crítica.

Entre 1999 y el 2005 aparecen obras tan importantes como Tombuctú, El libro de las ilusiones, La noche del oráculo o Brooklyn Follies. Trabajos en los que se evidencia su madurez y delicadeza, pero siempre con una potente estructura narrativa. Todo ello le vale recibir en el 2006 el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

El estilo de Paul Auster

Paul Auster es el escritor del azar, del amor, del destino y de esa cotidianidad casi anodina donde surgen los más fascinantes acontecimientos. Tiene un estilo sencillo (en apariencia), pero en realidad, las bifurcaciones a las que nos lleva, las historias que se entrecruzan, el tipo de narrador que utiliza, hacen de sus obras toda una mágica arquitectura de complejidades y perfección absoluta.

A menudo, una realidad que siempre persigue el nombre de Paul Auster es la referente a la identidad de sus protagonistas. Siempre se sospecha que muchos de ellos hacen referencia a su propia persona. En La trilogía de Nueva York, por ejemplo, uno de sus personajes lleva su nombre. En Leviatán, el narrador tiene sus iniciales (Peter Aaron). También en La noche del oráculo, uno de los protagonistas se llama Trause (anagrama de Auster).

Son pinceladas enigmáticas que siempre fascinan y embelesan. Leer a Auster es compartir su vocación por los libros. Porque leer, es como él dice, un modo de tocar al ser humano, de alimentar su empatía. Sus novelas nos revelan nuestra complejidad y gracias a ello, nos conocemos un poco más y aprendemos a sobrevivir a nuestra manera.

Paul Auster

Admirador de Kafka, enamorado de Francia, fanático de Nueva York, es esa referencia literaria que no debe faltar en nuestras librerías personales. Hace poco más de un año nos regaló su última obra. Fue 4 3 2 1, un libro que empezó a escribir  a los 66 años, edad en la que falleció su padre. Una novela de 866 páginas excepcional que esperemos no sea la última.

Aguardaremos pacientes.

  • Auster, Paul (2019) La trilogía de Nueva York. Seix Barral