Personas que disfrutan del dolor: ¿a qué se debe?

El dolor, cuando sabemos que no conlleva ningún riesgo y que está bajo nuestro control, puede resultar placentero. Te explicamos los mecanismos subyacentes.
Personas que disfrutan del dolor: ¿a qué se debe?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 19 septiembre, 2021.

Última actualización: 19 septiembre, 2021

Hay personas que disfrutan del dolor. Hablamos de lo que se puede experimentar, por ejemplo, al comer picante, practicar un deporte hasta quedar agotados, hacerse tatuajes o piercings en lugares insospechados y, por supuesto, ser asiduos a la práctica sexual del BDSM. ¿Hay algo especial en quienes se deleitan de esas actividades en las que dolor está presente de un modo u otro?

El hecho no deja de ser sorprendente. Al fin y al cabo, si hay algo que hacemos en nuestra vida diaria es evitar cualquier circunstancia que conlleve sufrimiento. Nuestro cerebro está programado para alertarnos ante los riesgos y obligarnos a esquivarlos.

Si salimos a correr y percibimos que la rodilla no nos responde, lo más común es detenernos. Si un alimento es especialmente picante, tendemos a moderar su consumo. Sin embargo, ahí están los adictos al wasabi y los campeonatos para ver quién consume más chile picante de una sentada.

Ejemplo de ello son también las competiciones anuales de triatlón Ironman, en los que sus participantes llevan su resistencia al límite en pruebas durísimas. Es como si el ser humano, en ocasiones, no diferenciara esa frontera entre el dolor y el placer. ¿A qué se debe?

Todos nosotros hemos experimentado placer con situaciones dolorosas. Ejemplo de ello es el subidón de endorfinas que experimentamos después de hacer una larga sesión de deporte.

Mujer agotada después de correr para simbolizar a las personas que disfrutan del dolor

Causas de por qué hay personas que disfrutan del dolor

Hay personas que disfrutan con el dolor y que además serían incapaces de vivir sin ese cóctel de neurotransmisores que genera dicho carrusel de sensaciones. Muestra de ello es lo que conocemos como la “euforia del corredor”. En estos casos, lo que experimentan estos deportistas es un aumento de las endorfinas y la serotonina tras realizar un ejercicio aeróbico durante un tiempo determinado. Esto es algo que todos entendemos.

Ahora bien, lo que a muchos les puede parecer singular es que al comer alimentos picantes (algunas personas) experimenten la misma sensación que con el sexo, el deporte o las drogas. Ese subidón neuroquímico se vive de manera tan placentera como adictiva.

Aún más, el desconcierto puede ser mayor si tenemos en cuenta lo que nos señala un trabajo de investigación realizado en conjunto entre varias universidades. El dolor en determinadas circunstancias actúa como potenciador de las sensaciones positivas. A su vez, nos ayuda a tomar contacto con el mundo.

Justifiquemos ahora estos “desconcertantes” razonamientos.

El dolor y el placer, dos sensaciones muy cercanas

¿Cuál es la razón por la que el dolor -en ocasiones- actúa de mediador para el placer? Hay un dato curioso. La Universidad Estatal de Ohio realizó un trabajo de investigación para comprender los efectos del acetaminofén, un fármaco analgésico que reduce el dolor físico.

Algo que vieron es que, quienes usan con frecuencia este medicamento, no reaccionan ante las experiencias positivas. Se sienten embotados. Esto demostró una vez más algo que los expertos ya conocían. A menudo, determinadas experiencias de dolor intensifican después las sensaciones de bienestar.

Es lo que sucede, por ejemplo, con la euforia del corredor. Es también lo que sentimos después de una tarde intensa en el gimnasio. De este modo, si nos preguntamos por qué hay personas que disfrutan del dolor podríamos dar varias respuestas.

  • La primera es porque a menudo tras una experiencia de dolor, se activa el sistema de recompensa del cerebro. Puede que esas pruebas de triatlón Ironman lleven al cuerpo humano a un gran sufrimiento físico. Sin embargo, al finalizarlas es común sentir un gran subidón de endorfinas y serotonina.
  • En segundo lugar, hay algo evidente. El dolor que después puede traducirse en placer es un dolor que controlamos. Sabemos de dónde viene, no nos genera angustia y podemos pararlo cuando deseemos. Es lo que ocurre con la práctica sexual del BDSM. Los participantes acuerdan qué se hace y hasta dónde se llega.

El dolor como mecanismo de aprendizaje

Hay personas que disfrutan del dolor y no por ello son masoquistas. Es más, hay otro aspecto que no podemos olvidar: el dolor es el mejor mecanismo de aprendizaje. Por ejemplo, sabemos cómo sacar la bandeja del horno sin quemarnos porque, después de unas cuantas experiencias desagradables, comprendemos qué es mejor tocar y qué no.

Los niños descubren también cómo moverse e interaccionar con el mundo a base de ensayo error y también mediante vivencias dolorosas, como son las caídas. En esencia, el dolor es una realidad psicofísica multidimensional inherente (y necesaria) en todo ser vivo.

Mujer con los ojos cerrados con el cerebro iluminado para simbolizar a las personas que disfrutan del dolor

Personas que disfrutan del dolor: una forma de sentir la vida

Aunque nos puedan desconcertar las personas que disfrutan del dolor, todos en cierto modo hemos experimentado situaciones similares. Después de una larga caminata en la que quedamos extenuados, solemos gratificamos con un batido, una cerveza o un helado. Esas gratificaciones siempre se disfrutan de manera más intensa de lo habitual. Y es más, se crean recuerdos más intensos.

Ocurre lo mismo tras situaciones que nos generan miedo o ansiedad (un examen, una cita médica, la exposición de un trabajo ante un tribunal…). Tras esas vivencias tendemos siempre a darnos un refuerzo, como una tarde libre, una cena especial… Todas esas situaciones en las que lo pasamos mal nos aferran más a la vida.

Nos descubren su intensidad, su trascendencia, comprendemos de algún modo que la existencia es un viaje constante de sufrimientos puntuales y alegrías, de instantes de estrés y momentos de sosiego. Esa es la magia. Tanto es así, que podemos concluir con aquello de que “la vida como tal, no sería posible sin el dolor”.

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