Personas íntegras ¿cómo son?

Si hay algo en lo que debería trabajar mucho más nuestra sociedad es en la integridad. Necesitamos personas humildes, pero comprometidas con un sistema de valores basado en la bondad, el respeto, el autorrespeto y en el deseo de hacer las cosas bien.
Personas íntegras ¿cómo son?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 01 agosto, 2022

Si abundaran las personas íntegras, este mundo tendría mayor coherencia y hasta trascendencia. La hipocresía no tendría cabida, sabríamos convivir mucho mejor y la honestidad seria parte de nuestro ADN social. Quizá, por ello, suele decirse que esta virtud -la de ser íntegros- no abunda en exceso, y que es casi esa rara avis que tan poco se aprecia en el día a día.

Sin embargo, si hacemos un pequeño ejercicio de reflexión, tomaremos conciencia de que, quien más y quien menos, tiene a alguien en su vida con esta característica. Son figuras que inspiran por su buen hacer, por ser hombres y mujeres con unos valores sólidos. Se alzan como esas presencias de noble humanidad que nunca se dejan llevar por el egoísmo, y que viven alejadas del mundo de las máscaras y falsedades.

Lo más llamativo es que no son conscientes de la luminosidad de su carácter, y de cómo (casi sin saberlo) hacen que la vida sea mucho mejor cuando estamos a su lado. Y no lo saben porque son humildes. De algún modo, este perfil encaja muy bien en el arquetipo del héroe que definió Carl Jung en su día. Les mueve la bondad, hay una fuerza inherente en ellos y siempre batallan contra las tinieblas que se extienden en nuestra sociedad.

“La integridad es hacer lo correcto, incluso cuando nadie está mirando”.

-C. S. Lewis-

Chico pensando en las Personas íntegras
La honestidad requiere que uno actúe de acuerdo con la cosmovisión elegida y su propio sistema de valores.

Características de las personas íntegras

Una de las cualidades o fortalezas psicológicas que debería custodiar y desarrollar el ser humano es la integridad. Es como una piedra sagrada que atender, cuidar y proteger, pero la descuidamos. Más aún, la perdemos en el viaje de la existencia al dejar de ser fieles a nosotros mismos, al defender una idea y hacer la contraria, y romper la coherencia de nuestro carácter.

Podríamos definir la integridad como un rasgo de la personalidad que representa la “totalidad” de los valores más elevados en las personas. Los más decisivos son la honestidad, la rectitud, la bondad y la integridad. Se trata de un concepto holístico en el que todo ese conjunto de elevadas cualidades se cuidan cada día de manera expresa. Porque “ser íntegros” requiere esfuerzo y compromiso.

Por otro lado, es interesante saber que la psicología lleva años investigando este concepto. Interesa saber cómo es un líder íntegro, algo que analizó la Universidad de Anna en la India en el 2017. Asimismo, también despierta gran interés saber cómo actúa un político íntegro o qué dinámicas caracterizan a las empresas u organizaciones más honestas.

Cuando la corrupción abunda más de lo que desearíamos en nuestra sociedad, es decisivo comprender qué principios, qué motivaciones y rasgos esculpen a las personas íntegras. Analizamos esos componentes a continuación.

Integridad es esforzarnos por lograr que aquello que sentimos, decimos y hacemos esté siempre en armonía.

La humildad, el corazón de las personas íntegras

La humildad inhabilita a la soberbia, el ego no tiene la fuerza suficiente como para imponerse de manera ciega a otros mecanismos de control del comportamiento, el pensamiento o las emociones. La personalidad definida por la integridad se esfuerza por ser mejor, por superarse.

Asimismo, es muy consciente de sus limitaciones y debilidades. Esto explica que practique el pensamiento autocrítico a diario, que haga profundos ejercicios de reflexión y que sean personas muy receptivas a las opiniones y perspectivas ajenas.

La honestidad, la mejor virtud humana

Ser honesto es defender la verdad y la justicia, es ser sincero en cada circunstancia y situación, pero sin hacer daño a nadie. Esta cualidad permite discriminar entre lo que está bien y lo que está mal, actuando de manera amable, pero firme, para defender lo que es justo, lo que es ético y respetuoso.

Ser auténtico, el arte de ser sincero consigo mismo

Las personas auténticas han realizado un profundo ejercicio de autoconocimiento. Saben cómo son, conocen su carácter, sus luces, sus sombras, sus valías, son conscientes de esos valores que les dan sentido y actúan en consecuencia. Nunca actuarán de manera opuesta a lo que sienten en cada momento. Lo que vemos es lo que son y lo que son es todo lo que vemos.

Todo es armonía en este perfil de la personalidad, porque la autenticidad es otro de los interesantes reflejos de la integridad.

La lealtad, el lazo que nunca se rompe

Los líderes íntegros, los políticos íntegros, las empresas íntegras y hasta las familias definidas por esta característica, se definen por la firme lealtad a los suyos. Porque las personas con el corazón honesto e íntegro no traicionan, cuidan. No abandonan, no vulneran o fallan; al contrario, se vuelcan en los demás y cumplen con todo lo que prometen.

Hombre y mujer hablando al aire libre sobre las Personas íntegras
Las personas íntegras se definen por un buen control emocional.

Respeto y autorrespeto, el arte de cuidarse para cuidar

La integridad se alza como el crisol de todos los valores. Es el pegamento que nos adhiere a la necesidad de hacer siempre lo correcto. Dentro de esa piedra angular está la capacidad de respetarse a uno mismo y de respetar a los demás. Recordemos, la base de toda relación feliz y saludable es aquella en la que somos capaces de cuidar a la otra persona, pero también a nosotros mismos.

De este modo, evitamos desde amores que vulneren nuestra autoestima, relaciones que duelan y, en general, contextos donde se olvida lo que uno vale y merece. Ser íntegros con nosotros mismos nos recuerda la firme necesidad de ser respetados y de procurar el bienestar ajeno. Defenderlo es también un ejercicio de dignidad.

La responsabilidad, el esfuerzo por hacer lo correcto

El ejercicio de la responsabilidad personal enhebra también el bello arte de ser íntegros. Porque buena parte de las cosas que suceden a diario, no son siempre causa del destino o de terceras personas. Saber que uno también es responsable de su conducta y sus consecuencias es un valor indiscutible que todos deberíamos practicar.

Esforzarse por hacer lo correcto en cada circunstancia es lo que distingue a esas personas responsables e íntegras, de aquellas de mente y corazón deshonesto.

Control emocional, la herramienta para actuar

La correcta gestión y regulación emocional tiene mucho que ver con la integridad. Pensemos en ello, todo el que se deje llevar por los impulsos, por esas emociones automáticas sin filtros ni control, rara vez logran actuar de manera respetuosa o comprometida. Los momentos más difíciles de la vida, requieren de un esfuerzo cognitivo y moral que debe ir de la mano de la regulación emocional.

Quien no regule sus emociones, actuará guiado por el caos. No es fácil ser honesto, responsable o respetuoso cuando alguien se siente atenazado por la ira, la frustración o la rabia. Por ello, el valor de la integridad es tan elevado, sofisticado y bello a la vez. Porque de él se desprende nuestra mejor versión… Esa en la que todos deberíamos trabajar.

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  • Jensen, Michael C.; Karen Christensen (Interviewer) (January 14, 2009). "Integrity: Without it Nothing Works". Rotman Magazine. pp. 16–20, Fall 200
  • Kaptein, Muel (2014). "The Servant of the People: On the Power of Integrity in Politics and Government". Social Science Research Network. SSRN 2498730
  • Muel Kaptein and Johan Wempe, 2002 “The Balanced Company: A theory of corporate integrity” (Oxford University Press).