Personas que deslumbran

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 26 junio, 2017
Marian García · 7 diciembre, 2013

La admiración. Esa fuerza, casi irresistible, que nos hace sentir una consideración especial hacia algo o hacia alguien a quien, en ocasiones, ni siquiera conocemos. Al admirar a alguien sentimos una mezcla de atracción y devoción. La admiración lleva a la perplejidad, al reconocimiento de unas cualidades que podemos llegar, incluso, a magnificar.

“Bendito es quien ha aprendido a admirar, pero no a envidiar, a seguir, pero no a imitar, a alabar, pero no a adular, a liderar, pero no a manipular.”

-William Arthur Ward-

Diferentes formas de admirar a alguien

Este sentimiento no siempre está dirigido en el mismo sentido, es decir, que no es lo mismo admirar a un maestro, por ejemplo, que a una estrella de cine. Hay quienes ven en la admiración una especie de envidia encubierta, un intento espontáneo de buscar un reflejo en nosotros de lo que nos gusta de esas otras personas.

Personas aplaudiendo, admirar a alguien

Como decíamos anteriormente, no siempre se admira de la misma manera. Cuando sentimos admiración por alguien a quien conocemos y que forma parte de nuestra vida, ese sentimiento puede ser también un acto de reconocimiento por el apoyo que nos brinda o por lo que nos ha enseñado. Es es el caso, por ejemplo, de un maestro, un amigo o un familiar.

También, podemos sentir perplejidad por esa persona porque nos encanta su carácter, su personalidad, sus pensamientos, su forma de ver la vida, de afrontar el día a día o por su aspecto físico.

“El amor, la amistad, el respeto, la admiración son la respuesta emocional de un hombre a las virtudes de otro, el pago espiritual dado en el intercambio personal, el placer egoísta que un hombre obtiene de las virtudes de carácter de otro hombre.”

-Ayn Rand-

Podemos sentirnos admirados por personas que ejercen nuestra profesión y a las que consideramos como un ejemplo a seguir para nosotros, como un modelo que nos impulsa a aprender de él. En este sentido, la admiración se convierte en un reconocimiento en esa persona de cualidades o virtudes valiosas para nosotros. Ese individuo se convierte así en una referencia, en un modelo que nos anima a esforzarnos para ser mejores.

Cuando admiramos a un desconocido

Al admirar a alguien que no conocemos, solemos atribuirle una serie de cualidades que no siempre se corresponden con la realidad. Cualidades que en muchas ocasiones llegamos incluso a magnificar.

En este sentido, podemos llegar a admirar a una estrella de cine por su popularidad o por la vida que imaginamos que llevan. Hay quienes piensan también que el enamoramiento acarrea también dosis de admiración hacia la otra persona. 

Hombre admirando un cuadro

Pero también hay personas que nos despiertan este sentimiento por los valores que representan y que nosotros reconocemos como positivos. Por ejemplo, Ghandi o Nelson Mandela son un ejemplo de cómo con su lucha y perseverancia han conseguido transformaciones pacíficas en el mundo, algo que ha significado la admiración de millones de personas a lo largo del tiempo.

El misterio que rodea a la naturaleza también puede provocar perplejidad en nosotros. Una puesta de sol, un fenómeno astronómico o un hermoso paisaje pueden estimular nuestros sentidos y despertar nuestro asombro. Ya advirtió Aristóteles que la filosofía nació de la admiración, del hecho que el hombre se diera cuenta que la realidad tiene sentido y racionalidad.

“Hay una inocencia en la admiración; se encuentra en aquellos a los que todavía no les ocurrió nunca: que ellos también pueden ser admirados algún día.”

-Friedrich Nietzsche-

A pesar de todo, hay quienes defienden  que la mejor admiración que uno puede sentir es la admiración hacia sí mismo.