Personalidad genuina: un perfil humano inspirador

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 18 abril, 2018
Valeria Sabater · 18 abril, 2018

La personalidad genuina prioriza las relaciones sanas. Son personas descalzas de falsedad, libres de prejuicios e independientes a la hora de forjar sus propios caminos. Creen en el respeto mutuo, en el principio de la reciprocidad y en esos valores que hacen frente a la hipocresía. Estos perfiles se alzan como auténticos referentes capaces de inspirarnos, de motivarnos para ser mejores.

Hace un par de años la revista Forbes publicó un trabajo muy interesante sobre este mismo tema. En él se señalaba el hecho de que la inteligencia emocional es ya ese recurso básico a día de hoy con el que encontrar mayor satisfacciones a nivel personal y laboral. Sin embargo, en esta competencia basada en el mundo de las emociones hay una pequeña y curiosa “trampa”.

“La autenticidad requiere cierta medida de vulnerabilidad, transparencia e integridad”

-Janet Louise Stephenson-

La inteligencia emocional no sirve de mucho sin la personalidad genuina. Esto es algo que podemos ver por ejemplo en los líderes de muchas empresas. A menudo, se les entrena en habilidades sociales, en asertividad, empatía y gestión emocional pero sin embargo, nada de ello llega a ser verdaderamente efectivo a nivel organizacional. Algo falla.

La persona carente de esa dimensión genuina donde habita la autoreflexión, la transparencia, la sinceridad y la cercanía no logrará nunca promover el capital humano de una empresa. No sabrá cómo motivar, no generará confianza ni creará un clima laboral donde sus palabras y acciones despierten admiración o inspiración.

Hombre con flor

Personalidad genuina ¿nace o se hace?

Sabemos que a día de hoy no faltan los cursos destinados a enseñarnos a ser emocionalmente inteligentes. Sin embargo ¿podemos aprender a ser personas genuinas? Es más… ¿uno nace con este tipo de perfil humano o lo va adquiriendo con el tiempo? Bien, debemos recordar que estamos hablando de un tipo de personalidad y que como tal, todos ese repertorio de actitudes, pensamientos, conductas y dinámicas psicológicas son el resultado de varios factores.

Así, tal y como nos indica el genetista Dean Hamer, hay ciertos componentes biológicos que siempre deberíamos considerar. Por ejemplo, se sabe que hay un gen que se encarga de regular la cantidad de dopamina que se libera en el núcleo accumbens del cerebro. Esto haría, por ejemplo, que “genéticamente” estuviéramos más orientados a la motivación, a la búsqueda de experiencias placenteras e incluso a nuestra mayor o menor capacidad para ser felices.

Ahora bien,  los factores educacionales, el contexto sociocultural y nuestra experiencia siguen teniendo un peso directo. La personalidad es como una fabulosa escultura que se cincela partiendo de un material de mejor o menor calidad, a la cual se le pueden añadir otros complementos, otras técnicas para esculpir mejor cada forma, cada rincón, cada detalle.

Por tanto, uno puede venir al mundo con personalidad genuina ya definida. Sin embargo, con voluntad, apertura y adecuadas estrategias puede quitarse aristas y vacíos para conformar un jardín psicológico más fuerte, más auténtico e íntegro.

perfil hecho de flores simbolizando la personalidad genuina

Cómo aprender a ser más genuinos

En la actualidad no hay dimensión psicológica o emocional que no se pueda entrenarse. El ser humano tiene una capacidad inmensa (y a veces infravalorada) para el cambio. Siempre que exista una responsabilidad plena con uno mismo para esa mejora personal, los avances serán posibles. Veamos por tanto cómo podemos dar forma a una personalidad genuina.

Practicar la sinceridad

Practicar la sinceridad debería ser un hábito y una obligación personal. Sin embargo, esta práctica tiene delicados matices.

  • En primer lugar, la personalidad genuina se toma su tiempo para ser consciente de sus necesidades. Favorece un adecuado trabajo interior donde conocerse mejor, comprender sus límites y sus valías.
  • Asimismo, es prudente a la hora de elegir todo aquello que va a comunicar. Hará uso de la sinceridad, pero también del respeto. Es hábil para expresar su realidad de forma asertiva.
  • Por otro lado, la personalidad genuina no busca convencer a nadie con sus argumentos. Expone opiniones de forma directa, pero no necesita que nadie le dé la razón sobre lo expresado.

Motivación interna

Las personas genuinas y auténticas se mueven en base a sus ideales o creencias. No necesitan aprobación externa ni cumplir expectativas ajenas. De ahí, que el hecho de ser auténtico vaya también de la mano de ciertas dosis de valentía.

Habilidades de recuperación emocional

A veces, muchos de nosotros quedamos encallados en la orilla de las decepciones, los fallos, las pérdidas… Esos universos emocionales negativos que nos resistimos a gestionar frenan sin duda nuestro avance. La personalidad genuina, por su parte, ha desarrollado una adecuada capacidad de resiliencia, la cual, le permite aceptar esos estados, aprender de ellos y recuperarse para pasar página lo antes posible.

nenúfares simbolizando la personalidad genuina

Sin miedo al fracaso y visión de futuro

Las personas auténticas tienen en su interior una brújula y un plan de ruta que construyen sobre la marcha. Si un día fracasan trazan otro camino, buscan otro puente alternativo. Si en un momento el ánimo decae, se detienen y descansan. El futuro siempre está ahí, lleno de posibilidades y esperanzas, esas donde el perfil genuino coloca su inspiración, su horizonte soñado.

Generosidad y conciencia social

Pocos perfiles disponen de una mayor conciencia social que esos hombres y mujeres que siempre se muestran auténticos ante nosotros. Por tanto, si de verdad queremos ser como ellos, imitémoslos. Entendamos que no estamos solos, que los otros son parte de nosotros y que el respeto, la armonía y la reciprocidad repercuten en nuestro bienestar emocional.

Para lograrlo, para alcanzar esa cumbre donde habitan las personas genuinas, nada mejor que dejar los prejuicios a un lado. Librémonos de las críticas,  de las visiones oxidadas, de los estereotipos, de las etiquetas que cosifican personas. Abrámonos a la experiencia en conjunto para aprender los unos de los otros.

Desarrollar este tipo de competencia social y emocional requiere ciertas dosis de valentía, humildad de corazón e integridad personal. Pongámosla en práctica.